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Abismo de Pasión Capítulo 43

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Abismo de Pasión Capítulo 43

La brisa salada de Puerto Vallarta se colaba por las ventanas abiertas del condominio en la playa, trayendo consigo el rumor constante de las olas rompiendo contra la arena. Ana, con su piel morena brillando bajo la luz tenue del atardecer, se recostaba en la hamaca de la terraza, sintiendo cómo el aire cálido le erizaba los vellos de los brazos. Llevaba un vestido ligero de algodón blanco que se adhería a sus curvas como una caricia invisible, y en su mente, las imágenes de la noche anterior la atormentaban. ¿Cuánto tiempo más puedo aguantar esta hambre?, se preguntaba, mientras sus dedos trazaban círculos perezosos sobre su muslo.

Luis había estado fuera toda la semana por negocios en Guadalajara, y el vacío en la cama había sido insoportable. Ana, diseñadora gráfica de treinta años, siempre había sido independiente, pero con él, todo cambiaba. Su cuerpo recordaba cada roce, cada susurro ronco en su oído.

Es como caer en un abismo de pasión, capítulo 43 de nuestra historia interminable
, pensó con una sonrisa traviesa, recordando cómo él bromeaba con títulos de telenovelas para sus noches locas. La neta, lo extrañaba con ganas cabronas.

De repente, el sonido de la puerta principal abriéndose la sacó de su ensimismamiento. Pasos firmes en el piso de madera, y luego su voz grave, esa que le ponía la piel de gallina: "Mi reina, ¿dónde andas?" Ana se incorporó, el corazón latiéndole como tambor en el pecho. Ahí estaba él, alto, con el cabello negro revuelto por el viento, camisa desabotonada revelando el pecho musculoso que tanto le gustaba morder. Sus ojos cafés la devoraban desde la distancia.

Acto primero: el reencuentro. Corrió hacia él, saltando a sus brazos como si fueran adolescentes. Sus labios se encontraron en un beso hambriento, saboreando el salado de su piel mezclado con el leve aroma a tequila de su aliento. Las manos de Luis se hundieron en sus caderas, apretándola contra su dureza creciente. "Te extrañé, pendejo", murmuró ella entre risas, mordisqueándole el labio inferior. Él gruñó, una vibración profunda que le recorrió el cuerpo entero.

La llevó en brazos hasta la sala, donde la cama king size los esperaba con sábanas de hilo egipcio revueltas. La depositó con gentileza, pero sus ojos ardían con promesas. "Esta semana fue un infierno sin ti, mi amor. Cada noche soñaba con tu sabor", confesó, mientras sus dedos desataban el lazo del vestido. La tela cayó como una cascada, dejando al descubierto sus senos firmes, los pezones ya endurecidos por la anticipación. Ana jadeó al sentir el aire fresco rozarlos, pero pronto la boca caliente de él los reclamó, chupando con una lentitud deliciosa que la hizo arquear la espalda.

El olor a mar se mezclaba con el almizcle de sus cuerpos excitados, un perfume embriagador que llenaba la habitación. Ana metió las manos bajo la camisa de Luis, sintiendo los músculos tensos de su abdomen, el calor que irradiaba de él como un horno. Qué chingón se siente esto, pensó, mientras le quitaba la prenda con urgencia. Sus pieles se tocaron, suave contra áspera, enviando chispas por sus nervios.

En el medio del acto, la tensión escalaba como una ola gigante. Luis la besó bajando por su vientre, deteniéndose en el ombligo para lamerlo con la lengua plana, haciendo que ella riera nerviosa. "No seas mamón, ve más abajo", exigió ella, tirando de su cabello. Él obedeció, pero no sin antes mirarla con esa sonrisa pícara. "Paciencia, reina. Quiero saborearte poquito a poquito". Sus labios llegaron a la frontera de sus bragas de encaje, húmedas ya por el deseo. El sonido de la tela rasgándose fue como música, seguido del gemido gutural de Ana cuando su lengua la encontró.

Oh, Dios, el placer era eléctrico. La lengua de Luis danzaba sobre su clítoris, succionando con maestría, mientras dos dedos gruesos se deslizaban dentro de ella, curvándose justo en ese punto que la volvía loca. Ana se retorcía, las uñas clavadas en las sábanas, el sabor salado de su propia excitación en el aire.

Esto es el abismo de pasión, capítulo 43, donde me pierdo en ti sin remedio
, gritó en su mente, mientras sus caderas se movían al ritmo de sus embestidas. El sudor perlaba sus frentes, el slap-slap de la piel húmeda contra su boca resonaba en la habitación, mezclado con sus jadeos roncos. ¿Por qué dudo a veces? Este hombre me conoce como nadie, me hace sentir viva, poderosa.

Luis levantó la vista, sus labios brillantes. "Estás tan mojada, mi vida. Neta, me traes loco". Ella lo jaló hacia arriba, besándolo para probarse en él, un beso salvaje lleno de saliva y deseo. Sus manos bajaron al cinturón, liberando su verga erecta, gruesa y palpitante. La envolvió con la palma, sintiendo las venas hinchadas, el calor que emanaba. "Te quiero dentro, ya", suplicó, guiándolo hacia su entrada.

Él se hundió en ella de un solo empujón suave, llenándola por completo. Ana gritó, el estiramiento delicioso, el roce perfecto contra sus paredes internas. Comenzaron a moverse, un ritmo lento al principio, sintiendo cada centímetro, cada contracción. El sonido de sus cuerpos chocando era obsceno, húmedo, acompañado por el crujir de la cama y el lejano trueno de las olas. Luis le susurraba al oído: "Eres mía, toda mía, qué rico te sientes", mientras sus manos amasaban sus nalgas, abriéndola más para penetrarla profundo.

La intensidad crecía. Ana lo montó, cambiando posiciones, sus senos rebotando con cada vaivén. Sudor goteaba de su pecho al de él, salado en la lengua cuando lo lamió. Me siento como una diosa, cabalgándolo, controlando el placer. Él la ayudaba desde abajo, embistiendo con fuerza, sus gruñidos animales. El aroma a sexo impregnaba todo, almizcle dulce y salado, el sabor de su piel en sus labios cuando lo besaba.

El clímax se acercaba como un tsunami. Ana aceleró, sus músculos internos apretándolo, ordeñándolo. "¡Ya, Luis, no pares!" Él la volteó sobre su espalda, piernas sobre sus hombros, penetrándola con furia controlada. Cada embestida rozaba su punto G, enviando ondas de placer que la nublaban la vista. El mundo se redujo a sensaciones: el latido de su corazón contra el de ella, el slap de piel, el olor a orgasmo inminente.

Explosó primero ella, un grito ahogado que rasgó el aire, su concha convulsionando alrededor de él, chorros de placer mojando las sábanas. Luis la siguió segundos después, gruñendo su nombre mientras se vaciaba dentro, pulsos calientes llenándola. Colapsaron juntos, jadeantes, cuerpos entrelazados en un charco de sudor y fluidos.

En el afterglow, el acto final, yacían en silencio, escuchando las olas. Luis le acariciaba el cabello, besando su frente. "Te amo, Ana. Cada capítulo contigo es mejor que el anterior". Ella sonrió, trazando patrones en su pecho.

Abismo de pasión, capítulo 43: no hay fondo, solo más deseo
. El corazón lleno, el cuerpo saciado, pero sabiendo que mañana querría más. En Puerto Vallarta, su paraíso privado, el fuego nunca se apagaba.

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