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Las Fotos Secretas de Brad Pitt en Leyendas de Pasión

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Las Fotos Secretas de Brad Pitt en Leyendas de Pasión

Tú estás recostada en tu cama king size de tu depa en la Roma Norte, con el ventilador zumbando bajito y el olor a jazmín del difusor flotando en el aire cálido de la noche mexicana. La pantalla de tu laptop ilumina tu rostro mientras navegas sin rumbo, hasta que das con ellas: brad pitt leyendas de pasion fotos. Órale, qué chido. Ahí está él, Brad Pitt en su juventud salvaje, con el pelo largo y revuelto por el viento de las montañas, la camisa abierta dejando ver ese pecho marcado, músculos tensos como cuerdas de guitarra bajo la piel bronceada. Tus ojos recorren cada píxel, imaginando el tacto áspero de esa barba incipiente, el sudor salado en su cuello después de cabalgar horas.

Tu mano baja sola por tu vientre, rozando la tela ligera de tu camisón de algodón. Sientes el calor subiendo desde tu entrepierna, un pulso húmedo que te hace morderte el labio.

¿Por qué carajos me pongo así con unas fotos viejas? Neta, este wey es como un dios pagano salido de una película de los noventa.
Cierras los ojos un segundo, inhalando tu propio aroma de excitación mezclado con el jabón de lavanda de tu piel. Las imágenes te invaden: Brad galopando, su cuerpo flexionado, esa mirada intensa que promete devorarte entera. Tu dedo roza tu clítoris por encima de las bragas, un jadeo escapa de tu boca. Pero no es suficiente. Quieres más. Carne real, no pixels.

El teléfono vibra en la mesita. Es Alejandro, tu carnal del gym, el que siempre bromea con que se parece a un actor gringo. "Wey, ¿estás despierta? Ando por aquí cerca, ¿me dejas pasar a refrescarme un cotorreo?" Su voz grave te eriza la piel. Le dices que sí, rápido, con la voz ronca. Apagas la laptop pero las brad pitt leyendas de pasion fotos siguen quemándote en la mente. Te levantas, te miras en el espejo del clóset: curvas suaves iluminadas por la luz tenue, pezones duros marcando la tela. Te pasas crema en las piernas, oliendo a coco tropical, preparándote sin saber por qué.

Diez minutos después, tocan la puerta. Alejandro entra con su camiseta ajustada pegada al torso sudado del calor nocturno, jeans desgastados que marcan el bulto generoso. Neta, se parece un chingo a Brad en esas fotos: pelo oscuro ondulado, ojos verdes penetrantes, quijada cuadrada. "Qué onda, ricura", dice sonriendo, oliendo a colonia masculina y cerveza fresca. Te abraza y sientes su calor duro contra ti, el roce de su entrepierna que ya responde. Te separas un poquito, pero tu cuerpo grita por más.

Se sientan en el sofá de piel suave, con chelas frías que chorrean condensación. Hablan de pendejadas: el gym, el tráfico de Insurgentes, pero tus ojos bajan a su entrepierna, imaginando desabrochar ese zipper. Él nota, se ríe bajito. "¿Qué traes, wey? Te veo bien prendida." Le cuentas de las fotos, medio en broma, sacas la laptop y se las enseñas. "Mira, brad pitt leyendas de pasion fotos. Este cabrón me trae loca." Alejandro se acerca, su muslo roza el tuyo, piel contra piel ardiente. "Puta madre, sí se parece. ¿Quieres que sea tu Brad esta noche?" Su aliento cálido en tu oreja, mano en tu rodilla subiendo despacio.

El corazón te late como tamborazo en la sien.

Neta, ¿lo hago? Sí, carajo, lo quiero dentro ya.
Asientes, giras el rostro y lo besas. Sus labios son firmes, lengua invasora con sabor a cerveza y menta, explorando tu boca como si fueras su territorio. Sus manos grandes te aprietan las nalgas, levantándote sobre su regazo. Sientes su verga dura como fierro presionando tu panocha a través de la tela, un gemido se te escapa en su boca. El sofá cruje bajo el peso, el aire se llena del olor a sexo inminente, sudor mezclándose.

Te quita el camisón de un jalón, exponiendo tus tetas llenas. Chupa un pezón, dientes rozando suave, lengua girando hasta que arqueas la espalda gimiendo "¡Ay, wey, qué rico!". Tus uñas arañan su espalda, sintiendo músculos duros bajo la camisa que le arrancas. Su pecho es un festín: vello ralo, piel salada que lames desde el cuello hasta el ombligo. Él gime ronco, "órale, mámame la verga, preciosa". Bajas, desabrochas sus jeans, liberas esa polla gruesa, venosa, goteando precum que pruebas con la lengua: salado, almizclado, adictivo.

La chupas despacio al principio, labios estirados alrededor del glande, mano bombeando la base. Él agarra tu pelo, no fuerte, solo guiando, jadeando "¡Qué chingona mamada, neta!". El sonido húmedo de succión llena la sala, mezclado con sus gruñidos y tus slurps. Te metes más, garganta relajada, sintiendo pulsar en tu boca. Pero él te jala arriba, "No quiero acabar así, quiero cogerte duro". Te voltea en el sofá, bragas a un lado, lengua en tu raja empapada. Lamidas largas, chupando clítoris hinchado, dedos curvados adentro tocando ese punto que te hace temblar. "¡Sí, cabrón, no pares!", gritas, jugos corriendo por tus muslos, olor a panocha en celo impregnando todo.

La tensión sube como volcán. Te pones de rodillas en la alfombra mullida, él atrás, condón puesto rápido. La punta roza tu entrada, resbalosa, y empuja despacio. Sientes cada centímetro estirándote, llenándote hasta el fondo. "¡Qué verga tan rica, Alejandro!", gimes mientras él bombea lento al inicio, manos en tus caderas, piel chocando con palmadas suaves. Acelera, bolas golpeando tu clítoris, sudor goteando de su pecho a tu espalda. Volteas la cara, besos desordenados, dientes mordiendo labios.

Es como follar con Brad de esas fotos, salvaje, posesivo pero tierno.

Cambian: tú encima, cabalgando como en las escenas de la peli, tetas rebotando, uñas en su pecho. Él te aprieta el culo, pulgares abriendo tus nalgas, dedo rozando el ano juguetón. "¡Métemela más hondo, wey!", exiges, caderas girando, paredes apretando su verga. El clímax se acerca, vientre contrayéndose, respiración entrecortada. Él se sienta, te abraza fuerte, follando upward con fuerza. Gritas primero, orgasmo explotando en oleadas, jugos chorreando, cuerpo temblando contra el suyo. Él gruñe "¡Me vengo, carajo!", pulsos calientes llenando el condón dentro de ti.

Caen exhaustos en el sofá, cuerpos pegajosos de sudor, respiraciones sincronizadas. Su mano acaricia tu pelo húmedo, besos suaves en la frente. El ventilador enfría la piel ardiente, olor a sexo y jazmín envolviéndolos. "Neta, fuiste mi Leyendas de Pasión viva", murmura riendo bajito. Tú sonríes, piernas entrelazadas, sintiendo el afterglow cálido en cada músculo relajado.

Esas fotos fueron solo el detonador; esto fue real, puro fuego mexicano.
Se quedan así, platicando pendejadas hasta que el sol asoma, sabiendo que repetirán pronto.

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