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El Diseño Es Mi Pasión Meme Desatado

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El Diseño Es Mi Pasión Meme Desatado

Yo soy Ana, una chava de veintiocho años que vive por el diseño gráfico en el corazón de la CDMX. Mi taller está en la Condesa, rodeado de cafés hipsters y galerías chidas. Cada día, desde que amanece, me pierdo en mi Mac, creando logos que hacen que las marcas se vean chingonas. Pero hay un meme que me representa al cien: "el diseño es mi pasión", con esa imagen ridícula de un tipo dramático abrazando su laptop. Lo subí a mi Insta un día, y boom, los likes llovieron. Neta, el diseño es mi pasión, mi vicio, mi todo.

Era viernes por la noche, y después de pulir un proyecto para una marca de ropa, decidí salir a un bar de diseño en Roma Norte. Llevaba mi playera negra ajustada con el meme impreso en el pecho –el diseño es mi pasión en letras neón– y unos jeans que me marcaban las curvas justito. El lugar estaba atestado de creativos: tatuajes por todos lados, cervezas artesanales flotando, y esa música electrónica que te hace mover las caderas sin querer. Pedí un mezcal con naranja, y mientras sorbía el humo ahumado que me picaba la lengua, sentí unos ojos clavados en mí.

Él era Marco, un wey alto, moreno, con barba de tres días y una camiseta que dejaba ver unos brazos fuertes de quien levanta pesas. Se acercó con una sonrisa pícara, su colonia fresca invadiendo mi espacio. Órale, qué rico huele, como madera y cítricos, pensé, mientras mi pulso se aceleraba un poquito.

"El diseño es mi pasión meme, ¿eh? Neta, me mató tu post. Yo soy fotógrafo, y créeme, esa pasión se nota en cada píxel que diseñas."

Su voz era grave, ronca, como si hubiera fumado un buen puro. Nos pusimos a platicar de tipografías, de colores que evocan deseo, de cómo un buen diseño te hace mojar las ideas. Reíamos, nuestros brazos rozándose accidentalmente en la barra. Cada roce era eléctrico, como un voltaje bajo la piel. Su mano grande y cálida tocó la mía al pasar el mezcal, y sentí un cosquilleo que bajó directo a mi entrepierna. ¿Qué chingados? Yo no soy de las que se prenden tan rápido, me dije, pero mis pezones ya se endurecían bajo la tela.

La noche avanzó, y la tensión crecía como un archivo que se renderiza lento. Terminamos en mi taller, porque "tenía que mostrarle mi portfolio". Mentira, los dos sabíamos que era pretexto. La puerta se cerró con un clic suave, y el aire se cargó de ese olor a tinta fresca y madera de mi escritorio. Marco se paró detrás de mí mientras yo abría la laptop, su aliento caliente en mi nuca. Olía a mezcal y a hombre excitado, ese aroma almizclado que te hace apretar los muslos.

Su cercanía me volvía loca. Cada poro de mi piel gritaba por más.

Me giré despacio, y nuestros labios se encontraron en un beso que empezó tierno pero explotó en hambre. Sus manos grandes me tomaron la cintura, atrayéndome contra su pecho duro. Sentí su verga endureciéndose contra mi vientre, gruesa y pulsante bajo los jeans. Gemí en su boca, saboreando su lengua juguetona, salada y dulce a la vez. "Neta, tu pasión por el diseño me prende fuego", murmuró contra mi cuello, mordisqueando la piel sensible. Un escalofrío me recorrió la espalda, y mis manos se colaron bajo su camisa, palpando los músculos calientes, el vello áspero que me raspaba las yemas.

Lo empujé hacia el sofá de cuero negro que tengo para sesiones creativas. Se sentó, y yo me trepé a horcajadas sobre él, frotando mi panocha húmeda contra la bultona de su pantalón. El roce era delicioso, una fricción que me hacía jadear. Carajo, qué rico se siente esa presión. Le quité la playera, revelando un torso tatuado con diseños geométricos –irónico, ¿no?–. Besé cada línea, lamiendo el sudor salado de su piel, mientras él me arrancaba la mía, exponiendo mis tetas libres, pezones duros como piedritas.

