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Caifas La Pasión Desnuda de Cristo

7593 palabras

Caifas La Pasión Desnuda de Cristo

En el bullicio de un pueblo tapatío durante Semana Santa el aire se cargaba de incienso quemado y el eco de rezos lejanos. La plaza principal vibraba con los ensayos de Caifas La Pasión de Cristo la obra que cada año reunía a todo el barrio en una catarsis colectiva. Alejandro el tipo que interpretaba a Caifás era un morro de treinta y cinco bien plantado con pecho ancho y manos callosas de tanto cargar madera en la carpintería. Sus ojos negros brillaban con una intensidad que ponía nerviosa a la gente especialmente a Mateo el cabrón que hacía de Jesús.

Mateo de veintiocho tenía el cuerpo de atleta esculpido por horas en el gimnasio del pueblo cabello largo hasta los hombros y una sonrisa que desarmaba. Vestido con la túnica blanca raída sudaba bajo el sol de mediodía mientras practicaban la escena del juicio. Alejandro lo observaba desde el escenario improvisado de madera astillosa el corazón latiéndole como tambor de banda sinaloense.

Órale este pendejo con su piel dorada por el sol y ese olor a hombre fresco mezclado con sudor me tiene bien encendido
pensó mientras ajustaba su propia túnica de sacerdote fariseo bordada con hilos dorados que rozaban su piel erizada.

El director un viejo gritón chillaba órdenes: ¡Caifás acusa con rabia pero con duda interna! ¡Jesús resiste con paz divina! Alejandro se acercó a Mateo en el clímax de la escena sus dedos rozando apenas el hombro desnudo del otro. El contacto fue eléctrico como un rayo en tormenta de mayo. Sintió el calor de esa piel suave salada al gusto el pulso acelerado bajo la yema del pulgar. Mateo levantó la vista sus ojos verdes clavándose en los de Alejandro un segundo más de lo necesario. El público de extras contuvo el aliento pero ellos dos ya estaban en su propio mundo un pulso subterráneo de deseo que nadie más notaba.

Al bajar del escenario después del ensayo Alejandro no pudo evitar seguir a Mateo hasta los camerinos improvisados en el sótano de la iglesia. El lugar olía a vela derretida y a humedad de piedra vieja las paredes rezumaban historia. Mateo se quitó la túnica quedando en boxers ajustados que marcaban cada curva de sus nalgas firmes y el bulto creciente en la entrepierna. ¿Qué pedo carnal? ¿Vienes a platicar de la obra o qué? dijo Mateo con voz ronca girándose con una cerveza fría en la mano.

Alejandro tragó saliva el gusto metálico de la anticipación en la lengua. Neta güey desde el primer ensayo te veo y se me para como nunca. Esa escena del juicio me prende cañón confesó cerrando la puerta con un clic que resonó como sentencia. Mateo soltó una risa baja gutural dejando la cerveza para acercarse. Sus pechos chocaron piel contra piel el vello rizado de Alejandro rozando la suavidad lampiña de Mateo.

Chingado su boca huele a menta y cerveza su aliento caliente en mi cuello me va a matar
bullía en la mente de Alejandro mientras sus labios se encontraban en un beso hambriento lenguas enredándose con sabor a sal y anhelo reprimido.

Las manos de Mateo bajaron expertas desatando la faja de Alejandro liberando su verga dura palpitante ya goteando precum. Pinche Caifás siempre tan mandón murmuró Mateo arrodillándose el piso frío contra sus rodillas pero el calor de la polla en su boca lo compensaba todo. Alejandro jadeó el sonido áspero rebotando en las paredes su mano enredándose en el cabello húmedo de Mateo guiándolo con gentileza. La succión era perfecta húmeda caliente la lengua girando alrededor del glande saboreando cada gota. Olía a macho puro ese aroma almizclado de axilas y entrepierna que volvía loco a Alejandro sus caderas moviéndose instintivamente empujando más profundo.

