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Drácula Pasional PDF de Noches Eternas

6481 palabras

Drácula Pasional PDF de Noches Eternas

Estás sola en tu departamento de la Condesa, con el calor de la noche mexicana colándose por la ventana abierta. Es una de esas noches en que el cuerpo te pide a gritos algo más que el ventilador zumbando como loco. Agarras tu laptop, neta que ya estás harta de las series de Netflix, y buscas algo que te prenda de verdad. Tecleas dracula pasional pdf en el buscador, porque siempre has tenido esa chingonería por los vampiros sexys, esos que te chupan el alma y el alma al mismo tiempo.

Aparece un link turbio pero chido, lo bajas sin pensarlo dos veces. El archivo se abre: Drácula Pasional PDF. Las palabras saltan como fuego líquido, describiendo a un conde eterno con ojos que queman, labios que prometen placeres prohibidos. Lees en voz baja, sintiendo cómo el aire se espesa. Imagínate sus colmillos rozando tu piel, no para herir, sino para hacerte gemir de anticipación, dice el texto. Tu piel se eriza, un cosquilleo sube por tus muslos. Te recuestas en la cama, con las luces bajas, el olor a jazmín de tu vela flotando en el cuarto.

El corazón te late fuerte mientras pasas las páginas. El Drácula del PDF no es el monstruo de las películas gringas; este es pasional, mexicano en su intensidad, con un acento que imaginas ronco como tequila añejo.

Te deseo como la luna al lobo, con hambre que no se sacia
, lee tu mente en su voz inventada. Tus dedos bajan solitos por tu blusa suelta, rozando pezones que se endurecen al toque. El calor entre tus piernas crece, húmedo y exigente. ¿Y si fuera real? ¿Y si este PDF me trae algo más que palabras? Piensas, riéndote de tu propia locura, pero no paras de leer.

De repente, un golpe en la puerta te saca del trance. ¿Quién chingados a las dos de la mañana? Miras por la mirilla: un wey alto, moreno, con ojos negros que brillan como obsidiana bajo la luz del pasillo. Trae una chamarra de cuero que huele a noche y misterio desde adentro. Abres apenas, con el corazón en la garganta.

Buenas noches, reina —dice con voz grave, como si saliera del PDF mismo—. Vi tu luz encendida y sentí... un llamado.

Te quedas muda, pero tu cuerpo ya sabe. Es él, o parece él: el Drácula pasional que acabas de devorar en digital. Lo invitas a pasar, neta que no sabes por qué, pero el deseo manda. Cierra la puerta suave, y el cuarto se llena de su aroma: tierra mojada después de lluvia, mezclado con algo metálico, como sangre dulce.

Se acerca despacio, sus ojos clavados en los tuyos. Esto es consensual, ¿verdad? Todo lo que pase aquí es porque lo quieres, piensas, y asientes sin palabras cuando él pregunta:

¿Quieres que te muestre lo que leíste en ese PDF?

Tu pulso se acelera, un tambor en los oídos. Asientes, y él sonríe, colmillos apenas visibles, juguetones. Sus manos frías tocan tus brazos, enviando chispas por tu espina. Te besa el cuello primero, labios suaves como terciopelo, lengua trazando venas que laten furiosas. Sabes a sal y deseo en su boca, un sabor que te hace arquearte contra él.

La tensión sube como el volcán que sientes explotar adentro. Lo jalas de la chamarra, quitándosela con dedos temblorosos. Su pecho es duro, marcado, piel pálida que se calienta al tacto de tus palmas. Es real, wey, neta es real, internalizas mientras él te desnuda lento, saboreando cada centímetro. Tus senos libres, él los acaricia con pulgares expertos, pellizcando justo lo suficiente para que gimas bajito. El sonido rebota en las paredes, mezclándose con su respiración entrecortada.

Te lleva a la cama, donde el PDF aún abierto brilla en la pantalla. Lo ignora, enfocado en ti. Baja por tu vientre, besos húmedos que dejan rastros de fuego. El olor de tu excitación llena el aire, almizclado y dulce. Sus dedos abren tus muslos, rozando el interior sensible, haciendo que arquees las caderas. ¡Chíngame ya, pendejo pasional! Gritas en tu mente, pero sales con un por favor, más ronco.

Él obedece, lengua experta en tu clítoris, lamiendo con hambre vampírica pero tierna. Sientes cada vuelta, cada succión, como olas que te llevan al borde. Tus manos en su cabello negro, tirando suave, guiándolo. El placer crece, tensión enredada en tu bajo vientre, músculos apretándose. Él murmura contra tu piel:

Sabes a vida eterna, mi reina mexicana.

No aguantas más, el clímax te parte en dos, un grito ahogado que sale como ¡ay, cabrón! Olas de éxtasis recorren tu cuerpo, piernas temblando, visión borrosa. Pero él no para; te voltea boca abajo, nalgotas en alto, y entra en ti de una, su verga dura como mármol eterno, llenándote perfecto. El roce es eléctrico, piel contra piel resbalosa de sudor y jugos.

Empieza el ritmo: lento al principio, cada embestida profunda, tocando ese punto que te hace ver estrellas. Sus manos en tus caderas, jalándote contra él, sonidos de carne chocando, húmedos y obscenos. Hueles su sudor mezclado con el tuyo, sientes su aliento en tu espalda, colmillos rozando sin morder, solo prometiendo más. Aceleras, tú empujas hacia atrás, dale duro, Drácula, hazme tuya piensas, y él lo hace, gruñendo como bestia en celo.

La intensidad sube, psicológica y física: recuerdos del PDF se mezclan con la realidad, su pasión te envuelve como niebla nocturna. Sientes su pulso contra tu espalda, falso pero convincente, latiendo al ritmo del tuyo. Otro orgasmo te acecha, más grande, y cuando llega, explota en temblores que lo aprietan, llevándolo con él. Él se corre dentro, caliente y abundante, un rugido gutural que vibra en tu pecho.

Caen juntos, enredados, respiraciones jadeantes calmándose. Su piel ahora cálida, abrazándote protector. El cuarto huele a sexo crudo, a jazmín marchito, a promesas cumplidas. Miras la laptop: el dracula pasional pdf sigue ahí, como un portal que se cerró feliz.

¿Fue un sueño? —preguntas, voz ronca.

Él ríe bajito, besándote la frente.

No, mi amor. Fue pasional. Y puede repetirse.

Te quedas ahí, en afterglow, cuerpo pesado de placer, mente flotando en serenidad. Mañana buscarás más PDFs, pero esta noche, con él a tu lado, sabes que la pasión eterna ya es tuya. El amanecer asoma, pero los vampiros pasionales como él esperan la siguiente luna.

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