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Pasión de Gavilanes Desatada desde Wikipedia

6524 palabras

Pasión de Gavilanes Desatada desde Wikipedia

Jimena se recostó en el sillón de su departamento en Guadalajara, con el calor de la tarde colándose por las cortinas entreabiertas. El sol pintaba rayas doradas en su piel morena, y el ventilador zumbaba perezoso, moviendo el aire cargado de jazmín del jardín vecino. Tenía veintiocho años, soltera por elección, y esa noche no quería salir. En cambio, encendió la tele y dio con Pasión de Gavilanes, esa novela que su mamá tanto repetía en las tardes de antaño. Los hermanos Reyes, rudos y apasionados, conquistando a las Elizondo con una ferocidad que hacía latir su corazón más rápido.

Órale, qué chido —murmuró, sintiendo un cosquilleo en el estómago. La pasión cruda, los besos bajo la lluvia, las miradas que prometían fuego. No pudo resistirse. Sacó su celular, tecleó pasion de gavilanes wikipedia y se perdió en las páginas. Leyó sobre los gavilanes, símbolos de venganza y deseo en las llanuras colombianas, pero en su mente se transformó en algo mexicano, ranchero, con tequila y noches de luna llena. Los personajes cobraban vida: Franco, el mujeriego; Óscar, el fuerte; Juan, el líder. Imaginó sus manos callosas sobre su cuerpo, y un calor húmedo se instaló entre sus muslos.

Apagó la tele, pero el deseo no se iba. Se levantó, se quitó la blusa ligera, quedando en bra y shorts. El espejo del pasillo reflejaba sus curvas generosas, pechos firmes que subían y bajaban con agitación.

¿Y si yo fuera una Elizondo? ¿Si un Reyes me reclamara aquí, en mi propia tierra?
pensó, mordiéndose el labio. El teléfono vibró: Marco, su amigo de la uni, el que siempre la miraba con ojos hambrientos. "Wey, ¿vienes a la carnita asada en la casa de los abuelos? Trae tu buena vibra". Simón, respondió. Se vistió con un vestido floreado ceñido, que marcaba su cintura y dejaba ver el movimiento de sus caderas al caminar.

La casa de los abuelos de Marco era una hacienda chica en las afueras, con mangos colgando y música de banda sonando bajito. El olor a carne asada, limón y cilantro llenaba el aire, mezclado con el humo de la parrilla. Jimena llegó y ahí estaba él, no Marco, sino Alex, el primo que acababa de volver de trabajar en el rancho familiar. Alto, moreno, con camisa a cuadros arremangada mostrando antebrazos musculosos, barba incipiente y una sonrisa que gritaba te voy a devorar. Parecía sacado de la pasion de gavilanes wikipedia: un Reyes moderno, con botas polvorientas y ojos que perforaban.

—Jimena, mamacita, ¡qué buena onda que viniste! —dijo Alex, acercándose con una cerveza fría en la mano. Su voz grave vibró en su pecho, y ella sintió el roce accidental de su brazo contra el suyo, piel cálida y áspera como cuero curtido.

Hablaron toda la noche, sentados en una banca bajo los mangos. El jugo dulce goteaba de la fruta que compartían, y sus dedos se rozaban al pasarla. Jimena le contó de la novela, de cómo la pasion de gavilanes wikipedia la había puesto caliente esa tarde. Alex rio, pero sus ojos se oscurecieron.

Neta? Yo soy como esos gavilanes, pendejo por una mujer que me mire así. ¿Quieres que te muestre?

El pulso de Jimena se aceleró, el corazón golpeteando como tambor ranchero. El deseo inicial era un fuego lento, pero ahora ardía. Caminaron hacia el establo viejo, donde el heno crujía bajo sus pies y el olor a caballo y tierra húmeda los envolvía. La luna filtraba plata por las rendijas, iluminando su rostro. Alex la acorraló contra la pared de madera, suave al principio, su aliento a cerveza y menta rozando su cuello.

—Dime si quieres parar, corazón —susurró, y ella negó con la cabeza, jalándolo por la camisa.

Sus labios se encontraron en un beso hambriento, lenguas danzando con sabor a mango y sal. Las manos de él subieron por sus muslos, levantando el vestido, tocando la piel suave y caliente. Jimena jadeó, sintiendo la dureza de su erección presionando contra su vientre. Qué chingón, pensó, mientras sus uñas arañaban su espalda. Él la alzó, envolviendo sus piernas alrededor de su cintura, y la penetró con una embestida lenta, profunda, llenándola por completo. El olor de su sudor se mezcló con el heno, el sonido de sus gemidos ahogados por el viento nocturno.

Pero no era solo físico; en su mente, era la pasión de los gavilanes, venganza convertida en éxtasis. Alex la besaba el cuello, mordisqueando, mientras sus caderas chocaban rítmicamente.

Esto es mejor que cualquier wikipedia, más real, más mío
, reflexionó ella, arqueando la espalda. Él gruñó, acelerando, sus manos amasando sus nalgas firmes. El clímax se acercaba como tormenta, tensiones internas liberándose: el miedo a entregarse, el anhelo de ser poseída sin perderse.

Cambiaron posiciones, ella encima ahora, cabalgándolo sobre una manta en el heno. Sus pechos rebotaban libres, él los chupaba con avidez, lengua áspera en pezones endurecidos, sabor salado de su piel. Jimena giraba las caderas, sintiendo cada vena de su verga pulsando dentro, el roce en su clítoris enviando chispas. —¡Más fuerte, cabrón! —exigió, y él obedeció, embistiendo desde abajo con fuerza animal. El establo temblaba con sus cuerpos, sudor goteando, mezclándose.

La tensión creció, capas de deseo: recuerdos de soledad, la novela como catalizador, ahora esta conexión cruda. Alex la volteó de rodillas, entrando por detrás, mano en su cabello tirando suave, la otra en su clítoris frotando en círculos. Ella gritó, el placer explotando en olas, contrayéndose alrededor de él, ordeñándolo. Él la siguió segundos después, derramándose caliente dentro, rugido gutural escapando de su garganta.

Colapsaron juntos, respiraciones entrecortadas, cuerpos pegajosos y temblorosos. El afterglow los envolvió como niebla tibia: él acariciando su espalda, besos suaves en la sien. Jimena sonrió, oliendo su aroma mezclado con el de la tierra.

Pasión de gavilanes, pero nuestra, aquí en México, sin guion, solo verdad
.

Se vistieron despacio, risas compartidas, promesas de más noches. Caminaron de regreso a la fiesta, manos entrelazadas, el mundo vibrante con colores nuevos. Esa búsqueda en pasion de gavilanes wikipedia había desatado algo eterno en ella: no solo sexo, sino un lazo ardiente, empoderador, que la hacía sentir viva como nunca.

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