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Ejemplos de Pasión Desbordante

6588 palabras

Ejemplos de Pasión Desbordante

La noche en Polanco te envuelve como un abrazo caliente, con el bullicio de la Zona Rosa zumbando en tus oídos. El aire huele a tacos al pastor chamuscándose en la comal y a perfume caro flotando desde las terrazas. Tú, con ese vestido negro ceñido que resalta tus curvas, entras al bar La Noche, donde la música reggaetón retumba suave, haciendo vibrar el piso bajo tus tacones. Tus ojos recorren la multitud hasta que lo ves: él, Javier, recargado en la barra, con una camisa blanca entreabierta que deja ver el vello oscuro de su pecho. Neta, es chingón, con esa sonrisa pícara que te hace mojar las bragas de inmediato.

Te acercas, el corazón galopando como caballo desbocado. ¿Qué onda, güey? ¿Me invitas una chela? le dices, con voz juguetona, y él se ríe, profundo, como trueno lejano. Órale, carnala, siéntate. Soy Javier, y tú pareces problema del bueno. Sus ojos te recorren despacio, deteniéndose en tus labios carnosos, en el escote que sube y baja con tu respiración. Pidéis unas coronitas heladas, el vidrio empañado goteando condensación que él lame con la lengua, y tú sientes un cosquilleo en el vientre. Hablan de todo y nada: del pinche tráfico de la Reforma, de cómo el mole poblano te hace gemir de placer, de sueños locos. Cada roce accidental de su brazo contra el tuyo enciende chispas, y piensas estos son ejemplos de pasión que no se ven todos los días.

La tensión crece como tormenta en el desierto. Él se inclina, su aliento cálido oliendo a menta y cerveza rozando tu oreja. ¿Sabes qué? Me traes loco, neta. Tus ojos son puro fuego. Tú respondes con una risa ronca, tu mano subiendo por su muslo firme bajo los jeans. Pos pues vente, pendejo, a ver si aguantas. Salen del bar tomados de la mano, el aire nocturno fresco lamiendo tu piel sudada. Caminan hasta su depa en una torre reluciente, el elevador subiendo con un zumbido que acelera tu pulso. Dentro del cubo metálico, no aguantan: sus labios chocan contra los tuyos, urgentes, saboreando sal y deseo. Su lengua invade tu boca, danzando salvaje, mientras sus manos aprietan tus nalgas, levantándote contra la pared fría. Sientes su verga dura presionando tu monte, y un gemido se escapa de tu garganta.

La puerta del departamento se abre de golpe, y entran tropezando, riendo como chavos. El lugar es chido: ventanales con vista a las luces de la ciudad, cama king size con sábanas de algodón egipcio oliendo a limpio y a su colonia amaderada. Te arranca el vestido con delicadeza feroz, exponiendo tus tetas enhiestas, pezones duros como piedras preciosas. ¡Qué chingonas estás! murmura, arrodillándose para besar tu ombligo, bajando despacio, su aliento caliente sobre tu piel. Tú tiemblas, el aroma de tu propia excitación mezclándose con el de él, almizclado y varonil. Tus dedos se enredan en su pelo negro, guiándolo hacia abajo. Esto es pasión pura, joder, no hay ejemplos mejores, piensas mientras su lengua lame el encaje de tus panties, empapadas.

Lo empujas a la cama, queriendo tomar control. Te subes a horcajadas, sintiendo su pecho ancho bajo tus muslos. Desabrochas su cinturón con dientes, liberando su verga gruesa, venosa, palpitante. La tocas, suave al principio, luego aprietas, y él gruñe ¡Carajo, qué rico! La mamas despacio, saboreando el gusto salado de su prepucio, la lengua girando alrededor del glande hinchado. Él jadea, caderas alzándose, manos en tu cabeza no forzando, solo guiando. Sigue, mi reina, no pares. Tú aceleras, chupando hondo, saliva resbalando por tu barbilla, el sonido húmedo llenando la habitación junto a su respiración entrecortada.

Pero no lo dejas acabar aún; la tensión debe subir más. Te incorporas, quitándote las panties de un jalón, y te sientas en su cara. Cómeme, Javier, hazme volar. Su lengua ataca tu clítoris, lamiendo círculos perfectos, chupando tu jugo dulce como miel de maguey. Sientes oleadas de placer, tus muslos temblando, uñas clavándose en sus hombros. El cuarto gira, luces de la ciudad parpadeando como estrellas. Sus labios en mí son ejemplos de pasión que me queman por dentro. Gimes alto, ¡Sí, pendejo, así! ¡No pares! Un orgasmo te sacude, violento, jugos inundando su boca mientras arqueas la espalda, el mundo explotando en colores.

Él te voltea con fuerza gentil, colocándote de rodillas. Sientes su verga rozando tu entrada húmeda, resbalosa. ¿Quieres que te coja? pregunta, voz ronca de necesidad. ¡Sí, métemela toda, cabrón! responde tu cuerpo entero. Empuja despacio, centímetro a centímetro, estirándote deliciosamente. Llenándote por completo, su pubis chocando contra tus nalgas suaves. El roce es eléctrico, piel contra piel sudada, el slap-slap de carne uniéndose al ritmo del reggaetón lejano. Sus manos recorren tu espalda, pellizcando pezones, mientras bombea más hondo, tocando ese punto que te hace ver estrellas.

La intensidad sube como volcán en erupción. Cambian posiciones: tú encima, cabalgándolo como amazona, tetas rebotando, sudor goteando entre vuestros cuerpos. Él te agarra las caderas, guiando, ¡Qué chingona montas, mi amor! Sientes cada vena de su verga frotando tus paredes internas, el placer acumulándose como tormenta. Tus pensamientos son puro fuego: Esto es lo que llaman ejemplos de pasión desenfrenada, neta, no hay nada igual. Él se sienta, cara a cara, besos salvajes mientras follan lento ahora, profundo, almas conectándose en cada embestida.

El clímax se acerca galopando. Sus bolas se aprietan contra ti, tu clítoris rozando su pubis. Me vengo, ¡ahora! grita él, y tú sientes el chorro caliente inundándote, pulsaciones calientes. Tu segundo orgasmo explota, contrayéndote alrededor de él, ordeñándolo, gemidos mezclándose en un coro primal. Cuerpos temblando, colapsan juntos, su peso protector sobre ti, verga aún latiendo dentro.

El afterglow es puro paraíso. Yacen enredados, piel pegajosa enfriándose, el aroma de sexo impregnando el aire como incienso sagrado. Él acaricia tu pelo, besando tu frente. Eres increíble, ¿sabes? Esto fue... pasión de la buena. Tú sonríes, dedo trazando su pecho. Sí, güey, ejemplos de pasión que no se olvidan. Fuera, la ciudad duerme, pero en esa cama, el mundo es perfecto. Te quedas dormida en sus brazos, sabiendo que mañana podría haber más, o solo este recuerdo ardiente. Pero por ahora, el corazón late tranquilo, satisfecho, lleno de vida mexicana pura.

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