Sus dedos expertas me amasaron los senos, pellizcando justito para que doliera placer. "Eres una chingona diseñando... y en la cama", dijo con voz entrecortada. Bajó la cabeza y chupó un pezón, succionando fuerte, el sonido húmedo llenando el cuarto. Yo arqueé la espalda, oliendo mi propia excitación, ese musk dulce que empapaba mis panties. Desabroché su cinturón, liberando su verga tiesa, venosa, con la cabeza brillante de precum. La tomé en la mano, sintiendo el calor latiendo, y la masturbe lento, viendo cómo sus ojos se nublaban de deseo.

Pero no quería acabar rápido. Lo hice recostarse, y bajé besando su abdomen, lamiendo el ombligo, hasta llegar a su paquete. El olor era intenso, masculino, adictivo. Abrí la boca y lo engullí, saboreando la piel suave y salada, mi lengua girando alrededor del glande. Él gruñó, sus caderas embistiéndome la garganta. Me encanta controlarlo así, verlo retorcerse. Chupé más profundo, saliva chorreando, mis mejillas hundiéndose con cada succionada.

Marco no aguantó más. Me levantó como si no pesara, me quitó los jeans y las calzones de un jalón. Estaba empapada, mi clítoris hinchado rogando atención. Me acostó en el sofá, abriendo mis piernas anchas. "Mírate, toda mojada por el diseño... por mí". Su lengua atacó mi panocha, lamiendo desde el ano hasta el clítoris en largas pasadas. Sentí cada rugosidad, el calor húmedo invadiéndome. Gemí alto, mis uñas clavándose en su pelo. ¡Pinche lengua mágica! Me va a matar. Introdujo dos dedos gruesos, curvándolos contra mi punto G, mientras succionaba mi botón. El placer subía como una ola, mis muslos temblando, el sonido de mis jugos chapoteando obsceno y delicioso.

Estaba al borde, pero quería más. "Cógeme ya, wey", le ordené, voz ronca. Se puso condón –siempre responsable, qué chido–, y se posicionó. La punta de su verga rozó mi entrada, untándose en mis fluidos. Empujó lento, abriéndome centímetro a centímetro. ¡Qué llenada tan rica! Ardía y gozaba a la vez. Llenó mi coño hasta el fondo, sus bolas peludas contra mi culo. Empezó a bombear, primero suave, luego fuerte, el sofá crujiendo bajo nosotros. Cada estocada era un choque de pieles sudorosas, palmadas resonando, mi crema blanca cubriendo su eje.

Cambié de posición: me puse a cuatro, mi culo en pompa. Él lo azotó suave, el ardor avivando el fuego. "¿Te gusta así, diseñadora apasionada?" Asentí, jadeando. Me embistió más duro, su vientre chocando mi trasero, una mano en mi clítoris frotando círculos. El orgasmo me golpeó como un render exitoso: explosivo, cegador. Grité, mi panocha contrayéndose alrededor de su verga, chorros de placer salpicando. Él siguió unos segundos más, gruñendo como bestia, hasta que se corrió dentro del condón, su cuerpo temblando contra el mío.

Colapsamos juntos, sudorosos, jadeantes. Su peso cálido sobre mí era perfecto, su corazón latiendo desbocado contra mi espalda. Olía a sexo, a nosotros, a pasión desatada. Me besó la nuca, suave, mientras recuperábamos el aliento.

Después, recostados en el piso sobre una alfombra mullida, con cervezas frías en la mano, platicamos. "Ese meme tuyo, 'el diseño es mi pasión'... ahora sé que tu pasión va más allá", dijo riendo bajito. Yo sonreí, trazando diseños invisibles en su pecho con el dedo. Neta, el diseño es mi pasión, pero esta noche descubrí que compartirla con alguien como él lo hace infinito.

Se fue al amanecer, prometiendo volver por más "sesiones creativas". Me quedé sola en mi taller, el sol filtrándose por las cortinas, oliendo aún a nosotros. Abrí mi laptop, y el cursor parpadeaba, listo para nuevo diseño. Pero ahora, cada trazo llevaba un poco de ese fuego, de esa pasión desatada. El diseño es mi pasión... y él, mi nuevo lienzo favorito.

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