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El Diario de una Pasión Basada en Hechos Reales

6920 palabras

El Diario de una Pasión Basada en Hechos Reales

Querido diario, hoy empiezo a escribirte como el diario de una pasión basada en hechos reales. Neta, no puedo guardarme esto más. Me llamo Ana, tengo 28 años y vivo en el corazón de la Ciudad de México, en esa colonia Roma donde las calles huelen a café recién molido y jazmines en flor. Todo comenzó hace dos semanas en un cafecito chido de la Álvaro Obregón. Estaba yo sentada, con mi latte en la mano, el vapor subiendo como un suspiro caliente, cuando lo vi entrar. Diego. Alto, moreno, con esa sonrisa pícara que te hace sentir que ya te desnudó con la mirada. Sus ojos cafés profundos me clavaron en el sitio. Olía a colonia fresca, de esas que te hacen querer acercarte más.

Me miró, yo le devolví la mirada. Órale, güey, ¿qué pedo con este vato? pensé, mientras mi corazón empezaba a latir como tamborazo en una fiesta. Pidió un americano y se sentó en la mesa de al lado. Hablamos de tonterías: el tráfico infernal, el mejor puesto de tacos al pastor. Pero sus palabras tenían un filo sensual, como si cada sílaba rozara mi piel. Sentí un cosquilleo en el estómago, bajando hasta mis muslos. Al despedirnos, su mano rozó la mía. Electricidad pura. Esa noche, en mi depa, me toqué pensando en él, imaginando sus labios en mi cuello. El aire estaba cargado de mi aroma, dulce y salado.

¿Será que este wey me va a volver loca? Su toque fue como fuego lento, quemándome por dentro.

Al día siguiente, me mandó mensaje. "Ana, ¿cafecito hoy? No aguanto verte otra vez". Fui. Vestida con un vestido negro ajustado que marcaba mis curvas, el escote dejando ver justo lo suficiente. Llegó con flores, unas rosas rojas que olían a deseo prohibido. Caminamos por las calles empedradas, el sol calentando nuestra piel, el ruido de los cláxones como fondo a nuestra charla. Terminamos en un barcito con luces tenues, mariachi de fondo tocando boleros que hablaban de amores intensos. Tomamos mezcal, ese ardor en la garganta que baja directo al vientre. Sus rodillas rozaban las mías bajo la mesa. Cada roce era una promesa.

La tensión crecía. Lo miré a los ojos y vi el hambre ahí. "Ven a mi casa", le dije, mi voz ronca. En el taxi, su mano en mi muslo, subiendo despacio, el calor de su palma traspasando la tela. Llegamos a mi depa, el aire fresco del ventilador contrastando con nuestro calor. Nos besamos en la puerta, sus labios suaves pero firmes, saboreando a mezcal y a él. Lenguas danzando, húmedas, explorando. Gemí bajito cuando mordió mi labio inferior. Sus manos en mi cintura, apretando, atrayéndome contra su dureza. Olía a sudor limpio, masculino, embriagador.

Lo llevé a mi cuarto, las sábanas blancas esperando. Me quitó el vestido lento, como desenvolviendo un regalo. "Eres preciosa, Ana", murmuró, su aliento caliente en mi oreja. Besó mi cuello, bajando por el pecho. Mis pezones se endurecieron al aire, sensibles. Los lamió, succionó, un placer eléctrico que me hizo arquear la espalda. Neta, este carnal sabe lo que hace, pensé, mientras mis manos se enredaban en su pelo negro, ondulado. Le arranqué la camisa, sintiendo sus músculos duros bajo mis uñas. Piel contra piel, el roce ardiente, sudor perlando nuestros cuerpos.

Su boca en mis tetas me tiene temblando. Quiero más, mucho más. Que no pare.

Caímos en la cama, él encima, su peso delicioso oprimiéndome. Besos bajando por mi vientre, lengua trazando círculos en mi ombligo. Llegó a mis panties, húmedas ya de anticipación. Las bajó con dientes, juguetón. "Estás mojada para mí, rica", dijo con esa voz grave que vibra en mis entrañas. Su aliento en mi sexo, caliente, me hizo jadear. Lamidas lentas, saboreándome, lengua entrando, saliendo. Gemí fuerte, las caderas moviéndose solas, buscando más. El sabor de mí en su boca cuando me besó después, salado y dulce, compartido.

Lo volteé, queriendo devorarlo. Desabroché su pantalón, liberando su verga dura, gruesa, palpitante. La tomé en la mano, piel suave sobre acero. La lamí desde la base, saboreando la sal de su pre-semen. Él gruñó, "Así, Ana, chúpamela rico". La tragué profunda, garganta relajada, sus caderas empujando suave. El sonido húmedo de mi boca, sus jadeos roncos llenando la habitación. Lo miré desde abajo, ojos lujuriosos, empoderada en mi control.

Pero la tensión era insoportable. "Fóllame ya, Diego", le rogué, voz entrecortada. Se puso condón, rápido, y entró en mí despacio. Llenándome, estirándome, placer punzante. Gemimos juntos, sincronizados. Empezó lento, salidas y entradas profundas, cada embestida rozando mi clítoris interno. El slap de piel contra piel, sudor goteando, olores mezclados de sexo crudo. Aceleró, mis uñas en su espalda, dejando marcas. "Más fuerte, pendejo", le dije juguetona, y él obedeció, follándome duro, la cama crujiendo.

El clímax se acercaba, como ola gigante. Mis paredes apretándolo, pulsando. "Me vengo", grité, el orgasmo explotando, estrellas detrás de mis párpados, cuerpo convulsionando. Él siguió, gruñendo, hasta derramarse dentro, temblores compartidos. Colapsamos, jadeantes, piel pegajosa, corazones latiendo al unísono. Su cabeza en mi pecho, escuchando mi pulso calmarse. Besos suaves en mi piel, post-sexo tierno.

Esto fue real, puro fuego. ¿Qué sigue? No sé, pero quiero más de esta pasión.

Han pasado días desde esa noche, pero el diario sigue vivo. Ayer volvimos a vernos, en su depa en Polanco, con vistas al skyline iluminado. Cenamos tacos de suadero, jugosos, picantes como nuestra química. El vino tinto calentándonos la sangre. En su cama king size, exploramos más. Lo até con mi bufanda, juguetona, montándolo yo. Sus manos en mis caderas, guiándome mientras rebotaba, verga profunda, clítoris frotándose en su pubis. Gemidos altos, sin pudor. "Eres una diosa, Ana", jadeó. Vine dos veces, él una, gritando mi nombre.

Pero no todo es puro sexo. Hay charlas profundas, de sueños, miedos. Él quiere viajar, yo expandir mi negocio de artesanías. Nos conectamos más allá de la piel. Anoche, después de amarnos lento, con velas parpadeando y jazz suave de fondo, me abrazó fuerte. "Esto es especial, neta". Lágrimas en mis ojos, felicidad pura. Su olor en las sábanas, me acurruqué, satisfecha.

Hoy, caminando por el Bosque de Chapultepec, manos entrelazadas, el viento fresco en la cara, risas compartidas. El deseo late bajo la superficie, listo para encenderse de nuevo. Sé que esta pasión es real, basada en chispas verdaderas. No sé a dónde nos lleve, pero por ahora, vivo cada roce, cada mirada, cada embestida como si fuera la última.

Querido diario, gracias por guardar estos secretos. Esta es mi historia, el diario de una pasión basada en hechos reales. Y qué chingón que sea mía.

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