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Pelicula Completa en Espanol La Pasion de Cristo Despierta Nuestra Pasión

5584 palabras

Pelicula Completa en Espanol La Pasion de Cristo Despierta Nuestra Pasión

Te recuestas en el sofá de tu departamento en la Condesa, con el aire acondicionado zumbando bajito y el olor a palomitas recién hechas flotando en el aire. Tu carnal, Alex, está a tu lado, su brazo musculoso rodeando tus hombros. Es viernes por la noche, y después de un día largo en la chamba, deciden ver algo intenso. Órale, dices tú, buscando en el streaming. ¿Qué tal si vemos Pelicula Completa en Espanol La Pasion de Cristo? Alex asiente, con esa sonrisa pícara que te hace cosquillas en el estómago. Neta, esa película siempre te ha intrigado, con toda esa intensidad cruda, los cuerpos sudados bajo el sol de Jerusalén, el drama que te eriza la piel.

La pantalla se ilumina, y empieza la proyección. El sonido de las latas chocando, los gritos en arameo subtitulado, pero en español completo, como querías. Sientes el calor de la mano de Alex en tu muslo, subiendo despacito por tu falda corta de mezclilla.

¿Por qué carajos esta película me pone así? Es sufrimiento puro, pero hay algo en esos cuerpos tensos, en el sudor brillando, que me acelera el pulso.
Te muerdes el labio, el sabor salado de tus propios nervios en la lengua. Alex se acerca más, su aliento cálido contra tu oreja. No mames, güey, esta escena del látigo está cañona, murmura, pero su voz sale ronca, como si el dolor en pantalla le removiera algo profundo.

A medida que avanza la película, el ambiente en el sofá se carga. Ves a Cristo cargando la cruz, los músculos contraídos, el polvo pegado a la piel mojada. Tu mano se desliza por el pecho de Alex, sintiendo su corazón latiendo fuerte bajo la playera. Qué chingón se ve así de intenso, piensas, y sin darte cuenta, tus dedos juguetean con el botón de su jeans. Él responde apretando tu nalga, firme pero suave, el calor de su palma traspasando la tela delgada de tus panties. El olor a su colonia mezclada con el leve sudor de anticipación te invade las fosas nasales, embriagador como tequila reposado.

En la pantalla, la coronación de espinas. Los gemidos de dolor resuenan, pero en tu mente se transforman en jadeos de placer prohibido. Alex te besa el cuello, su lengua trazando un camino húmedo que te hace arquear la espalda. Te sientes como en esa cruz, pero de puro gozo, susurra, y tú ríes bajito, pendejo, pero tu cuerpo dice otra cosa. Tus pezones se endurecen contra el bra de encaje, rozando la blusa con cada respiración agitada. Le quitas la playera, revelando su torso moreno, marcado por horas en el gym. Lo tocas, sientes la aspereza del vello, el pulso acelerado en sus venas.

La película sigue, pero ya no la ves del todo. Es como si esa pasión antigua se colara en nosotros, nos encendiera como antorcha.

El beso se profundiza, lenguas enredándose con sabor a palomitas y deseo. Sus manos exploran bajo tu falda, dedos hábiles rozando el encaje húmedo. Estás chorreando, mi reina, dice con voz grave, y tú gimes suave, el sonido ahogado por su boca. Apagas la tele a medias, pero el eco de los latidos de tambores persas aún vibra en el cuarto. Te sientas a horcajadas sobre él, sintiendo su verga dura presionando contra tu panocha a través de la ropa. El roce es eléctrico, fricción que te hace ondular las caderas instintivamente.

Se levantan, tropezando un poco, riendo como chavos pendejos. Caminan al cuarto, dejando un rastro de ropa: tu blusa cae primero, luego sus jeans. En la cama king size, con sábanas de algodón egipcio suaves como caricia, él te tumba con gentileza. Quiero comerte entera, declara, y baja la cabeza. Su lengua en tu clítoris es fuego líquido, lamiendo con devoción, saboreando tu miel salada y dulce. Gimes alto, ¡Ay, cabrón, qué rico! Tus manos enredadas en su pelo negro, tirando suave, guiándolo. El olor de tu arousal llena la habitación, mezclado con su sudor masculino, primitivo.

La tensión sube como la música de la película olvidada. Tus piernas tiemblan, el orgasmo se acerca en olas. Pero él se detiene, pícaro, Aún no, mi amor. Te voltea, poniéndote de rodillas, y entra despacio desde atrás. Sientes cada centímetro estirándote, llenándote, el glande rozando puntos que te hacen ver estrellas. Qué vergón tan choncho, piensas, mientras él embiste rítmico, piel contra piel chocando con palmadas húmedas. Tus tetas rebotan, pezones rozando la sábana áspera, placer duplicado.

Esto es nuestra pasión, nuestra película privada, completa en español de gemidos y susurros mexicanos.

Él acelera, una mano en tu cadera, la otra pellizcando tu clítoris. Gritas su nombre, ¡Alex, no pares! El clímax te azota como un latigazo de éxtasis, paredes internas contrayéndose alrededor de él, ordeñándolo. Él gruñe, profundo, y se corre dentro, chorros calientes que te prolongan el placer. Colapsan juntos, sudorosos, jadeantes, el cuarto oliendo a sexo crudo y satisfecho.

Después, en el afterglow, se acurrucan. Su mano acaricia tu espalda, trazando círculos perezosos. Neta, esa Pelicula Completa en Espanol La Pasion de Cristo nos prendió cañón, bromea él, y tú ríes, besando su pecho. Pero la nuestra fue mejor, sin cruces, solo puro gozo. Duermes con su calor envolviéndote, el recuerdo de la intensidad latiendo aún en tu piel, prometiendo más noches así de ardientes.

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