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Mi Aventura en WWW Pasion Liberal

7459 palabras

Mi Aventura en WWW Pasion Liberal

Todo empezó una noche de esas en que el calor de la Ciudad de México te pega como una cachetada húmeda y pegajosa. Estaba sola en mi depa de Polanco, con el ventilador zumbando como loco y un vaso de chela helada sudando en mi mano. Neta, ya estaba harta de la rutina, de las salidas con amigas que terminaban en chismes y nada más. Quería algo chido, algo que me hiciera sentir viva, con el corazón latiendo a mil.

Estaba scrolleando en mi cel, cuando vi un anuncio que me llamó la atención: WWW Pasion Liberal. Un sitio para adultos liberales, gente que busca pasión sin complicaciones, encuentros reales y consentidos.

¿Y si me lanzo? ¿Y si por fin exploro ese lado mío que tanto he reprimido?
Pensé, mientras mi pulso se aceleraba. Hice clic, creé un perfil con una foto mía en bikini de la playa en Cancún, y empecé a chatear. Ahí conocí a Marco, un moreno alto de unos treinta y tantos, con ojos que prometían travesuras y una sonrisa que derretía pantallas.

Nos mandamos mensajes toda la noche. Él era de aquí, trabajaba en una agencia de publicidad en Reforma, y su perfil gritaba confianza: "Busco pasiones liberales sin ataduras, solo placer mutuo". Me contó que había descubierto WWW Pasion Liberal hace meses y que sus encuentros habían sido épicos. Yo, con las mejillas ardiendo y un cosquilleo entre las piernas, le propuse vernos al día siguiente en un hotel boutique en la Roma. "Órale, guapa, ahí nos vemos", respondió él. El deseo ya me tenía atrapada.

Al día siguiente, me puse un vestido negro ceñido que marcaba mis curvas, sin bra, solo un tanga rojo que rozaba mi piel con cada paso. El taxi me dejó frente al hotel, con el aroma a jazmín del lobby invadiéndome las fosas nasales. Mi corazón tronaba como tamborazo zacatecano. ¿Y si no conectamos? ¿Y si soy una pendeja por hacer esto? Pero el calor en mi vientre me decía que no, que esto era lo que necesitaba.

Marco ya estaba en el bar, con una camisa blanca arremangada dejando ver unos brazos fuertes y bronceados. Se levantó al verme, sus ojos recorriéndome de arriba abajo como una caricia invisible. "Eres más guapa en persona, mamacita", dijo con voz grave, mientras me daba un beso en la mejilla que duró un segundo de más, su aliento cálido oliendo a menta y deseo. Nos sentamos, pedimos unos margaritas con sal gruesa que crujía en los labios, y platicamos como si nos conociéramos de toda la vida.

La tensión crecía con cada sorbo. Su rodilla rozaba la mía bajo la mesa, un toque eléctrico que me erizaba la piel. Hablamos de WWW Pasion Liberal, de cómo el sitio nos había unido, de nuestras fantasías. "Quiero sentirte temblar", murmuró él, su mano subiendo por mi muslo despacito, dedos firmes pero gentiles. Yo tragué saliva, el pulso latiéndome en el cuello, y asentí. "Llévame a la habitación, wey".

El elevador fue un preludio al infierno del placer. Apenas se cerraron las puertas, sus labios capturaron los míos en un beso hambriento, lenguas danzando con sabor a tequila y sal. Sus manos me apretaron las nalgas, levantándome contra la pared fría, mi vestido subiéndose por mis caderas. Gemí bajito, el sonido ahogado por su boca, mientras olía su colonia amaderada mezclada con el sudor fresco de anticipación. Mi cuerpo respondía solo, pezones endureciéndose contra la tela, humedad empapando mi tanga.

