Pasion Gay XXX en la Playa
El sol de Puerto Vallarta me caía a plomo en la espalda mientras caminaba por la arena caliente de la playa Los Muertos. El aire olía a sal marina mezclada con el humo de las parrilladas improvisadas y el coco de los vendedores de elotes. Yo, Alex, un wey de veintiocho años de la CDMX harto del pinche tráfico y el estrés del jale, había llegado esa mañana buscando desconectarme. Neta, necesitaba un break, algo que me hiciera olvidar las juntas eternas y las noches solitarias frente a la compu.
Ahí estaba él, recargado en la barra de una palapa con techo de palmas, con una cerveza fría en la mano. Marco, como supe después, era un morro local de unos treinta, con piel bronceada por el sol, músculos definidos de tanto surfear y una sonrisa que iluminaba más que el atardecer. Llevaba un short ajustado que marcaba todo y una camiseta sin mangas que dejaba ver sus brazos tatuados con olas y águilas. Nuestras miradas se cruzaron cuando pedí un michelada. Órale, pensé, este carnal está bien chido.
—
¿Primera vez por acá, güey?me dijo con esa voz grave y juguetona, mientras me pasaba la bebida. Sus ojos cafés me escanearon de arriba abajo, deteniéndose en mi pecho depilado que asomaba por mi tank top.
—Sí, carnal. Vengo a recargar pilas. ¿Y tú, eres de aquí?
Se rio, mostrando dientes perfectos.
Netaj, nacido y criado en Vallarta. ¿Quieres que te muestre los mejores spots?El roce accidental de su mano al darme la lima de la michelada mandó una corriente eléctrica por mi espina. Olía a protector solar con aroma a piña y un toque masculino, sudor fresco del mar. Mi verga dio un salto en el bañador. Pasion gay xxx, se me vino a la mente como un título de esas pelis que veo en la noche, pero esto era real, palpable.
Pasamos la tarde platicando pendejadas: de las olas cabronas, de la vida en la playa versus la ciudad, de cómo el mar te limpia el alma. Cada vez que se reía, su mano caía en mi hombro, apretando suave. El sol bajaba tiñendo el cielo de naranja y rosa, y el sonido de las olas rompiendo se mezclaba con la música de cumbia rebajada que salía de los bocinas cercanas. Mi piel ardía no solo por el sol, sino por el calor que subía desde mi entrepierna cada vez que lo veía lamer la sal de sus labios.
Al oscurecer, con un par de chelas de más, me invitó a su casa, un departamentito modesto pero chulo con vista al mar desde el balcón.
Vamos, wey, te preparo unos tacos de mariscos y seguimos la plática, dijo guiñándome el ojo. Caminamos por la arena fresca de la noche, descalzos, con la brisa lamiéndonos las piernas. Mi corazón latía como tambor en quinceañera. ¿Y si esto es lo que necesitaba? Una noche de pasion gay xxx sin complicaciones.
En su cocina, el olor a ajo y limón llenó el aire mientras él picaba cebolla con maestría. Me acerqué por detrás, fingiendo ayudar, y mi pecho rozó su espalda. Se giró despacio, con una mirada que gritaba deseo.
¿Sabes qué, Alex? Desde que te vi en la playa supe que eras de los que no se andan con rodeos. Sus labios rozaron los míos, suaves al principio, probando como si fuera el primer trago de una cerveza helada. Sabían a sal, tequila y promesas.
El beso se profundizó. Sus manos grandes me tomaron la nuca, atrayéndome más. Gemí bajito cuando su lengua invadió mi boca, explorando con hambre contenida. Mi verga ya estaba dura como piedra contra su muslo. Lo empujé contra la encimera, sintiendo su erección igual de firme presionando la mía. Qué chingón se siente esto, pensé mientras mis dedos se clavaban en sus nalgas firmes, redondas del surf.
