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La Pasión de Cristo Torrent Magnet

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La Pasión de Cristo Torrent Magnet

Lupe caminaba por las calles iluminadas de Polanco, con el bullicio de la noche capitalina envolviéndola como un abrazo cálido. El aroma a tacos al pastor y mezcal flotaba en el aire, mezclado con el perfume caro de los transeúntes. Llevaba un vestido negro ceñido que acentuaba sus curvas generosas, y sus tacones resonaban contra la banqueta como un llamado sutil. Esa noche, después de una semana de puro estrés en la oficina, necesitaba algo que la sacara de su rutina. ¿Y si encuentro a alguien que me haga olvidar todo?, pensó, mientras entraba al bar La Torre, con sus luces tenues y música salsa suave de fondo.

Allí estaba él, Cristo, recargado en la barra como si fuera el dueño del lugar. Alto, moreno, con músculos que se marcaban bajo la camisa blanca entreabierta, y unos ojos negros que brillaban como imanes. Lupe sintió un tirón inmediato en el estómago, un cosquilleo que le subió por las piernas. Pidió un margarita y, casualmente, se acercó. "¿Qué onda, guapo? ¿Esperando a alguien o solo admirando el paisaje?", le dijo con una sonrisa pícara, usando ese tono juguetón que siempre le salía natural en México.

Cristo giró la cabeza, y su mirada la recorrió de arriba abajo sin disimulo. "Neta, el paisaje acaba de mejorar. Soy Cristo, y tú pareces la que me va a salvar la noche." Rieron juntos, y en minutos charlaban como viejos conocidos. Él era diseñador gráfico, vivía en una loft chida en Roma Norte, y contaba anécdotas de fiestas locas en la Condesa. Lupe sentía su voz grave vibrando en su pecho, el roce accidental de sus brazos enviando chispas eléctricas por su piel. Este vato es un imán, no puedo dejar de mirarlo. Me late cañón.

La tensión crecía con cada sorbo. Sus rodillas se tocaban bajo la barra, y cuando él le apartó un mechón de cabello de la cara, sus dedos rozaron su mejilla, cálidos y firmes. El deseo se acumulaba como una tormenta, el pulso de Lupe acelerándose al ritmo de la música. "¿Te late ir a mi depa? Tengo una botella de tequila artesanal que no falla." Ella asintió, el corazón latiéndole en la garganta. Salieron tomados de la mano, el aire fresco de la noche contrastando con el calor que ya ardía entre sus cuerpos.

En el loft de Cristo, todo era lujo minimalista: ventanales enormes con vista a la ciudad, sillones de piel suave y una cama king size en el fondo. Puso música de Natalia Lafourcade bajita, suave como un susurro. Sirvió los tequilas en vasos helados, y brindaron. "Por las pasiones que nos torrentan como un magnet irresistible." Lupe se rio, pero sus palabras se le clavaron. Se acercaron bailando lento, sus caderas rozándose, el olor de su colonia amaderada mezclándose con el dulzor de su aliento a tequila.

Los besos empezaron tímidos, labios suaves explorando, pero pronto se volvieron hambrientos. Lupe sintió su lengua cálida invadiendo su boca, saboreando el agave y el salado de su piel. Sus manos grandes bajaron por su espalda, apretando sus nalgas con firmeza posesiva pero tierna. ¡Órale, qué chingón se siente esto! Mi cuerpo responde solo, la panocha ya se moja. Ella le desabotonó la camisa, revelando un torso esculpido, pectorales duros bajo sus palmas. El roce de su vello contra sus dedos era áspero, excitante.

Cristo la cargó sin esfuerzo hasta la cama, depositándola sobre las sábanas frescas de algodón egipcio. Le quitó el vestido despacio, besando cada centímetro de piel expuesta: el cuello perfumado, los senos llenos que se erguían ansiosos, los pezones endureciéndose al aire. "Eres preciosa, Lupe. Quiero comerte entera." Ella gimió cuando su boca capturó un pezón, succionando con maestría, la lengua girando en círculos que enviaban descargas directas a su clítoris palpitante. El sonido de sus chupadas húmedas llenaba la habitación, mezclado con sus jadeos roncos.

Las manos de Lupe bajaron a su pantalón, liberando su verga dura, gruesa y venosa, que saltó como un resorte. La tocó con reverencia, sintiendo el calor pulsante, la piel sedosa sobre el acero debajo. ¡Madre santa, qué vergón! Esto va a ser un torrent de placer. Él gruñó de placer cuando ella la masturbó lento, el prepucio deslizándose arriba y abajo, un hilo de precum brillando en la punta. Cristo descendió, abriendo sus muslos con delicadeza. Su aliento caliente sobre la panocha depilada la hizo arquearse. La lengua experta lamió su clítoris hinchado, saboreando sus jugos dulces y salados, mientras dos dedos gruesos entraban y salían de su coño empapado, curvándose para tocar ese punto que la volvía loca.

"¡Sí, así, cabrón! No pares..." Lupe se retorcía, las uñas clavándose en su espalda, oliendo el sudor fresco que perlaba su piel. La tensión subía como una ola imparable, sus paredes internas contrayéndose alrededor de sus dedos. Él aceleró, chupando más fuerte, hasta que el orgasmo la golpeó como un rayo: temblores violentos, un grito ahogado, chorros de placer mojando su barbilla.

Pero no pararon. Cristo se posicionó entre sus piernas, la punta de su verga rozando su entrada resbaladiza. "¿Lista para la pasión completa?" Ella asintió, guiándolo adentro. Inch por pulgada, la llenó, estirándola deliciosamente. El sonido de carne contra carne empezó rítmico, húmedo, sus pelotas golpeando su culo con cada embestida profunda. Lupe lo montó después, cabalgando como una diosa, sus tetas rebotando, el cabello revuelto cayendo sobre su rostro extasiado. Esto es la pasión de cristo torrent magnet, un torrente magnético que me arrastra sin remedio. ¡Me vengo otra vez! Gritó su nombre mientras el segundo clímax la sacudía, sus jugos chorreando por sus muslos.

Cristo la volteó a cuatro patas, agarrando sus caderas con fuerza amorosa, follando más salvaje, el sudor goteando de su frente al hueco de su espalda. El aroma almizclado del sexo impregnaba el aire, sus gemidos sincronizándose como una sinfonía erótica. "Me vengo, Lupe... ¡juntos!" Él se hundió una última vez, eyaculando chorros calientes dentro de ella, su verga latiendo mientras ella contraía alrededor, ordeñándolo hasta la última gota. Colapsaron exhaustos, piel pegajosa contra piel, respiraciones entrecortadas calmándose poco a poco.

En el afterglow, acurrucados bajo las sábanas revueltas, Cristo le besó la frente. "Neta, eso fue épico. Como si hubiéramos descargado la pasión más intensa del universo." Lupe rio suave, trazando círculos en su pecho. Un torrent magnet que me atrapó para siempre. Quién sabe, tal vez esto sea solo el principio. La ciudad brillaba afuera, testigo muda de su unión, mientras el sueño los envolvía en paz satisfecha.

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