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Diario de una Pasion la Pelicula en Ingles

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Diario de una Pasion la Pelicula en Ingles

Era una noche de esas que te hacen querer acurrucarte bajo las cobijas con algo que te acelere el pulso. Lluvia torrencial azotando las ventanas de mi depa en la Condesa, el olor a tierra mojada colándose por las rendijas, y yo sola con una botella de vino tinto chileno medio vacía. Neta, necesitaba algo que me sacara del pedo rutinario del trabajo en la agencia. Agarré el control remoto y busqué en Netflix: la película Diario de una pasión en inglés. Sí, la versión original de The Notebook, con esas voces roncas y acentos sureños que te erizan la piel. La había visto mil veces en español, pero esta vez quería sentirla cruda, sin filtros.

Puse play y me recosté en el sofá de terciopelo gris, las luces bajas pintando sombras suaves en las paredes. El popcorn recién hecho crujía entre mis dientes, salado y caliente, mientras Noah y Allie se conocían en el carnaval. Su risa, el algodón de azúcar pegajoso en sus dedos, el sonido de la feria lejana... todo me transportaba. Sentí un cosquilleo en el estómago, de esos que empiezan inocentes pero se van bajando. Me quité la sudadera holgada, quedándome en bra y shortcito de algodón, la piel erizada por el aire fresco que entraba del balcón.

¿Por qué carajos esta película siempre me pone así de caliente? Esas miradas, como si se comieran con los ojos. Quiero eso, un wey que me mire como si fuera lo único en el mundo.

Avanzó la historia, la escena de la canoa bajo la lluvia. El agua chorreando por sus cuerpos, empapados, besándose con hambre desesperada. El jadeo de Ryan Gosling en inglés puro, "It wasn't over, it still isn't over", resonaba en mis oídos como un mandato. Mi mano bajó sola por mi vientre, rozando la tela del short. Estaba mojadita ya, el calor entre mis piernas palpitando al ritmo de la tormenta afuera. Metí los dedos despacio, sintiendo mi humedad resbalosa, el clítoris hinchado pidiendo más. Gemí bajito, imaginándome en esa canoa, con un hombre fuerte apretándome contra él, su boca devorando la mía.

El timbre sonó de golpe, sacándome del trance. ¿Qué pedo? Miré el reloj: medianoche. Me ajusté el bra a la rápida y fui a abrir, el corazón latiéndome como tambor. Ahí estaba Raúl, mi vecino del piso de arriba, empapado hasta los huesos, camisa blanca pegada a su pecho musculoso, delineando cada abdominal. Era alto, moreno, con esa barba de tres días que me volvía loca cada vez que nos cruzábamos en el elevador.

Órale, carnala, ¿me prestas un toalla? Me pilló la lluvia saliendo del gym —dijo con esa sonrisa pícara, voz grave como la de Noah.

Lo jalé adentro sin pensarlo dos veces, cerrando la puerta. El olor a hombre mojado, sudor mezclado con su colonia amaderada, me golpeó como una ola. —Pasa, wey, estás hecho sopa. ¿Quieres ver una peli conmigo? Justo estoy con algo bueno.

Se secó el pelo con la toalla que le di, gotas resbalando por su cuello hasta el pecho. Se quitó la camisa sin pena, quedándose en pants de gym que marcaban todo. No mames, su paquete se veía enorme ahí abajo. Nos sentamos en el sofá, yo más cerca de lo necesario, mis muslos rozando los suyos. Le conté de la película Diario de una pasión en inglés, cómo me tenía al borde. Él rio bajito, ojos brillantes.

—Yo la vi hace poco, neta es intensa. Ese beso en la lluvia... uf.

La escena justo llegaba. Nuestras miradas se clavaron en la pantalla, el aire cargado de electricidad. Sentí su mano en mi rodilla, cálida y firme, subiendo despacio por mi muslo. No lo detuve. Al contrario, giré la cara y lo besé, labios suaves primero, luego con lengua, saboreando el vino en su boca mezclado con sal de lluvia. Sus manos me alzaron como pluma, sentándome en su regazo. Su verga dura presionando contra mi panocha a través de la tela, palpitante, enorme.

Te quiero tanto como Noah a Allie —murmuró en mi oído, mordisqueando el lóbulo, su aliento caliente erizándome la piel.

Sus manos en mi culo, amasándolo fuerte. Olía a deseo puro, a sexo inminente. Mi corazón tronaba, el pulso en mi clítoris latiendo al unísono.

Lo empujé suave contra el sofá, quitándole los pants. Su verga saltó libre, venosa, la cabeza brillante de precum. La tomé en mi mano, piel aterciopelada sobre acero, tan caliente que quemaba. Lamí la punta despacio, saboreando su gusto salado y almizclado, mientras él gemía ronco, enredando dedos en mi pelo. —Chúpamela rica, mami. Lo hice, tragándomela hasta la garganta, saliva resbalando, el sonido obsceno de succión llenando la sala junto al trueno afuera.

Raúl me levantó, arrancándome el short y bra de un jalón. Sus labios bajaron por mi cuello, chupando pezones duros como piedras, tirando con dientes hasta que grité de placer-dolor. Me tendió en el sofá, abriéndome las piernas. Su lengua en mi panocha fue fuego: lamiendo labios hinchados, chupando el clítoris con succiones expertas, metiendo dos dedos gruesos que curvaba justo en mi punto G. El jugo mío le corría por la barbilla, olor a mujer en celo impregnando todo. —Estás deliciosa, tan dulce y salada, gruñó, mientras yo me retorcía, uñas clavadas en su espalda, caderas alzándose para follarle la boca.

No aguanté más. —Cógeme ya, pendejo —le rogué, voz quebrada. Se puso de rodillas, verga apuntando mi entrada. Entró despacio primero, estirándome delicioso, centímetro a centímetro, hasta llenarme por completo. El estirón ardiente, su pubis chocando mi clítoris. Empezó a bombear, lento al inicio, salidas y entradas profundas que me hacían jadear. El sofá crujía, piel contra piel chapoteando húmeda, sudor perlando nuestros cuerpos.

Aceleró, follándome duro, mis tetas rebotando, sus bolas golpeando mi culo. Cambiamos: yo encima, cabalgándolo como amazona, sintiendo cada vena rozando mis paredes. Sus manos en mis caderas guiándome, pulgares en clítoris frotando. —Así, cabrón, dame todo. El orgasmo me pegó como rayo, contracciones milking su verga, grito ahogado en su boca mientras él me seguía, corriéndose adentro en chorros calientes, llenándome hasta rebosar.

Colapsamos jadeantes, cuerpos pegajosos entrelazados, el olor a sexo pesado en el aire. La película seguía rodando, créditos finales, pero nosotros en nuestro propio clímax. Me besó la frente, suave, mientras la lluvia amainaba.

Esto fue mi diario de una pasión, inspirado en esa película en inglés. No acabó, ni de chiste. Quiero más noches así, con él, con este fuego que no se apaga.

Nos quedamos ahí, envueltos en cobijas, compartiendo el vino restante. Hablamos de todo y nada, risas bajitas, caricias perezosas. Su dedo trazando círculos en mi vientre, mi cabeza en su pecho oyendo su corazón calmarse. Afuera, la ciudad brillaba lavada, promesa de más tormentas. Qué chingón, pensé, cerrando los ojos. Esta pasión recién empezaba, como en la peli, eterna e intensa.

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