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Frases de la Pelicula Diario de una Pasion que Encienden el Deseo

6389 palabras

Frases de la Pelicula Diario de una Pasion que Encienden el Deseo

La lluvia caía como un susurro caliente sobre las calles empedradas de la Roma, en el corazón de la Ciudad de México. Yo, Ana, acababa de salir del cine con un café en la mano, el aroma fuerte del chocolate mexicano mezclándose con el olor a tierra mojada. Qué chido, pensé, mientras caminaba bajo el toldo de un café hipster. Ahí lo vi: Diego, con su sonrisa pícara y esos ojos cafés que parecían prometer aventuras. Nos conocimos en una expo de arte la semana pasada, pero esta noche el destino nos juntó de nuevo.

"Órale, Ana, ¿vienes del cine? ¿Qué peliculón te aventaste?", me dijo él, acercándose con esa confianza de wey regio que me volvía loca.

"Una de esas románticas que te dejan con el corazón latiendo a mil. Diario de una pasión, la neta, las frases de la película Diario de una pasión son puro fuego", respondí, sintiendo un cosquilleo en la piel solo de recordarlo.

Nos sentamos en una mesita afuera, la lluvia repiqueteando en los charcos como un ritmo sensual. Hablamos de todo: de cómo esas líneas del filme nos recordaban amores pasados, de deseos reprimidos. Diego se inclinó, su aliento cálido rozando mi oreja. "It seems only yesterday we were lying out on the dock", murmuró en inglés, imitando a Noah, pero con acento mexicano que lo hacía aún más sexy.

Mi pulso se aceleró.

¿Por qué carajos este pendejo me pone así con una simple frase?
Lo invité a mi depa, que estaba a dos cuadras, en un edificio viejo pero chulo con balcón a la avenida. Subimos las escaleras riendo, empapados, el agua chorreando de nuestra ropa pegada al cuerpo.

En el elevador, su mano rozó la mía. Electricidad. Abrí la puerta y el olor a velas de vainilla que había encendido antes nos envolvió. "Pon la peli otra vez", le pedí, mientras sacaba unas chelas frías del refri. Nos acurrucamos en el sofá de terciopelo rojo, la pantalla iluminando nuestras caras. Cada frase de la película Diario de una pasión caía como una caricia: "Es como una ola en la playa, que sube y baja". Diego traducía al español mexicano, agregando "como cuando te clavo los ojos y sientes que te como con la mirada".

El deseo crecía lento, como la tormenta afuera. Su pierna presionaba contra la mía, el calor de su muslo traspasando el jeans mojado. Yo sentía mi panocha humedeciéndose, un pulso insistente entre las piernas. Neta, Ana, contrólate, me dije, pero su mano subió por mi brazo, dedos fuertes rozando mi piel erizada.

Acto primero del fuego: un beso. Sus labios sabían a café y lluvia, su lengua explorando la mía con hambre contenida. Gemí bajito, el sonido ahogado por el trueno. Lo empujé suave contra el sofá, montándome a horcajadas. "Si me dejas ahora, no te lo perdonaré jamás", susurré, citando la peli, adaptada a mi voz ronca de deseo.

Sus manos grandes bajaron por mi espalda, apretando mis nalgas con fuerza juguetona. "Qué rica estás, morra", gruñó, mordisqueando mi cuello. El olor de su colonia mezclada con sudor fresco me mareaba. Le quité la playera, revelando un pecho moreno, músculos duros de tanto gym. Mis uñas arañaron suave su piel, sintiendo los latidos acelerados bajo mis palmas.

Me levantó como si no pesara, llevándome al cuarto. La cama king size nos esperaba, sábanas de algodón egipcio suaves como seda. Caímos riendo, pero el riso se volvió jadeo cuando sus dedos desabrocharon mi blusa. Mis chichis saltaron libres, pezones duros como piedras bajo su mirada hambrienta. "Eres tan hermosa que duele mirarte", dijo, parafraseando otra frase de la película Diario de una pasión, y chupó uno, lengua caliente girando, enviando chispas directo a mi clítoris.

El medio tiempo ardía. Yo lo volteé, besando su abdomen marcado, bajando al bulto en su pantalón. Lo desabroché lento, torturándolo. Su verga saltó, gruesa, venosa, goteando precum que lamí con deleite salado. "¡Carajo, Ana!", exclamó, agarrando mi pelo. La chupé profunda, sintiendo cómo palpitaba en mi garganta, su sabor almizclado invadiendo mis sentidos. Él gemía, caderas moviéndose al ritmo de mi boca, el sonido húmedo mezclándose con la lluvia.

Pero quería más. Lo empujé de espaldas, subiéndome encima. Mi panocha rozaba su punta, jugos calientes lubricando. "No te detengas, como en la peli", le rogué, y bajé despacio, centímetro a centímetro, su grosor estirándome delicioso.

¡Qué chingón se siente! Llenándome hasta el fondo, como si fuéramos uno solo.
Cabalgaba lento al principio, sintiendo cada vena rozando mis paredes internas, mis chichis rebotando con cada embestida.

Diego se incorporó, mamando mis tetas mientras yo aceleraba. Sus manos en mis caderas guiaban, fuerte pero tierno. Sudor perlando su frente, olor a macho puro. Cambiamos: él encima, misionero intenso. Sus ojos clavados en los míos, citando "Te quiero tanto que me duele el alma", mientras me penetraba profundo, bolas golpeando mi culo. El slap-slap de piel contra piel, mis gemidos altos, su gruñido animal.

La tensión subía como ola. Mis piernas alrededor de su cintura, uñas clavadas en su espalda. "Más fuerte, wey, hazme tuya", exigí, empoderada en mi placer. Él obedeció, follando con ritmo salvaje, mi clítoris frotándose contra su pubis. El orgasmo me golpeó primero: un estallido blanco, panocha contrayéndose alrededor de su verga, jugos squirteando. Grité su nombre, el mundo disolviéndose en placer puro.

Él siguió, prolongando mi éxtasis, hasta que rugió, llenándome con chorros calientes, profundo. Colapsamos, jadeando, cuerpos pegajosos de sudor y fluidos. La lluvia amainaba, un goteo suave en la ventana.

En el afterglow, acurrucados, su dedo trazaba patrones en mi piel. "Las frases de la película Diario de una pasión nos unieron esta noche", murmuró. Yo sonreí, besando su pecho.

Esto no es solo sexo, es conexión, como en esas historias que nos encienden el alma.
Dormimos entrelazados, el aroma de nuestro amor flotando en el aire, promesa de más noches así.

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