Relatos Prohibidos
Inicio Infidelidad Te Deseo Con Locura Y Pasión Te Deseo Con Locura Y Pasión

Te Deseo Con Locura Y Pasión

6386 palabras

Te Deseo Con Locura Y Pasión

La noche en la Roma estaba viva, con ese bullicio chido de bares y restaurantes que hacen que la Ciudad de México se sienta como un latido constante. Yo, Ana, acababa de entrar al antro con mis cuates, vestida con un vestido negro ajustado que me hacía sentir mamacita total. El aire olía a mezcal ahumado y jazmín de los puestos callejeros, y la música reggaetón retumbaba en mis huesos. Ahí lo vi, a Diego, recargado en la barra con una chela en la mano. Alto, moreno, con esa sonrisa pícara que te derrite las rodillas. Nuestras miradas se cruzaron y te deseo con locura y pasión, pensé, sintiendo un calor que subía desde mi vientre.

Me acerqué fingiendo casualidad, pidiendo un tequila reposado. ¿Qué onda, güey? ¿Vienes seguido por acá? le dije, con la voz ronca por la emoción. Él se giró, sus ojos cafés clavándose en los míos como si ya supiera lo que pasaba por mi cabeza. Neta, cada viernes. ¿Y tú, qué te trae por estos rumbos tan calientes? Su voz era grave, con ese acento chilango que me erizaba la piel. Hablamos de pendejadas: el tráfico infernal, los tacos al pastor de la esquina, pero debajo de cada palabra había una chispa. Su mano rozó la mía al pasarme la sal para el tequila, y juro que sentí electricidad. Olía a colonia fresca mezclada con sudor masculino, ese aroma que te hace imaginar cosas sucias.

La pista de baile nos jaló como imán. Bailamos pegaditos, su cuerpo duro contra el mío, mis caderas moviéndose al ritmo de Despacito. Sentía su verga endureciéndose contra mi muslo, y yo me mojaba cada vez que su aliento caliente rozaba mi oreja. Estás rica, Ana, murmuró, y yo reí bajito, mordiéndome el labio. Te deseo con locura y pasión, repetí en mi mente, mientras mis manos exploraban su espalda musculosa bajo la camisa. El sudor nos unía, salado en la lengua cuando lamí su cuello disimuladamente. La tensión crecía, como un volcán a punto de estallar.

¿Y si nos salimos de aquí? Quiero probarte entera, sin testigos, pensé, imaginando sus labios en mi piel, su lengua trazando caminos de fuego.

Salimos al balcón del segundo piso, donde el viento fresco de la noche contrastaba con el calor entre nosotros. La ciudad brillaba abajo, luces neón y cláxones lejanos como banda sonora perfecta. Me acorraló contra la pared, sus manos en mi cintura, y me besó. Dios, qué beso. Sus labios carnosos devorando los míos, lengua invadiendo mi boca con sabor a tequila y deseo puro. Gemí contra él, mis uñas clavándose en sus hombros. Me traes loco, carnala, jadeó, bajando las manos a mis nalgas, apretándolas con fuerza. Yo arqueé la espalda, presionando mis tetas contra su pecho, sintiendo mis pezones duros como piedras.

El mundo se redujo a nosotros. Bajamos las escaleras a trompicones, riendo como adolescentes, y terminamos en su depa a unas cuadras, un loft chulo con vista al skyline. Apenas cerramos la puerta, nos arrancamos la ropa. Su camisa voló, revelando un torso esculpido, vello oscuro bajando hasta unos abdominales que lamí con avidez. Él me quitó el vestido de un tirón, quedándome en tanga y bra. Eres una diosa, dijo, mirándome con hambre. Me levantó en brazos, mis piernas envolviéndolo, y me llevó a la cama king size.

Ahí empezó lo bueno. Me tumbó con gentileza, besando cada centímetro: cuello, clavículas, senos. Chupó mis pezones, mordisqueándolos suave, enviando ondas de placer directo a mi clítoris. Olía a mi propia excitación, ese musk dulce y almizclado que llena el aire. Te deseo con locura y pasión, le susurré al oído, mientras mis manos bajaban a su pantalón. Saqué su verga, gruesa y venosa, palpitante en mi palma. La masturbe lento, sintiendo la piel suave sobre el acero duro, el precum salado en mi lengua cuando la probé.

Él no se quedó atrás. Bajó mi tanga, abriendo mis piernas con manos firmes pero tiernas. Mira qué chingona estás de mojada, gruñó, y hundió la cara entre mis muslos. Su lengua era mágica: lamiendo mi clítoris en círculos, chupando mis labios hinchados, metiendo dos dedos que curvaba justo en mi punto G. Gemí fuerte, órale, no pares, mis caderas buckeando contra su boca. El sonido era obsceno: slurps húmedos, mis jadeos roncos, su respiración agitada. Sudábamos, piel resbalosa, el cuarto oliendo a sexo crudo.

No puedo más, lo necesito dentro, follándome hasta el alma.

Me volteó boca abajo, poniéndome a cuatro patas. Sentí la cabeza de su verga rozando mi entrada, lubricada al mil. ¿Quieres que te coja, Ana? preguntó, voz ronca de lujuria. Sí, pendejo, métemela ya, respondí, empujando hacia atrás. Entró de un thrust profundo, llenándome por completo. Gritamos juntos, el placer explosivo. Empezó a bombear, lento al principio, cada embestida rozando mi pared interna, sus bolas golpeando mi clítoris. Agarró mis caderas, acelerando, el slap-slap de carne contra carne resonando. Yo me tocaba el clítoris, sintiendo el orgasmo construyéndose como una ola gigante.

Cambié de posición, montándolo como amazona. Sus manos en mis tetas, pellizcando pezones, yo rebotando en su polla, sintiendo cada vena estirándome. Nuestros ojos conectados, sudor goteando, besos salados. Vente conmigo, jadeó, y yo exploté. Mi coño se contrajo alrededor de él, milking su verga, olas de éxtasis sacudiéndome entera. Él se corrió segundos después, chorros calientes inundándome, gruñendo mi nombre.

Colapsamos, enredados, respiraciones entrecortadas calmándose poco a poco. Su piel pegada a la mía, cálida y húmeda, el corazón latiéndole fuerte contra mi oreja. Olía a nosotros, a semen y jugos mezclados, embriagador. Me acarició el cabello, besando mi frente. Eso fue chingón, ¿verdad? murmuró. Reí suave, Neta, lo mejor en mucho tiempo. Nos quedamos así, hablando pendejadas sobre la vida, planes para desayunar chilaquiles en el mercado. Esa noche no fue solo sexo; fue conexión, deseo puro que nos unió.

Al amanecer, con el sol filtrándose por las cortinas, lo miré dormir y sonreí. Te deseo con locura y pasión, siempre, pensé, sabiendo que esto era solo el principio. La ciudad despertaba afuera, pero nosotros flotábamos en nuestra burbuja de placer compartido.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a RelatosEroticos.mx.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.