Entramos a la suite tambaleándonos, la puerta cerrándose con un clic que sonó como liberación. La habitación era un oasis: sábanas de algodón egipcio blancas como nieve, luz tenue de lámparas que pintaba sombras sensuales en las paredes, y una brisa ligera desde la terraza trayendo olores a lluvia lejana y ciudad vibrante. Marco me despojó del vestido con urgencia controlada, sus ojos devorando mis tetas desnudas, pezones rosados pidiendo atención. "Eres una diosa", gruñó, mientras yo le quitaba la camisa, sintiendo el calor de su pecho bajo mis palmas, músculos tensos como cuerdas de guitarra.

Nos besamos de nuevo, cayendo en la cama king size que crujió bajo nuestro peso. Sus labios bajaron por mi cuello, lamiendo la sal de mi piel, mordisqueando suave hasta que arqueé la espalda.

¡Carajo, esto es lo que necesitaba! Puro fuego sin culpas.
Sus manos exploraban, un dedo deslizándose bajo mi tanga, encontrando mi clítoris hinchado y resbaladizo. Jadeé, el placer como chispas recorriéndome la espina dorsal. "Estás chorreando, corita", susurró él, voz ronca, mientras introducía dos dedos despacio, curvándolos para tocar ese punto que me hacía ver estrellas.

Yo no me quedé atrás. Bajé su pantalón, liberando su verga dura, gruesa, venosa, latiendo en mi mano. La apreté, sintiendo su calor pulsante, el olor almizclado de su excitación invadiendo mis sentidos. La lamí desde la base hasta la punta, saboreando la gota salada de precum, mientras él gemía "¡Sí, así, putita rica!" en un tono juguetón que me encendía más. Lo chupé profundo, garganta relajada, saliva resbalando, sus caderas moviéndose al ritmo de mi boca.

La intensidad subía como fiebre. Me volteó boca arriba, quitándome el tanga con los dientes, su aliento caliente en mi coño depilado. Lamidas lentas, lengua plana lamiendo mis labios mayores, succionando el clítoris con labios suaves. El sonido húmedo de su boca en mí, mis jugos chorreando por sus mejillas, me volvía loca. "¡Más, carnal, no pares!", rogaba yo, uñas clavándose en su espalda, dejando surcos rojos. Mi primer orgasmo llegó como ola, cuerpo convulsionando, grito ahogado en la almohada, sabor a mi propia esencia en su beso cuando subió.

Pero queríamos más. "Cógeme ya", le pedí, abriendo las piernas, invitándolo. Se puso condón con manos temblorosas, posicionándose. La entrada fue lenta, centímetro a centímetro, estirándome deliciosamente, su grosor llenándome hasta el fondo. Gemimos juntos, el slap de piel contra piel empezando suave. Sus embestidas se aceleraron, caderas chocando, sudor perlando nuestros cuerpos, olor a sexo crudo llenando la habitación. Yo lo monté después, rebotando sobre él, tetas saltando, sus manos amasándolas, pellizcando pezones. El roce de mi clítoris contra su pubis me llevaba al borde otra vez.

El clímax nos golpeó simultáneo. Él gruñendo "¡Me vengo, reina!", yo chillando con la cabeza echada atrás, paredes vaginales apretándolo en espasmos. Ondas de placer infinito, piernas temblando, visión borrosa. Colapsamos, jadeantes, su peso cálido sobre mí, besos suaves en la frente.

Después, en la afterglow, nos duchamos juntos bajo agua caliente que lavaba el sudor pero no el recuerdo. Jabón resbaloso en curvas y músculos, risas compartidas. "Gracias por esto, por WWW Pasion Liberal", le dije envuelta en bata, sorbiendo café en la terraza con vista a la ciudad iluminada. Él sonrió: "Neta, fue épico. ¿Repetimos?" Asentí, sabiendo que esto era solo el principio de mi liberación.

Salí del hotel con paso ligero, el sol de la tarde calentándome la piel, un secreto ardiente en mi alma. WWW Pasion Liberal había despertado algo en mí, una pasión liberal que no se apaga fácil. Ahora, cada noche, mi mente regresa a ese roce, a ese sabor, lista para más aventuras en este mundo de placeres consentidos.

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