Diario de una Pasion Desatada por Wikipedia
Querido diario, hoy neta que me clavé con algo que no esperaba. Estaba echada en mi depa en Guadalajara, con el sol de la tarde colándose por las cortinas, y de repente me dio por googlear amores locos. Llegué a Wikipedia, busqué diario de una pasion, y pum, esa historia de Noah y Allie me prendió el foco. Amor eterno, besos bajo la lluvia, cuerpos que se buscan como imanes. Me puse a leer y sentir el calor subiéndome por las piernas, el corazón latiéndome como tamborazo zacatecano. Pensé en Marco, mi ex que reapareció hace unas semanas en una fiesta en Chapultepec. Wey, qué chido se ve ahora, con esa barba recortada y ojos que te desnudan con una mirada. Mañana lo veo, y esta vez no lo dejo ir. Quiero mi propia pasión, la que huela a sudor y piel morena.
El aire olía a café de olla que acababa de colar, y mi piel se erizaba solo de imaginarlo. Me toqué el cuello, bajando despacio hasta los senos, sintiendo los pezones endurecerse bajo la blusa ligera. Neta, necesito que me coma viva. Cerré la laptop, pero esa página de Wikipedia se me quedó grabada, como un mapa para desatar lo que traigo guardado.
Al día siguiente, en el café de la Zona Rosa, lo vi llegar con su sonrisa pícara. "Qué onda, ricura", me dijo, rozándome la mano al sentarse. Su voz grave me vibró en el estómago, como si me hablara directo al clítoris. Hablamos de todo: de los tacos al pastor que extrañamos, de noches de cumbia en bares de la Expo. Pero yo sentía la tensión, ese cosquilleo en las nalgas cuando cruzaba las piernas. Le conté de la página de Wikipedia, de cómo me inspiró a revivir lo nuestro. Él se rio, "¿Pos quieres tu diario de una pasión propia?" Sus dedos jugaban con los míos, cálidos, ásperos de tanto gym. El aroma de su colonia, mezclado con su sudor fresco, me mareaba. Terminamos el café y salimos a caminar, su brazo alrededor de mi cintura, apretándome lo justo para que sintiera su dureza contra mi cadera.
Qué ganas de besarlo aquí mismo, en plena calle, con la gente mirando. Su boca sabe a menta y deseo, lo recuerdo bien.
Llegamos a mi depa, el sol poniente tiñendo todo de naranja. Cerré la puerta y ya estaba sobre mí, sus labios devorando los míos con hambre acumulada. Gemí bajito, saboreando su lengua que danzaba con la mía, salada y dulce a la vez. Sus manos grandes me acunaron la cara, luego bajaron por mi espalda, apretándome el culo con fuerza. "Te extrañé, pendeja caliente", murmuró contra mi cuello, mordisqueando la piel hasta dejarme marca. Me reí, jadeante, "Tú más, wey, ven a reclamar lo tuyo". Lo empujé al sofá, montándome a horcajadas, sintiendo su verga tiesa presionando mi panocha a través de la falda.
El ritmo de nuestros besos se aceleró, como mariachi en fiesta. Le quité la camisa, lamiendo su pecho ancho, saboreando el salitre de su piel. Olía a hombre, a sol y esfuerzo. Sus pezones duros bajo mi lengua, él gruñendo, manos enredadas en mi pelo. "Quítate eso, déjame verte", ordenó con voz ronca. Me incorporé, despacio, desabotonando la blusa, dejando que mis tetas rebotaran libres. Sus ojos se oscurecieron, devorándome. Bajé la falda, quedando en tanga, la humedad ya empapándola. Él se bajó los jeans, liberando esa verga gruesa, venosa, palpitante. La tomé en la mano, suave como terciopelo sobre hierro, y la apreté, oyendo su gemido gutural.
Acto dos de mi pasión, pensé, mientras lo chupaba despacio, saboreando la gota salada en la punta. Su sabor me inundó, almizclado, adictivo. Marco jadeaba, "Qué chingona eres, Ana, no pares". Lamí de abajo arriba, sintiendo las venas latir contra mi lengua, mis labios estirándose alrededor de su grosor. El sonido húmedo de mi boca llenaba la sala, mezclado con sus respiraciones entrecortadas. Me metí más profundo, hasta la garganta, lágrimas de placer en los ojos. Él me levantó, me cargó al cuarto como si no pesara, tirándome en la cama king size con sábanas frescas.
Ahí empezó la escalada. Me abrió las piernas, besando mis muslos internos, el aliento caliente rozando mi panocha. "Estás chorreando, mi reina", dijo, lamiendo la tela de la tanga antes de arrancarla. Su lengua encontró mi clítoris, hinchado y sensible, chupándolo con maestría. Gemí fuerte, arqueándome, el placer como rayos eléctricos desde el vientre. Olía a mi propia excitación, dulce y musgosa. Metió dos dedos, curvándolos justo ahí, el punto G que me hace ver estrellas. "¡Marco, cabrón, más!", grité, clavándole las uñas en la espalda. Sudábamos juntos, piel resbalosa, pulsos sincronizados. Me volteó, poniéndome a cuatro, y sentí la punta de su verga en mi entrada, rozando, torturándome.
No aguanto más, dame todo, hazme tuya como en esa historia de Wikipedia.
"¿Me quieres adentro?", preguntó, voz temblorosa de contención. "¡Sí, métela ya, wey!", supliqué, empujando contra él. Entró despacio, centímetro a centímetro, estirándome deliciosamente. Lleno, perfecto. Empezó a bombear, lento al principio, cada embestida un choque de caderas, piel contra piel, el slap slap resonando. Aceleró, agarrándome las caderas, follando con furia contenida. Yo me tocaba el clítoris, círculos rápidos, el orgasmo construyéndose como tormenta. Sus bolas golpeaban mi culo, sudor goteando, el cuarto oliendo a sexo puro. "Me vengo, Ana, joder", gruñó, y sentí sus contracciones, caliente dentro de mí, empujándome al borde.
Exploté, el mundo blanco, espasmos sacudiéndome, gritando su nombre. Él se derrumbó sobre mí, besándome la nuca, aún dentro, palpitando. Nos quedamos así, jadeantes, el afterglow envolviéndonos como niebla tibia. Su peso reconfortante, mi mano en su pelo, besos suaves en la espalda.
Después, en la regadera, agua caliente lavando nuestros pecados. Jabón deslizándose por curvas, sus manos masajeando mis tetas, risas compartidas. "Esto es mi diario de una pasión", le dije, saliendo envueltos en toallas. Cenamos tacos de arrachera en la terraza, mariachi lejano sonando, estrellas sobre Guadalajara.
Querido diario, esa página de Wikipedia fue el detonador. Marco se quedó a dormir, su cuerpo pegado al mío toda la noche, erecciones matutinas que repetimos al amanecer. Luz filtrándose, su verga deslizándose de nuevo, lento, profundo, besos perezosos. Me vine dos veces más, saboreando cada roce, cada suspiro. Neta, esto es pasión de la buena, mexicana, ardiente, sin fin.
Ahora duermo con él, soñando más entradas para ti, diario. Mañana, playa en Puerto Vallarta, quizás. Lo nuestro apenas empieza, como esa historia que encontré. Corazón lleno, panocha satisfecha, vida chida.