Crimen Pasional Noticias que Encienden el Deseo
Estábamos tirados en el sillón de la sala, con la tele prendida en el noticiero de la noche. El calor de Guadalajara nos tenía sudando un poco, pero el aire acondicionado zumbaba bajito, refrescando el ambiente. Yo, Ana, recargada en el pecho de mi carnal Javier, sentía su mano grande y callosa acariciándome el muslo por debajo de la falda corta. Neta, qué chido estar así con él, pensé, mientras el olor a su colonia mezclada con su sudor me hacía cosquillas en la nariz.
De repente, la conductora soltó con voz dramática: "Crimen pasional noticias de última hora: en la Zona Rosa, un amante celoso apuñaló a su rival tras pillarlos in fraganti". La pantalla mostró flashes de luces policiacas, cinta amarilla y una foto borrosa de la pareja envuelta en sábanas revueltas. Javier se tensó debajo de mí, su respiración se aceleró. Sentí su verga endureciéndose contra mi nalga, dura como piedra.
—Órale, carnal —murmuré, girándome para mirarlo a los ojos oscuros y brillantes—. ¿Te prendió esa crimen pasional noticias? Porque a mí sí me dio un calambre aquí abajo.
Él sonrió con esa mueca pícara que me derrite, sus labios carnosos rozando mi oreja.
"Esas historias de pasión desbordada me ponen como moto, Ana. Imagínate el fuego que traían esos dos antes del desmadre".Su aliento caliente me erizó la piel, y el sabor salado de su cuello me llamó cuando lo besé suave, probando su sudor fresco.
Apagué la tele con el control, dejando la sala en penumbras solo iluminada por la luna que se colaba por las cortinas. El silencio se llenó con nuestros jadeos iniciales. Javier me jaló hacia él, sus manos fuertes amasándome las nalgas, apretando la carne suave bajo la tela delgada de mis panties. Pinche hombre, sabe cómo tocarme para que me moje al instante, internalicé mientras mi chichi se ponía tieso contra su pecho ancho.
Nos besamos con hambre, lenguas enredándose como serpientes, saboreando el dulzor de su boca con resto de chela y el mío con menta fresca. Sus dedos subieron por mi espalda, desabrochando el brasier con un chasquido experto. Lo tiré al piso, y mis tetas saltaron libres, pesadas y sensibles al aire fresco. Él las tomó en sus palmas ásperas, pellizcando los pezones rosados hasta que gemí bajito, un sonido gutural que vibró en mi garganta.
—Te ves tan rica, mamacita —gruñó, bajando la cabeza para mamarme un pezón. Su lengua caliente giraba alrededor, succionando con fuerza que mandaba chispas directo a mi clítoris. Olía a mi excitación ya, ese aroma almizclado que llena el aire cuando estoy empapada. Javier lo notó, porque metió la mano entre mis piernas, frotando el algodón húmedo de mis calzones.
Me levanté un segundo para quitarme la falda y las panties, quedando en pelotas frente a él. Su mirada me devoraba, ojos fijos en mi coño depilado, labios hinchados y brillantes de jugos. Qué morbo verme así expuesta, como si fuera suya para chingarme cuando quiera. Se quitó la playera, mostrando ese torso moreno marcado por horas en el gym, músculos que se contraían con cada respiración agitada.
Lo empujé al sillón y me subí a horcajadas, frotando mi rajita mojada contra el bulto de su pantalón. El roce áspero de la tela contra mi piel sensible me hacía temblar. Desabroché su jeans, liberando su verga gruesa, venosa, con la cabeza morada goteando precum. La tomé en mi mano, sintiendo el pulso caliente latiendo, el calor irradiando a mi palma.
—A ver si aguantas, pendejo —le dije juguetona, lamiendo la punta para probar su sabor salado y ligeramente dulce. Él gimió ronco, agarrándome el pelo suave pero firme, guiándome mientras yo lo chupaba profundo, mi boca estirándose alrededor de su grosor. El sonido húmedo de succión llenaba la sala, mezclado con sus gruñidos animales.
Pero no quería que se viniera todavía. Me enderecé, posicionando su pija en mi entrada. Bajé despacio, centímetro a centímetro, sintiendo cómo me abría, me llenaba hasta el fondo. ¡Ay, cabrón! Qué rico se siente estirándome así. Empecé a mover las caderas, cabalgándolo lento al principio, mis tetas rebotando con cada bajada. El sudor nos pegaba la piel, resbaloso y caliente, olor a sexo puro invadiendo todo.
Javier me aferró la cintura, embistiéndome desde abajo con fuerza controlada. Nuestros cuerpos chocaban con palmadas húmedas, piel contra piel, el sofá crujiendo bajo nosotros. Aceleramos, mi clítoris rozando su pubis peludo, enviando ondas de placer que me nublaban la vista.
"Más duro, Javier, chíngame como si fueras el de esas noticias, con pasión que quema".
Él volteó el juego, poniéndome de rodillas en el sillón, mi culo en pompa hacia él. Entró de nuevo de un tirón, profundo, sus bolas golpeando mi clítoris. Me jalaba el pelo, azotándome una nalga suave, el ardor delicioso mezclándose con el éxtasis. Sus manos everywhere: pellizcando mis pezones, frotando mi botón, mientras me taladraba sin piedad. Gemía su nombre, voz ronca, el corazón latiéndome en los oídos como tambores.
El clímax se acercaba como tormenta. Sentí el espasmo en mi vientre, mis paredes apretándolo como puño. —¡Me vengo, pinche amor! —grité, y exploté, jugos chorreando por sus muslos, cuerpo convulsionando en olas interminables. Él rugió detrás, hinchándose dentro de mí antes de llenarme con chorros calientes, su semen espeso marcándome por dentro.
Caímos exhaustos, él aún enterrado en mí, abrazándonos sudorosos. El aire olía a nosotros, a sexo satisfecho, con ecos lejanos de la ciudad nocturna. Javier me besó la nuca, su voz suave ahora:
"Esas crimen pasional noticias nos prendieron cañón, ¿verdad? Pero lo nuestro es puro fuego sin final trágico".
Reí bajito, girándome para mirarlo. Sus ojos brillaban con cariño post-orgasmo, esa conexión profunda que va más allá de la carne. Neta, qué afortunada soy con este hombre. Nos quedamos así, pieles pegajosas enfriándose, pulsos calmándose en unisono. La noche nos envolvía, prometiendo más rondas, más pasión inspirada en lo que sea que la tele trajera mañana. Pero esa noche, el deseo era nuestro, consensual y ardiente, sin sombras de crimen, solo luz de placer compartido.