Relatos Prohibidos
Inicio Infidelidad Una Pasion Secreta Pelicula Completa Una Pasion Secreta Pelicula Completa

Una Pasion Secreta Pelicula Completa

7103 palabras

Una Pasion Secreta Pelicula Completa

Ana se recostó en el sofá de su departamento en la Condesa, con el aire cargado del aroma a café recién molido y el leve perfume de jazmín que flotaba desde el balcón abierto. La noche de México City bullía afuera, con el eco distante de cláxones y risas de transeúntes, pero adentro todo era quietud expectante. Frente a ella, en la pantalla del proyector que Luis había traído, parpadeaba el menú de la película: Una pasion secreta pelicula completa. Luis, su vecino del piso de arriba, el wey alto con ojos color miel y esa sonrisa pícara que la ponía nerviosa desde hace meses, se sentó a su lado, tan cerca que podía sentir el calor de su muslo rozando el suyo.

—Órale, Ana, neta que esta peli es oro puro —dijo él, con esa voz ronca que parecía acariciar el aire—. La encontré por ahí, una pasion secreta pelicula completa, de esas que te revuelven el alma y el cuerpo. ¿Listos?

Ana asintió, el corazón latiéndole como tambor en el pecho. Llevaban semanas coqueteando en el elevador, con miradas que decían más que palabras:

¿Y si un día nos dejamos llevar, carnal?
pensó ella, mientras la película empezaba. La historia era de un amor prohibido, dos amantes en las sombras de una hacienda, sus cuerpos entrelazados en escenas que olían a sudor y pasión contenida. Ana sintió un cosquilleo en la piel, el roce accidental de la mano de Luis en su rodilla al buscar el control remoto. El cuarto se llenó del jadeo ahogado de la pantalla, y ella olió su colonia, mezcla de madera y cítricos, que la mareaba.

La tensión crecía como la humedad en el aire veraniego. Luis giró la cabeza, sus labios a centímetros de los de ella. —¿Te está gustando? —preguntó, su aliento cálido contra su oreja.

—Mucho —murmuró Ana, la voz temblorosa—. Es como si... como si nos viera a nosotros.

Él rio bajito, un sonido gutural que vibró en su pecho. Su mano subió despacio por su muslo, bajo la falda ligera de algodón, tocando la piel suave y caliente. Ana no se apartó; al contrario, su cuerpo se arqueó levemente, invitando. Esto es lo que querías, ¿verdad? Esa pasion secreta que guardas como un tesoro.

La película avanzaba, los amantes en pantalla se besaban con hambre, lenguas danzando, manos explorando curvas. Luis apagó el proyector con un clic, la habitación sumida en penumbras solo rota por la luz de la luna filtrándose por las cortinas. —Mejor en vivo —dijo, y la besó.

Los labios de él eran firmes, sabían a tequila y menta, y Ana se derritió en ese beso, sus lenguas enredándose con urgencia. Sus manos subieron por la espalda de ella, desabrochando el sostén con destreza, mientras ella tiraba de su camisa, sintiendo los músculos duros bajo la tela. El olor de sus cuerpos mezclándose —su loción floral contra el almizcle masculino de él— llenaba el espacio, embriagador. Ana gimió cuando él lamió su cuello, mordisqueando suave, enviando chispas de placer por su espina.

—Estás riquísima, Ana —susurró Luis, bajando la boca a sus pechos, succionando un pezón endurecido. Ella arqueó la espalda, las uñas clavándose en sus hombros, el roce áspero de su barba contra la piel sensible la volvía loca.

¡Neta, este wey me va a matar de gusto!
pensó, mientras sus caderas se movían instintivamente contra las de él.

Se levantaron como uno solo, tropezando hacia la recámara, dejando un rastro de ropa tirada: la falda de ella en el pasillo, los jeans de él arrugados junto a la puerta. La cama king size los recibió con sábanas frescas de hilo egipcio, contrastando con el calor de sus pieles. Luis la tumbó con gentileza, sus ojos devorándola. —Déjame verte toda, mi reina.

Ana se abrió para él, vulnerable y poderosa a la vez, el aire fresco besando su sexo húmedo. Él se arrodilló entre sus piernas, inhalando profundo su aroma almizclado, ese olor a deseo puro que lo enloquecía. Su lengua trazó un camino lento desde el ombligo hasta su clítoris, lamiendo con devoción, saboreando su dulzor salado. Ana jadeó, las manos enredadas en su cabello oscuro, tirando suave. ¡Qué chido se siente su boca, caliente y húmeda, chupando justo ahí! Los sonidos de succión y gemidos llenaban la habitación, mezclados con el zumbido lejano de la ciudad.

La intensidad subía como una ola. Luis metió dos dedos dentro de ella, curvándolos para tocar ese punto que la hacía gritar, mientras su lengua no paraba. Ana se retorcía, las caderas elevadas, el sudor perlando su frente. —¡Sí, Luis, así, no pares, pendejo caliente! —gritó, medio riendo entre jadeos. Él aceleró, su propia verga dura presionando contra el colchón, palpitante de necesidad.

Cuando Ana explotó, fue como un volcán: ondas de placer la sacudieron, el cuerpo convulsionando, un grito ronco escapando de su garganta. Luis la besó mientras temblaba, compartiendo su sabor en la boca. —Ahora tú —dijo ella, volteándolo con fuerza juguetona.

Ana se montó a horcajadas, admirando su miembro erecto, grueso y venoso, la punta brillando de precúm. Lo tomó en la mano, sintiendo el pulso acelerado bajo la piel aterciopelada, y lo lamió desde la base hasta la cima, saboreando su salinidad musgosa. Luis gruñó, las caderas elevándose.

¡Madre santa, esta morra mama como diosa!
Ella lo engulló profundo, la garganta relajada, la saliva lubricando, mientras sus manos masajeaban sus bolas pesadas.

No aguantó más. —Ven, métemela ya —suplicó Ana, posicionándose. Luis la penetró despacio, centímetro a centímetro, llenándola hasta el fondo. Ambos gimieron al unísono, el estiramiento delicioso, la fricción perfecta. Se movieron en ritmo, ella cabalgando con furia, pechos rebotando, él embistiendo desde abajo, manos en sus nalgas apretando. El slap-slap de piel contra piel, el squelch húmedo de sus uniones, los olores intensos de sexo —sudor, fluidos, pasión— creaban una sinfonía erótica.

Cambiaron posiciones: él atrás, doggy style, una mano en su clítoris frotando círculos, la otra tirando de su cabello. Ana empujaba contra él, sintiendo cada vena, cada embestida golpeando su G-spot. —¡Más fuerte, cabrón, dame todo! —exigía, empoderada en su placer. Luis obedecía, sudando, gruñendo como animal.

El clímax los alcanzó juntos. Ana primero, contrayéndose alrededor de él, ordeñándolo, y Luis explotó dentro, chorros calientes inundándola, su semilla mezclándose con sus jugos. Colapsaron, entrelazados, respiraciones entrecortadas, pieles pegajosas.

En el afterglow, Luis la abrazó, besando su sien. —Esa fue nuestra una pasion secreta pelicula completa —dijo, riendo suave.

Ana sonrió, el cuerpo lánguido, el corazón pleno. Esto no es el fin, es el principio de algo chingón. Afuera, la ciudad seguía su ritmo, pero adentro, habían escrito su propia historia, secreta y eterna.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a RelatosEroticos.mx.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.