La Pasion del Aguila en Facebook
Estaba sola en mi depa de la Roma, con el calor de la noche de verano pegándome en la piel como una promesa de algo chido. Era viernes, el pinche tráfico de la CDMX ya se había calmado, pero yo seguía inquieta, con ese vacío en el pecho que solo un buen revolcón podía llenar. Agarré mi cel y abrí Facebook, scrolleando sin pensar, hasta que ¡órale! apareció la sugerencia: Pasión Águila. El perfil de un vato que parecía sacado de un sueño mojado. Foto de portada con un águila volando sobre el desierto, y su pic principal... ay, wey, torso desnudo, músculos marcados, un tatuaje de águila en el pecho que brillaba con sudor. Nombre: Alex, pero todos lo llamaban Águila. Neta, mi concha dio un brinco nomás de verlo.
Le di like a unas fotos suyas en la playa, con shorts ajustados que dejaban poco a la imaginación. Él notó, porque de repente ping, un mensaje: "Hola guapa, vi que te gustaron mis pics. ¿Qué onda contigo?" Mi corazón latió fuerte, como tamborazo en una fiesta. Le contesté juguetona: "Sólo admirando al águila en su vuelo jajaja. Soy Laura, de aquí de la ciudad." Empezamos a platicar, fluyó chido. Me contó que era piloto de avionetas, por eso lo del águila, y que andaba soltero, buscando pasión real. Yo le eché flores a su tatuaje, le dije que me daban ganas de trazarlo con la lengua. La plática se puso caliente rápido: "Imagínate mis manos en tus curvas, Laura. Te haría volar alto." Sentí el calor subiendo por mis muslos, me toqué un poquito por encima del short, imaginando su voz grave.
¿Y si le digo que sí a una cita? Neta, hace meses que no siento esto, ese cosquilleo que me moja toda. Águila, vas a ser mi vicio.
Al día siguiente, ya no aguanté. Le propuse vernos en un bar en Polanco, nada fancy pero con buena vibra. Él aceptó al tiro: "Ahí nos vemos, mi pasión." Me arreglé como diosa: vestido negro ceñido que marcaba mis chichis y mi culo redondo, tacones altos, perfume de vainilla que olía a pecado. Llegué puntual, y ahí estaba él, alto, moreno, con jeans que abrazaban sus piernas fuertes y camisa entreabierta dejando ver el águila. Olía a colonia fresca mezclada con hombre, ese aroma que te hace cerrar los ojos y suspirar.
Nos dimos un beso en la mejilla que duró de más, su barba raspándome suave la piel. Pedimos tequilas, charlamos de todo: de la vida loca en México, de sueños de volar libres como águilas. Su mano rozó la mía, enviando chispas por mi espina. "Eres más chingona en persona, Laura. Tus ojos prometen fuego." Le sonreí pícara, sintiendo mis pezones endurecerse contra el vestido. La tensión crecía con cada trago, cada mirada que se clavaba en mi escote. Cuando me tocó la rodilla por debajo de la mesa, su calor me quemó. "¿Vamos a algún lado más privado?" susurró, su aliento cálido en mi oreja. Asentí, empapada ya, el corazón retumbando como motor de avión.
Salimos al valet, su mano en mi cintura guiándome, posesiva pero tierna. Tomamos un Uber a un hotel boutique cerca, de esos con luces tenues y sábanas de mil hilos. En el elevador, no aguantamos: nos besamos como hambrientos, su lengua invadiendo mi boca con sabor a tequila y deseo. Gemí bajito, sintiendo su verga dura presionando contra mi vientre. "Te quiero ya, Águila."
En la habitación, cerró la puerta y me acorraló contra la pared, sus labios devorando mi cuello, mordisqueando suave. Olía a su sudor fresco, a aventura. Me quitó el vestido lento, besando cada centímetro de piel que descubría. "Qué rica estás, nena. Tus chichis perfectas." Las chupó con hambre, lengua girando en mis pezones rosados, enviando descargas directas a mi clítoris. Yo arqueé la espalda, gimiendo, mis uñas clavándose en su espalda musculosa. Tasté su piel salada, lamí el tatuaje del águila, sintiendo cómo latía bajo mi lengua.
Su cuerpo es puro fuego, cada músculo tenso por mí. Neta, nunca había sentido esta conexión tan bestia, como si fuéramos dos almas en vuelo.
Lo empujé a la cama, desabrochando su cinturón con dedos temblorosos de anticipación. Su verga saltó libre, gruesa, venosa, la cabeza brillando de precum. "Qué chingona verga tienes, Águila." La tomé en mi mano, suave pero firme, masturbándolo lento mientras lo veía a los ojos. Él gruñó, profundo, como rugido de bestia. Me arrodillé, la metí en mi boca, saboreando su gusto salado y almizclado, chupando hasta la garganta. Él enredó sus dedos en mi pelo, guiándome sin forzar, "Sí, así, mi pasión. Me vas a volver loco."
No aguanté más. Me subí encima, frotando mi concha empapada contra su pija dura. Estaba chorreando, mis jugos lubricando todo. "Córrete adentro, pero primero fóllame duro." Me penetró de un empujón, llenándome completa, estirándome delicioso. Grité de placer, el sonido rebotando en las paredes. Cabalgaba como loca, mis caderas girando, sintiendo cada vena rozando mis paredes internas. Él me agarraba el culo, amasándolo, sus dedos hundiéndose en mi carne suave. El slap-slap de piel contra piel, mezclado con nuestros jadeos, olía a sexo puro, a sudor y feromonas.
Cambiamos: me puso en cuatro, embistiéndome desde atrás, su vientre chocando mi culo con fuerza rítmica. Tocó mi clítoris, círculos rápidos, y exploté en orgasmo, mi concha contrayéndose alrededor de su verga, chorros calientes mojando las sábanas. "¡Sí, Águila, no pares!" Él aceleró, gruñendo, hasta que se corrió dentro, chorros calientes inundándome, su semilla mezclándose con mis jugos. Colapsamos, cuerpos pegajosos, respiraciones entrecortadas.
Después, en la afterglow, nos quedamos abrazados, su cabeza en mis chichis, acariciándome el pelo. El aire olía a nosotros, a satisfacción profunda. "Esto fue pasión de verdad, Laura. Gracias a Facebook y a Pasión Águila." Reí suave, besando su frente. Sentí paz, esa conexión que va más allá del cuerpo, como si hubiéramos volado juntos.
Salimos al amanecer, prometiendo más vuelos. Ahora, cada vez que abro Facebook, veo su perfil y sonrío, recordando el tacto de su piel, el sabor de su beso, el rugido de nuestro placer. Águila me enseñó que la pasión vuela libre, y yo, lista para más.