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Inocencia Pasional Wattpad

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Inocencia Pasional Wattpad

Ana se recostó en su cama king size en su depa en Polanco, con el aire acondicionado zumbando bajito como un susurro fresco contra el calor pegajoso de la noche capitalina. Tenía veintiséis pirulos, un curro chido en una agencia de diseño, pero esa noche su mente andaba en otra. Abrió la app de Wattpad en su iPhone, buscando algo que le acelerara el pulso. Inocencia Pasional, leyó en la portada de una historia viral. La sinopsis prometía una chava ingenua que despertaba a la pasión con un tipo ardiente. Neta, le picó la curiosidad. Empezó a leer, las palabras se le colaban por los ojos como caricias prohibidas.

El olor a vainilla de su vela Yankee Candle flotaba en el aire, mezclándose con el leve aroma a jazmín de su loción corporal. Cada párrafo la ponía más inquieta. La prota describía el roce de unos labios en el cuello, el calor de unas manos explorando curvas ocultas. Ana sintió un cosquilleo entre las piernas, su inocencia pasional despertando como en esa historia de Wattpad. Se mordió el labio, imaginándose a ella misma en esas escenas. Hacía meses que no salía con nadie, desde que su ex la dejó por una floja. Pero esa noche, algo cambió. Quería sentirlo.

Al día siguiente, en el gym de su edificio, lo vio. Diego, el vecino del piso de arriba, moreno, con músculos definidos bajo la playera ajustada y una sonrisa que derretía. Siempre se saludaban con un "qué onda, güey", pero hoy sus ojos se engancharon más tiempo. Sudor perlando su piel morena, el sonido de las pesas chocando como un ritmo tribal. Ana, en leggings negros que abrazaban sus caderas anchas, sintió su mirada recorrerla.

¿Y si le digo algo? Neta, parezco la de esa historia, inocente pero con fuego adentro.
Terminó su rutina y, con el corazón latiéndole a mil, se acercó.

—Oye, Diego, ¿has leído cuentos en Wattpad? Hay uno que se llama Inocencia Pasional, está cañón —soltó ella, fingiendo naturalidad mientras secaba el sudor de su cuello con una toalla.

Él rio, esa risa grave que vibró en el pecho de Ana. —Neta? Suena chido. Yo leo de vez en cuando, pero prefiero la acción en vivo, ¿no? ¿Quieres un café después?

Ana asintió, el estómago revolviéndose de nervios y emoción. Acto uno completado: la chispa prendida.

En el café de la esquina, con mesas de madera olorosa a espresso fresco y el bullicio de la Condesa de fondo, charlaron horas. Diego era arquitecto, de Guadalajara tapatío, con acento norteño que la hacía derretir. Contó anécdotas de sus viajes por la costa, ella de sus diseños gráficos inspirados en Frida Kahlo. El roce accidental de sus rodillas bajo la mesa envió chispas. Su piel huele a sándalo y hombre, qué rico, pensó ella, sorbiendo su latte con canela.

—Sabes, esa historia de Wattpad me dejó pensando en lo que uno reprime —confesó Ana, bajando la voz—. Como si mi inocencia pasional quisiera salir a jugar.

Diego la miró fijo, sus ojos cafés oscuros como pozos de deseo. —Entonces déjala salir, Ana. Yo te sigo el paso.

La invitó a su depa esa misma noche. Subieron en el elevador, el silencio cargado de electricidad estática. Dentro, luces tenues, música de Natalia Lafourcade sonando suave, olor a tacos de pastor que había pedido de La Comandancia. Comieron en el sofá, riendo, pero la tensión crecía. Sus manos se rozaron al pasar la salsa, y él no la soltó.

—Eres preciosa, neta —murmuró, su aliento cálido contra su oreja.

Ana sintió el pulso acelerado en su garganta, el calor subiendo por su vientre. Lo besó primero, tímida al inicio, labios suaves probando los suyos, sabor a menta y chile. Él respondió con hambre contenida, lengua explorando, manos en su cintura atrayéndola más cerca. Se levantaron, tropezando hacia la recámara, ropa cayendo como hojas en otoño. Camiseta de él, jeans de ella, hasta quedar en ropa interior.

En la cama, piel contra piel, el tacto áspero de su barba en su clavícula, el gemido bajo que escapó de su garganta cuando él lamió su pezón endurecido.

Esto es mejor que cualquier Wattpad, qué chingón
, pensó Ana, arqueando la espalda. Sus dedos bajaron por su abdomen tonificado, sintiendo los músculos contraerse. Él era gentil, preguntando con la mirada, ella asintiendo ansiosa. "Sí, güey, no pares".

La tensión escalaba. Diego besó su ombligo, bajando lento, inhalando su aroma almizclado de excitación. Lengua en su clítoris, círculos precisos que la hicieron jadear, uñas clavándose en las sábanas de algodón egipcio. El sonido húmedo de su boca, sus propios moans roncos, el colchón crujiendo. Ana se retorcía, el placer acumulándose como tormenta en el desierto sonorense.

—Te quiero dentro, ya —suplicó ella, voz entrecortada.

Él se colocó, preservativo listo —siempre responsable, qué chido—, y entró despacio, centímetro a centímetro. El estiramiento delicioso, plenitud ardiente. Se movieron en ritmo, primero lento, savoring cada embestida, sus pechos rebotando contra su pecho sudoroso. Aceleraron, piel chocando con palmadas húmedas, olor a sexo impregnando el aire. Ana clavó uñas en su espalda, gritando "¡Más, pendejo, así!" en éxtasis juguetón.

El clímax la golpeó como ola en Puerto Vallarta, espasmos violentos, visión borrosa, gusto salado de su sudor en los labios. Él la siguió segundos después, gruñendo su nombre, cuerpo temblando sobre el suyo. Acto dos: la cima de la intensidad, liberada.

Después, enredados en las sábanas revueltas, con el ventilador girando perezoso y el eco de sus respiraciones calmándose, Ana trazó círculos en su pecho. Sudor enfriándose, piel pegajosa, sabor residual de besos en la boca. —Eso fue... inocencia pasional en carne viva, mejor que Wattpad —dijo ella, riendo bajito.

Diego la besó la frente, brazo rodeándola protector. —Y apenas empieza, mi reina. ¿Repetimos mañana?

Ella sonrió, el corazón lleno, la inocencia pasional ya no reprimida, sino floreciendo en su nueva realidad. Afuera, la ciudad palpitaba indiferente, pero dentro, todo era calor, conexión y promesa de más noches ardientes. Reflexionó en silencio: Quién iba a decir que un cuentito en Wattpad me llevaría aquí. Neta, la vida es una chingadera hermosa. Se durmió en sus brazos, satisfecha, empoderada, lista para lo que viniera.

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