Novelas de Amor y Pasión para Leer Gratis en la Noche Ardiente
Tú estás recostada en tu cama, en ese departamento chiquito pero cozy en la colonia Roma de la CDMX, con el ventilador zumbando perezosamente sobre tu cabeza. La noche de verano es pegajosa, el aire huele a jazmín del vecino y a esa lluvia reciente que deja todo fresco pero húmedo. Agarras tu cel para distraerte del calor y la soledad, tecleas en el buscador novelas de amor y pasión para leer gratis. Sales un chorro de resultados, pero eliges una que promete fuego puro: una historia de amantes prohibidos que se devoran en las sombras.
Lees las primeras líneas y sientes un cosquilleo en el estómago. La chava del relato describe cómo el vato la besa, con labios que saben a tequila y sal, manos que recorren su piel como si fuera mapa de tesoros.
¿Por qué carajos no me pasa algo así a mí?piensas, mientras tus dedos bajan despacito por tu panza, rozando el elástico de tus panties. El calor entre tus piernas crece, neta, como si las palabras saltaran de la pantalla y te tocaran. Apagas la luz, solo queda el brillo del cel iluminando tu cara, y sigues leyendo, imaginándote en lugar de la protagonista.
De repente, un mensajito vibra: es Marco, tu carnal del gym, ese morro alto, moreno, con ojos que te clavan como puñales cada vez que se ven. "¿Qué onda, reina? ¿Despierta todavía?" Sonríes, el pulso se te acelera. Hace semanas que hay química, miraditas en las pesas, roces "accidentales" en la regadera. Le contestas: "Leyendo unas novelas de amor y pasión para leer gratis, wey. Me tienen bien prendida." Él responde al tiro: "¿En serio? Suena a que necesitas compañía pa' practicar lo que lees." Ríes bajito, el sonido se pierde en la noche, pero sientes el calor subirle a las mejillas.
Media hora después, tocan la puerta. Abres en shortcito y tank top ajustado, sin bra, y ahí está él, con jeans rotos y playera negra que marca sus pectorales. Huele a jabón fresco y un toque de colonia barata pero rica, como a madera y cítricos. Chingao, qué guapo se ve, piensas, mientras lo dejas pasar. Se sientan en el sillón, cervezas frías de la nevera en mano, el vapor condensándose en los vidrios. Hablan de la novela que estás leyendo, él se ríe cuando le cuentas los detalles calientes.
—Neta, esas novelas de amor y pasión para leer gratis son lo máximo —dices, acercándote un poquito—. Te ponen a mil sin gastar un peso.
Él te mira fijo, con esa sonrisa pícara de mamoncito que te encanta.
—Mejor que leer es hacerlo en vivo, ¿no crees, preciosa?
El aire se carga de electricidad. Sientes su rodilla rozar la tuya, un toque inocente que enciende todo. Tus pezones se endurecen bajo la tela, traicioneros, y él lo nota, porque sus ojos bajan un segundo. El corazón te late en los oídos, como tambores en una fiesta de pueblo. Te inclinas, tus labios rozan su oreja, susurras:
—Muéstrame entonces, Marco. Hazme olvidar esas novelas.
Acto dos: la tensión sube como el volcán que late dentro de ti. Él te jala suave por la cintura, sus manos grandes y callosas —de tanto levantar fierro— se posan en tu cadera. Sientes la aspereza de sus palmas contra tu piel suave, un contraste que te eriza el vello. Se besan por fin, lento al principio, explorando. Su boca sabe a chela y a menta del chicle que masticaba, lengua tibia que danza con la tuya, chupando, mordiendo tu labio inferior hasta que gimes bajito. Qué rico, pendejo, no pares, pasa por tu mente mientras tus uñas se clavan en su nuca, el sudor empezando a perlar su cuello.
Se levantan, tropezando un poco, riendo como chavos traviesos. Caminan a la cama, él te quita la tank top con urgencia pero sin rudeza, exponiendo tus tetas al aire fresco. Las mira como si fueran arte, "Estás cañona, mi amor", dice con voz ronca, y las acaricia, pulgares en los pezones, círculos que te hacen arquear la espalda. Tú le bajas los jeans, sientes su verga dura presionando el bóxer, gruesa y caliente bajo tus dedos. La liberas, la agarras, piel de terciopelo sobre acero, y él gruñe, un sonido animal que vibra en tu pecho.
Caen en la cama, sábanas revueltas oliendo a tu perfume de vainilla. Él besa tu cuello, bajando por el valle de tus senos, lamiendo un pezón mientras pellizca el otro. Sientes su aliento caliente, húmedo, la saliva fresca secándose al instante. Tus manos enredadas en su pelo negro, lo guías más abajo. Él obedece, besos en tu panza, mordisquitos en las caderas, hasta llegar a tus panties empapadas. Las huele, qué vato tan sucio y delicioso, y las arrastra con los dientes, exponiéndote al todo.
—Estás chorreando, reina —murmura, y su lengua toca tu clítoris, plano y lento primero, saboreando tu jugo salado y dulce. Gimes fuerte, las caderas se alzan solas, buscando más. Él chupa, mete un dedo, luego dos, curvándolos adentro, frotando ese punto que te hace ver estrellas. El sonido es obsceno, chapoteo húmedo mezclado con tus jadeos y el zumbido del ventilador.
Esto es mejor que cualquier novela de amor y pasión para leer gratis, piensas, mientras el orgasmo se arma como tormenta, tenso, inevitable.
Pero no lo dejas acabar ahí. Lo empujas, te subes encima, cabalgándolo como reina. Su verga entra despacio, estirándote, llenándote hasta el fondo. Sientes cada vena, cada pulso, el calor abrasador. Empiezas a moverte, lento, círculos que lo vuelven loco, sus manos en tus nalgas, amasando, guiando. Aceleras, piel contra piel, slap slap slap, sudor goteando, mezclándose. Él te mira, ojos negros de deseo puro, "Córrete conmigo, mi chula". El clímax explota, olas de placer que te sacuden, contrayéndote alrededor de él, ordeñándolo mientras él gruñe y se vacía adentro, caliente, profundo.
Acto tres: el afterglow es puro paraíso. Se quedan pegados, jadeando, su pecho subiendo y bajando bajo tu mejilla. Huele a sexo, a sudor limpio, a nosotros. Él acaricia tu espalda con dedos perezosos, trazando espirales que te relajan los músculos. Besos suaves en la frente, en la sien.
—Neta, eso fue épico —dice él, riendo bajito—. Olvídate de esas novelas.
Tú sonríes, satisfecha, el cuerpo pesado de placer residual.
—Pero las voy a seguir leyendo... pa' inspirarme pa' la próxima vez.
Se duerme primero, ronquido suave como arrullo. Tú miras el techo, el cel todavía abierto en esa página de novelas de amor y pasión para leer gratis. Sientes una paz chida, como si hubieras cerrado un capítulo y abierto otro mejor. La noche se enfría un poco, pero entre sus brazos estás caliente, completa. Mañana será otro día, pero esta pasión, esta conexión, se queda grabada en la piel, lista pa' repetirse. Qué chingón es la vida cuando la vives en carne propia.