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El Diario de una Pasión Película Completa Latino

6750 palabras

El Diario de una Pasión Película Completa Latino

Neta que esa noche cambió todo para mí. Estaba sola en mi depa de la Roma, con una chela fría en la mano, navegando en la compu porque no podía dormir. Busqué el diario de una pasion pelicula completa latino porque me acordé de esa rola romántica que vi hace años, la que te deja con el corazón latiendo como tamborazo. La encontré rapidito, la abrí y me dejé llevar por esas escenas de besos bajo la lluvia, cuerpos rozándose con esa tensión que te hace apretar las piernas. El olor a humedad de la pantalla me imaginaba real, y mi piel se erizó como si el viento del puerto estuviera soplando aquí en el DF.

Me llamo Ana, tengo veintiocho pirulos, trabajo en una agencia de diseño y vivo para esos momentos en que el deseo me quema por dentro. Esa película me prendió como yesca. Vi a la protagonista entregándose a su pasión, escribiendo en su diario cada suspiro, cada caricia robada. ¿Y yo? pensé,

¿Cuándo fue la última vez que dejé que mi cuerpo mandara?
Apagué la tele, saqué mi libreta vieja y empecé a escribir. El lápiz raspaba el papel con un sonido seco, como uñas en la espalda.

Al día siguiente, en el gym de Polanco, lo vi. Marco, alto, moreno, con esa sonrisa pícara que dice "sé lo que quieres sin que lo digas". Sudaba levantando pesas, los músculos de sus brazos brillando bajo las luces fluorescentes. Olía a hombre, a sudor limpio mezclado con colonia barata pero sexy. Nuestras miradas se cruzaron en el espejo, y sentí un cosquilleo en el estómago, como mariposas con alas de fuego. Órale, güey, esto es el comienzo de algo chido, me dije.

Acto primero de mi propia película: la conquista sutil. Después de su rutina, me acerqué fingiendo pedir consejo sobre la máquina de piernas. "Órale, nena, déjame ayudarte", dijo con esa voz grave que vibra en el pecho. Sus manos grandes corrigieron mi postura, rozando mis muslos por "accidente". El calor de sus palmas se filtró a través del legging, y mi pulso se aceleró como el tráfico en Insurgentes. Hablamos de todo y nada: del pinche tráfico, de tacos al pastor, de cómo la vida en México te obliga a buscar placer en los detalles. Le conté de la peli que vi, el diario de una pasion pelicula completa latino, y se rio. "Suena a que necesitas un diario propio, ¿no?". Simón, pensé, y aquí lo estoy escribiendo.

Quedamos en vernos el viernes en un bar de Condesa, con luces tenues y jazz suave de fondo. Llegué con un vestido negro ceñido que marcaba mis curvas, el escote dejando ver justo lo suficiente para imaginar. Él estaba ahí, con camisa blanca arremangada, mostrando antebrazos fuertes. Pedimos tequilas reposados, el líquido ámbar quemando la garganta con sabor a agave y tierra. Hablábamos cerca, nuestras rodillas tocándose bajo la mesa. Sentía su aliento cálido en mi oreja cuando se inclinaba para susurrar chistes verdes. "Eres peligrosa, Ana", dijo, y sus ojos bajaron a mis labios. El aire se cargó de electricidad, olor a madera del bar mezclado con su aroma masculino. Mi piel hormigueaba, anticipando el toque.

La tensión crecía como tormenta en el Popo. Caminamos por las calles empedradas, riendo, tomados de la mano. Sus dedos entrelazados con los míos, ásperos por el trabajo manual que hace como carpintero. Llegamos a mi depa, y en el elevador, no aguantamos más. Me besó contra la pared, labios suaves pero urgentes, lengua explorando mi boca con sabor a tequila y menta. Gemí bajito, el sonido ahogado por su boca. Sus manos bajaron a mi cintura, apretando, atrayendo mi cadera a la suya. Sentí su dureza presionando, prometiendo lo que vendría.

Neta, mi cuerpo ardía, cada nervio despierto.

Entramos tambaleándonos, puertas cerrándose con un clic que sonó como liberación. Lo jalé al sofá, quitándole la camisa. Su pecho ancho, vello oscuro, olía a sal y deseo. Lamí su piel, saboreando el sudor salado, mientras él desabrochaba mi vestido. Cayó al piso como pétalos, dejándome en lencería roja. "Eres una diosa, carnala", murmuró, voz ronca. Sus labios bajaron por mi cuello, mordisqueando suave, enviando chispas a mi centro. Manos expertas desengancharon el brasier, liberando mis senos. Los besó, succionó pezones endurecidos, el placer como rayos directos a mi entrepierna. Jadeaba, arqueándome, uñas clavándose en su espalda.

Lo empujé al piso, desabrochando su jeans. Su verga saltó libre, gruesa, venosa, palpitando. La tomé en la mano, piel aterciopelada sobre acero, y la lamí desde la base hasta la punta. Sabía a él, almizcle puro. Marco gruñó, "¡Ay, wey, qué rico!", caderas elevándose. Lo chupé profundo, lengua girando, saliva resbalando. Él me levantó, quitándome la tanga con dientes. Su boca en mi panocha, lengua hurgando clítoris hinchado. El placer era olas, olor a mi excitación llenando el aire, jugos mojando su barbilla. Gemí fuerte, "¡Sí, así, no pares!", piernas temblando.

La intensidad subía, como el clímax de esa peli que vi. Me puso de rodillas en el sofá, entrando lento desde atrás. Su verga me llenó, estirándome delicioso, cada centímetro enviando fuego. Embestía rítmico, piel contra piel chapoteando, sudor goteando. Agarraba mis caderas, tirando mi pelo suave. "Te sientes como terciopelo, Ana", jadeaba. Yo empujaba hacia atrás, queriendo más, profundo. El roce en mi punto G era tortura placentera, orgasmos construyéndose. Besos en la nuca, mordidas, susurros: "Córrete para mí, mi reina". El mundo se redujo a eso: su grosor dentro, pulsos acelerados sincronizados, gemidos mezclados.

Exploté primero, grito ahogado, paredes contrayéndose alrededor de él, jugos chorreando. Él siguió, gruñendo, llenándome con calor líquido. Colapsamos, cuerpos entrelazados, respiraciones jadeantes. El aire olía a sexo, a nosotros, piel pegajosa brillando bajo la luz de la luna filtrada por la ventana. Me acurruqué en su pecho, oyendo su corazón galopante calmarse. Esto es pasión pura, pensé.

Fecha: 20 de mayo. Han pasado días, pero lo revivo cada noche. Marco y yo nos vemos cuando podemos, robando momentos calientes en su taller o mi cama. Esa película, el diario de una pasion pelicula completa latino, fue el detonante, pero esto es nuestra historia. Escribo para no olvidar: el sabor de su piel, el sonido de sus gemidos, el olor de nuestros cuerpos unidos. No es solo sexo, es conexión, empoderamiento en cada caricia consentida.

Soy dueña de mi pasión, y qué chingón se siente.

Él lee estas páginas ahora, riendo, excitándose de nuevo. Mañana más, siempre más. Porque la vida es corta, carnal, y el deseo no espera.

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