Nos movimos al cuarto sin dejar de besarnos, tropezando con la alfombra. La habitación olía a sábanas limpias y a su esencia masculina. La luz de la luna entraba por la ventana abierta, iluminando su cuerpo desnudo cuando le quité la camiseta. Sus pezones oscuros se erizaron al aire fresco, y yo los lamí, succionando suave mientras él arqueaba la espalda.
¡Ay, wey, qué rico! Sigue así, jadeó, su voz ronca como el mar en tormenta.
Me arrodillé frente a él, bajándole el short. Su verga saltó libre, gruesa, venosa, con el prepucio medio retraído y una gota de precum brillando en la punta. Olía a mar y a hombre excitado, ese aroma almizclado que me volvía loco. La tomé en mi mano, sintiendo el pulso acelerado bajo la piel caliente. La lamí desde la base hasta la cabeza, saboreando la sal de su sudor. Él gruñó, enredando sus dedos en mi pelo.
Métetela toda, carnal.
Obedecí, abriendo la boca para engullirla. El grosor me llenó la garganta, y succioné con ganas, moviendo la cabeza arriba y abajo. Sus caderas se movían al ritmo, follando mi boca con cuidado pero firme. El sonido húmedo de mi saliva y sus gemidos llenaban la habitación, mezclados con el lejano rumor de las olas. Mi propia verga palpitaba, goteando en mis boxers, rogando atención.
Me levantó, me quitó la ropa con urgencia. Sus manos ásperas por el sol me acariciaron el pecho, pellizcando pezones hasta que grité de placer-dolor. Me tumbó en la cama, besando mi cuello, mordisqueando el lóbulo de la oreja. Siento su aliento caliente, su barba raspando mi piel sensible. Bajó por mi torso, lamiendo mi ombligo, hasta llegar a mi verga. La devoró como si fuera el mejor taco de la vida, su lengua girando alrededor de la cabeza, tragándosela hasta las bolas. El placer era eléctrico, subiendo por mi columna como un rayo.
—
Quiero cogerte, Alex. ¿Me dejas?murmuró contra mi piel, sus ojos pidiendo permiso.
—
Sí, wey. Chingame duro, pero con cuidado. Estaba empoderado, listo, deseándolo tanto como él a mí.
Sacó un condón y lubricante del cajón, se lo puso con manos temblorosas de anticipación. Me puso de rodillas, escupiendo en mi culo para lubricar. Sus dedos entraron primero, uno, dos, abriéndome con ternura experta. Gemí, empujando contra él. Se siente tan lleno, tan bien. Finalmente, su verga presionó mi entrada, deslizándose centímetro a centímetro. El estiramiento ardía delicioso, y cuando estuvo todo adentro, nos quedamos quietos, jadeando, sintiendo el latido compartido.
Empezó a moverse, lento al principio, saliendo casi todo y embistiendo profundo. El sonido de piel contra piel, chapoteante por el lube, era hipnótico. Sus manos en mis caderas, tirando de mí hacia él. Aceleró, follando con ritmo creciente, su sudor goteando en mi espalda. Yo me pajeaba la verga, sincronizando con sus thrusts.
¡Qué apretado estás, cabrón! Me vas a hacer venir, gruñó.
El clímax se acercaba como una ola gigante. Sentí sus embestidas más fuertes, su verga hinchándose dentro de mí. Grité cuando exploté, mi semen salpicando las sábanas en chorros calientes. Él me siguió segundos después, rugiendo mi nombre mientras se vaciaba en el condón, su cuerpo temblando contra el mío.
Nos derrumbamos, enredados, con el pecho subiendo y bajando al unísono. El aire olía a sexo, sudor y mar. Me besó la sien, suave.
Netaj, eso fue pasion gay xxx de la buena, susurró riendo bajito.
Nos quedamos así, escuchando las olas, con su brazo alrededor de mi cintura. No hubo promesas ni dramas, solo esa conexión pura, empoderadora. Al amanecer, con el sol tiñendo el cielo de dorado, supe que esta noche había recargado más que pilas: había despertado algo vivo en mí. Volveré a Vallarta, y a Marco, por más de esto.