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Pasión TDN Ardiente

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Pasión TDN Ardiente

Estás sentada en el sofá de tu depa en la Condesa, con las luces bajas y el volumen del tele bien puesto. Es noche de partido en TDN, México contra el Tri vecino, y el ambiente está que arde. Javier, tu carnal de dos años, está a tu lado, con una chela en la mano y los ojos pegados a la pantalla. Lleva una playera de la Selección, ajustada a sus pectorales que tanto te gustan, y unos shorts deportivos que dejan ver sus piernas fuertes de tanto gym. Tú vas en shortcito y crop top, porque hace un chingo de calor, o eso te dices, pero la neta es que sabes que él no quita la mirada de tus curvas.

El estadio ruge en la tele, los vuvuzelas suenan como un zumbido loco, y el olor a nachos con queso que preparaste flota en el aire. Javier se acomoda y su muslo roza el tuyo, piel contra piel, cálida y firme. Sientes un cosquilleo que sube por tu pierna, directo al centro de ti. Órale, carnal, ya empezó la cosa, piensas, mientras muerdes tu labio inferior.

¿Por qué cada vez que vemos TDN se me antoja tanto? Es como si la pasión del fútbol se me metiera en las venas, y él... ay, él sabe cómo encenderla.

El primer tiempo va uno-cero, golazo de cabeza. Javier brinca del sofá, gritando ¡Sííí, pendejo!, y te agarra de la cintura para darte un abrazo rápido. Sus manos se quedan un segundo de más en tus caderas, apretando suave, y sientes su aliento caliente en tu cuello, oliendo a cerveza y a hombre. Tú ríes, pero tu cuerpo ya responde: pezones endureciéndose bajo la tela delgada, un calor húmedo entre las piernas.

Qué chido partido, ¿no, mi reina? —dice él, sentándose de nuevo, pero ahora más pegado. Su mano cae casual en tu rodilla, y empieza a trazar círculos con el pulgar. Tú no dices nada, solo asientes, dejando que el roce suba poquito a poquito por tu muslo. El narrador de TDN grita sobre la jugada, pero tú solo oyes tu pulso acelerado, thump-thump en los oídos.

El medio tiempo llega con comerciales. Javier apaga el sonido un rato y se voltea hacia ti, sus ojos cafés brillando con esa hambre que conoces tan bien. —Ven pa'cá, murmura, jalándote hacia él. Sus labios encuentran los tuyos en un beso lento, profundo, con lengua que sabe a sal y a la salsa picante de los nachos. Tú gimes bajito, enredando los dedos en su pelo revuelto. Sus manos suben por tu espalda, desabrochando el crop top con maña experta. Lo sientes caer, y el aire fresco de la noche besa tu piel desnuda, erizándote los vellos.

Pero no paran ahí. La pasión TDN ya está desatada, como si el fútbol fuera el pretexto perfecto. Javier te recarga en el sofá, besando tu cuello, mordisqueando suave hasta que arqueas la espalda. Su boca... qué delicia, caliente y húmeda. Baja por tu pecho, lamiendo un pezón, chupándolo con esa succión que te hace jadear. Tus manos bajan a sus shorts, sintiendo su verga dura presionando contra la tela. —Estás listo, ¿eh, cabrón? —le susurras, riendo entre gemidos.

El segundo tiempo arranca, pero ya no ven mucho. Javier te quita el short en un movimiento fluido, y tú lo ayudas, quedando en tanguita que ya está empapada. Él se arrodilla entre tus piernas, el sonido del partido de fondo como banda sonora. Su nariz roza tu entrepierna, inhalando profundo. —Oyes eso, mi amor? Hueles a deseo puro. Tú solo abres más las piernas, invitándolo. Su lengua lame por encima de la tela, y gritas bajito cuando la aparta, encontrando tu clítoris hinchado.

¡No mames! Cada lamida es fuego, su saliva mezclándose con mis jugos, el sabor salado que él lame como si fuera el mejor gol.

El partido se pone intenso: tiro libre, la gente grita en TDN. Javier mete un dedo, luego dos, curvándolos justo ahí, el punto que te hace ver estrellas. Tú agarras su cabeza, empujándolo más profundo, tus caderas moviéndose al ritmo de su boca. Sudor perla tu frente, gotea entre tus senos, y el olor a sexo llena la sala, mezclado con el popote de las chelas. Esto es la pasión TDN, carnal, fútbol y carne en llamas.

Pero quieres más. Lo jalas arriba, quitándole la playera. Su pecho ancho, músculos tensos por la emoción, piel bronceada oliendo a sudor fresco. Besas sus abdominales, bajas hasta su verga, liberándola. Gruesa, venosa, palpitando en tu mano. La lames desde la base, saboreando el precum salado, y él gruñe, ¡Qué rico, mi vida! Te la metes a la boca, chupando con hambre, oyendo sus jadeos roncos sobre los gritos del estadio.

No aguantan. Javier te voltea, poniéndote a cuatro en el sofá, con vista al tele donde México presiona. Entra en ti de una, lento al principio, llenándote centímetro a centímetro. Sientes cada vena, cada pulso, estirándote delicioso. Empieza a bombear, fuerte, el slap-slap de piel contra piel ahogando el audio de TDN. Tú empujas hacia atrás, clavando las uñas en los cojines, gemidos escapando sin control. —Más duro, Javier, ¡chinga como campeón!

El clímax del partido coincide: ¡Gol! México empata. Javier acelera, una mano en tu clítoris, frotando rápido. El placer sube como ola, tensándose en tu vientre, explotando en temblores. Gritas su nombre, contrayéndote alrededor de él, ordeñándolo. Él ruge, hundiéndose profundo, llenándote con chorros calientes que sientes adentro, goteando por tus muslos.

Caen exhaustos, él aún dentro, respiraciones entrecortadas. El partido sigue, pero ya no importa. Javier te besa la nuca, suave, sus manos acariciando tus senos sensibles. —La mejor pasión TDN de mi vida, susurra. Tú sonríes, volteando para mirarlo, pieles pegajosas de sudor, el aroma de ambos impregnado en el aire.

Esto es lo que amo: no solo el sexo, sino esa conexión, el fuego que enciende un simple partido. Con él, cada noche es golazo.

Se acurrucan, chela tibia en mano, viendo el final. México gana en penales. Celebran con risas, besos perezosos. Tú sientes su semen secándose en tu piel, un recordatorio íntimo. La noche termina con promesas de más, porque la pasión TDN nunca acaba, solo espera el próximo silbatazo.

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