Pero no querían apresurarse. Alejandro lo levantó besándolo de nuevo compartiendo el sabor de sí mismo en esa boca hinchada. Vamos a mi casa carnal aquí nos cachan y adiós obra susurró Alejandro la voz quebrada por la urgencia. Salieron disfrazados de sombras por la noche estrellada el viento fresco secando el sudor de sus cuerpos. La casa de Alejandro era humilde pero chida con patio trasero donde las bugambilias rojas perfumaban el aire como sangre de pasión.

Ya adentro puertas cerradas se desnudaron mutuamente con lentitud reverente. Alejandro exploró el cuerpo de Mateo con manos temblorosas palpando pectorales duros pezones erectos que pellizcó suavemente arrancando gemidos bajos como rezos. Te sientes como terciopelo sobre acero güey gruñó bajando besos por el abdomen plano hasta el ombligo donde lamió el sudor salado. Mateo se arqueó gimiendo ¡Sigue cabrón no pares! su verga tiesa rozando la mejilla de Alejandro gruesa venosa con venillas pulsantes.

Se tumbaron en la cama king size sábanas frescas de algodón mexicano crujiendo bajo su peso. Alejandro untó lubricante de vainilla en sus dedos el aroma dulce invadiendo la habitación mientras preparaba a Mateo abriéndole despacio.

Sus ojos vidriosos de placer su ano apretado cediendo a mis dedos me hace sentir poderoso como el verdadero Caifás pero en vez de juzgar quiero adorar
pensó Alejandro introduciendo un dedo dos sintiendo las paredes calientes contraerse. Mateo se retorcía jadeando Ya métemela pinche lento me matas de rico sus uñas clavándose en los hombros de Alejandro dejando marcas rojas como estigmas.

Finalmente Alejandro se posicionó empujando con cuidado la cabeza de su verga abriéndose paso en ese calor vírgen apretado. Ambos gruñeron al unísono el placer explosivo como fuegos artificiales en feria. Alejandro embestía rítmico profundo el slap slap de carne contra carne mezclándose con suspiros y ¡Sí más duro! El sudor chorreaba goteando de frentes a pechos lubricando todo. Mateo se pajeaba sincronizado su mano volando sobre su polla el precum brillando bajo la luz tenue de la lámpara.

La tensión creció como tormenta el clímax acercándose en oleadas. Alejandro aceleró follándolo con furia contenida besando el cuello mordisqueando orejas susurrando Eres mi Cristo mi pasión desatada. Mateo explotó primero chorros calientes salpicando sus abdominales el grito ahogado ¡Me vengo cabrón! apretando alrededor de Alejandro lo suficiente para lanzarlo al abismo. Semen inundando profundo pulsos interminables Alejandro colapsando sobre él cuerpos temblando pegajosos.

En el afterglow yacían enredados el olor a sexo y vainilla impregnando las sábanas sus respiraciones calmándose como olas mansas. Alejandro acarició la espalda de Mateo trazando círculos perezosos. Esto fue mejor que cualquier ensayo de Caifas La Pasión de Cristo neta murmuró riendo bajito. Mateo lo miró con ojos soñolientos Y ni empezó la función principal carnal. Mañana en el juicio todos verán la química pero solo nosotros sabremos el fuego de verdad.

Se durmieron así unidos en la penumbra el eco de campanas lejanas marcando horas santas pero para ellos era puro pecado bendito. Al amanecer Alejandro despertó con el sol filtrándose por las cortinas besando la frente de Mateo.

Esta pasión no es de teatro es real y me cambia la vida como un juicio divino
reflexionó mientras preparaba café negro humeante. Salieron al patio compartiendo miradas cargadas de promesas futuras ensayos que serían puro preámbulo a noches como esta. En el pueblo la obra seguiría pero su historia apenas desataba alas de deseo eterno.

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