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Pasión MMA Facebook Desatada

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Pasión MMA Facebook Desatada

Todo empezó una noche cualquiera en mi depa de la Roma, con el calor pegajoso del verano colándose por la ventana abierta. Yo, Ana, una chava de veintiocho que se la pasa entre el gym y el curro en una agencia de diseño, scrolleaba Facebook sin mucho tino. De repente, Pasión MMA Facebook, esa página que seguía desde hace meses, sacó un video brutal de un sparring en la jaula. El tipo que peleaba, con su torso sudado brillando bajo las luces, me dejó con la boca seca. Comente algo pendejo como "¡Qué pasión MMA en esa jaula, carnal!", y listo, un DM entró volando.

Se llamaba Marco, un fighter de MMA de treinta tacos, con esa cara de galán rudo que te hace mojar las panties de solo pensarlo. "Neta que sabes de esto, güey. ¿Vienes a los entrenos del gym en Polanco?". Mi corazón latió como tambor de boxeo. Yo no era pro, pero amaba el sudor, el contacto, esa pasión MMA que te enciende por dentro. Le contesté que sí, que neta me picaba el bichito de entrenar con alguien como él. Así empezó el chisme en Pasión MMA Facebook, pero pronto se volvió algo más... personal.

El primer encuentro fue en el gym, un lugar chido con jaulas octagonales y olor a linimento y testosterona. Llegué con shorts ajustados y top deportivo, el pelo en cola de caballo. Marco ya estaba ahí, quitándose los guantes, su piel morena reluciente de sudor fresco. "

¡Ey, la de Facebook! ¿Lista para sudar?
", me dijo con esa sonrisa lobuna. Su voz grave me erizó la piel, y cuando me dio la mano, su palma áspera rozó la mía como una promesa. Empezamos con drills básicos: golpes al pad, derribos suaves. Cada vez que me agarraba la cintura para corregir mi stance, sentía su aliento caliente en mi cuello, su pecho duro presionando mi espalda. Pinche calor, pensé, mientras mi cuerpo respondía con un cosquilleo traicionero entre las piernas.

Los días siguientes fueron puro fuego virtual en Pasión MMA Facebook. Compartíamos memes de peleas, videos de knockouts, pero los DMs se ponían calientes: "

Me encanta cómo mueves el cuerpo en los drills, Ana. Eres fuego puro.
". Yo le mandaba fotos post-entreno, toda sudada, y él respondía con close-ups de sus abs marcados. La tensión crecía como un combo en la jaula. Una noche, después de un sparring intenso donde terminamos en el suelo, jadeantes y enredados, me miró fijo a los ojos. "
No aguanto más, wey. Vamos por un café... o lo que pinte.
". Mi pulso se aceleró, el olor a su sudor mezclado con mi perfume me mareaba. Esto es la pasión MMA en su máxima expresión, me dije, mientras asentía.

Acto seguido, terminamos en un hotel boutique cerca del gym, de esos con sábanas de mil hilos y vistas al skyline de la Ciudad. La habitación olía a limpio, con un toque de jazmín del difusor. Marco me cargó como si fuera una pluma, sus bíceps flexionándose bajo mis manos. Me besó con hambre, su lengua invadiendo mi boca como un jab preciso, saboreando a menta y sal de sudor. "

Eres deliciosa, Ana. Toda tú gritas pasión.
", murmuró contra mis labios. Le arranqué la playera, mis uñas trazando las líneas de sus tattoos tribales en el pecho. Su piel ardía, musculosa, y el olor masculino, ese almizcle crudo de fighter, me inundó los sentidos.

Me tumbó en la cama con gentileza bruta, sus manos grandes explorando mis curvas. Desabrochó mi bra con dientes, liberando mis chichis que él lamió despacio, succionando pezones hasta que gemí como loca. ¡Qué rico, cabrón!, pensé, arqueando la espalda. Bajó por mi vientre, besando cada centímetro, hasta mis shorts. Los deslizó con calma, besando el interior de mis muslos. Mi panocha ya estaba empapada, palpitando por él. "

Estás chingona mojada por mí
", gruñó, y su aliento caliente me hizo temblar. Introdujo un dedo, luego dos, curvándolos justo ahí, mientras su lengua danzaba en mi clítoris. El sonido húmedo de su boca chupando, mis jadeos roncos, el crujir de las sábanas... todo era un torbellino sensorial.

Pero yo no era de quedarme atrás. Lo volteé, cabalgándolo como en un ground and pound. Su verga gruesa, venosa, saltó libre, oliendo a deseo puro. La lamí desde la base hasta la punta, saboreando su pre-semen salado, mientras él maldecía en voz baja: "

¡Pinche ricura, no pares!
". La chupé hondo, garganta profunda, mis manos masajeando sus bolas pesadas. Él gemía, agarrándome el pelo con fuerza consentida, guiándome. La habitación se llenó de slurps y suspiros, el aire espeso de nuestro aroma mezclado.

La escalada fue brutal. Me puso a cuatro patas, su cuerpo cubriendo el mío como en un clinch. Entró despacio al principio, centímetro a centímetro, estirándome deliciosamente. "

¡Qué apretadita, wey! Eres perfecta
", jadeó. Empezó a bombear, lento y profundo, cada embestida rozando mi punto G. El slap-slap de piel contra piel, sus bolas golpeando mi clítoris, mis tetas rebotando... olía a sexo crudo, a sudor fresco. Agarré las sábanas, mordiendo la almohada para no gritar demasiado. Él aceleró, sus manos en mis caderas, dedos hundiéndose en carne suave. Esto es mejor que cualquier KO, pensé en éxtasis, mientras ondas de placer subían por mi espina.

Cambié de posición, montándolo a mí ritmo. Sus ojos clavados en los míos, manos en mis nalgas guiándome. Rebotaba fuerte, su verga llenándome hasta el fondo, mi clítoris frotando su pubis. El orgasmo me golpeó como un uppercut: visión borrosa, cuerpo convulsionando, un grito ahogado escapando. "

¡Sí, córrete para mí, amor!
", rugió él, y segundos después se tensó, llenándome con chorros calientes, su semen derramándose dentro mientras gemía mi nombre.

Quedamos hechos mierda, enredados en sábanas húmedas, respiraciones entrecortadas sincronizándose. Su cabeza en mi pecho, yo acariciando su pelo revuelto. El cuarto olía a nosotros, a pasión consumada. "

Esto fue más que Pasión MMA Facebook, Ana. Esto fue real
", susurró. Sonreí, besando su frente salada. Neta que sí, carnal. Afuera, la ciudad zumbaba indiferente, pero adentro, habíamos encontrado nuestro propio octágono de placer.

Desde esa noche, los entrenos son puro pretexto. Seguimos en Pasión MMA Facebook, pero nuestros DMs son código para lo que vendrá después. La pasión no se apaga; arde más fuerte, como un cardio interminable. Y yo, Ana, no cambiaría este fuego por nada.

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