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Pasión Cap 76 Fuego Bajo la Luna

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Pasión Cap 76 Fuego Bajo la Luna

La noche en Cancún olía a sal marina y a jazmín salvaje, ese aroma que se te mete en la piel como un susurro caliente. Yo, Ana, acababa de bajarme del taxi frente a la villa de Javier, mi carnal de toda la vida, el wey que me hacía temblar con solo una mirada. Habían pasado meses desde nuestra última pasión cap 76, como le decíamos a esa noche loca en la playa donde todo explotó entre nosotros. Neta, cada vez que lo recordaba, mi cuerpo se encendía solo.

La casa estaba iluminada con luces tenues, música de cumbia rebajada retumbando bajito desde los altavoces. Javier salió a recibirme, con su camisa blanca desabotonada dejando ver ese pecho moreno y marcado que tanto me gustaba. Órale, qué chingón se veía, pensé, mientras mi pulso se aceleraba. Sus ojos cafés me recorrieron de arriba abajo, deteniéndose en mis shorts cortitos y la blusa escotada que dejaba ver el nacimiento de mis chichis.

Ven acá, reina —me dijo con esa voz ronca que me derretía, abrazándome fuerte. Su olor a colonia masculina mezclada con sudor fresco me invadió, y sentí su verga semi-dura contra mi vientre. Ya estaba, el pinche deseo inicial golpeando como ola.

Entramos a la terraza, donde el mar Caribe lamía la arena a lo lejos. Tomamos chelas frías, charlando de pendejadas, pero la tensión crecía con cada risa. Sus dedos rozaban mi muslo "sin querer", y yo le devolvía el favor, arañando su brazo con las uñas pintadas de rojo fuego.

¿Por qué carajos me pongo así con él? Es como si mi cuerpo supiera que esta noche va a ser épica
, me dije en la cabeza, mientras el calor entre mis piernas empezaba a humedecer mis panties.

La luna llena se asomaba, plateada y juguetona, iluminando su sonrisa pícara. Bailamos pegaditos al ritmo de una rola de Grupo Bryndis, sus caderas contra las mías, sintiendo cómo su paquete se ponía más duro. Mi respiración se entrecortaba, el sonido de las olas mezclándose con mi corazón latiendo a todo lo que daba.

Acto uno cerrado, la chispa prendida. Javier me tomó de la mano y me llevó adentro, a su recámara con vista al mar. La cama king size nos esperaba, sábanas de algodón egipcio suaves como caricia.

Te extrañé, Ana. Neta, no sabes las noches que soñé con esto —murmuró, besándome el cuello. Su aliento caliente me erizó la piel, y yo gemí bajito, arqueando la espalda. Le quité la camisa de un jalón, lamiendo sus pezones duros, saboreando el salado de su piel. Él me desvistió despacio, sus manos grandes explorando cada curva: mis tetas firmes, mi cintura de avispa, bajando hasta mis nalgas redondas.

Caímos en la cama, rodando entre risas y besos hambrientos. Su boca devoraba la mía, lenguas enredadas con sabor a cerveza y deseo puro. Pinche Javier, siempre sabe cómo hacerme mojar. Mis manos bajaron a su pantalón, liberando esa verga gruesa y venosa que palpitaba por mí. La apreté, sintiendo su calor y grosor, y él gruñó como animal.

Chúpamela, mi amor —pidió, y yo obedecí gustosa. Me arrodillé entre sus piernas, oliendo su masculinidad intensa, ese musk que me volvía loca. La metí en mi boca, chupando despacio al principio, saboreando la gota salada de pre-semen. Él enredó sus dedos en mi pelo, guiándome, gimiendo ¡qué rico, wey!. El sonido de su placer, jadeos roncos, me hacía apretar los muslos para contener mi propia excitación.

Pero no quería que terminara tan pronto. Lo empujé boca arriba, montándome en su cara. Ahora te toca a ti, cabrón. Su lengua experta lamió mi clítoris hinchado, chupando mis labios vaginales jugosos. Sentí cada roce como electricidad, mi coño chorreando jugos en su boca.

¡Ay, Dios! Esto es mejor que cualquier pasión cap 76, más real, más nuestro
. Gemí fuerte, mis caderas moliendo contra su rostro, oliendo mi propia excitación mezclada con su saliva.

La intensidad subía, el sudor nos cubría, piel contra piel resbalosa. Él me volteó, poniéndome a cuatro patas, y frotó su verga contra mi entrada húmeda. —¿La quieres adentro, Ana? —preguntó, provocándome. —Sí, métemela toda, no seas pendejo —respondí, empujando hacia atrás.

Entró de un solo empujón, llenándome hasta el fondo. ¡Qué chido! El estiramiento delicioso, su grosor pulsando dentro de mí. Empezó a bombear lento, cada embestida mandando ondas de placer por mi espina. El slap-slap de sus huevos contra mi clítoris, sus manos amasando mis tetas, pellizcando pezones. Yo gritaba, ¡más duro, Javier, cógeme como puta!, y él aceleraba, el olor a sexo impregnando la habitación.

Cambiábamos posiciones como locos: yo encima cabalgándolo, sintiendo su verga golpear mi G-spot, mis chichis rebotando; de lado, él mordisqueando mi oreja mientras me taladraba; contra la pared, mis piernas alrededor de su cintura, el fresco de la noche contrastando con nuestro fuego interno. Cada roce era sensorial overload: el sabor de su sudor en mi lengua, el sonido de nuestros cuerpos chocando, la vista de su abdomen contraído, el tacto de sus músculos tensos bajo mis uñas.

El clímax se acercaba, mi vientre apretándose, coño contrayéndose alrededor de su pija. —Voy a venirme, amor —jadeé. Él redobló, ¡Dame todo, Ana!. Exploté en un orgasmo brutal, olas de placer sacudiéndome, chillando como nunca. Él se vino segundos después, llenándome de leche caliente, gruñendo mi nombre.

Nos derrumbamos, exhaustos, envueltos en afterglow. Su semen chorreaba de mí, cálido y pegajoso, mientras nos besábamos suaves. El mar susurraba afuera, la luna testigo de nuestra pasión cap 76 renovada. Javier me acurrucó, su mano acariciando mi pelo.

Eres lo máximo, mi reina. Esto no termina aquí —dijo, y yo sonreí, sintiendo paz profunda.

Neta, qué chingonería de noche. Mi cuerpo canta, mi alma plena
. Dormimos así, piel con piel, sabiendo que amanecería con más deseo.

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