Relatos Prohibidos
Inicio Infidelidad Fondos de Pantalla Diario de una Pasión Fondos de Pantalla Diario de una Pasión

Fondos de Pantalla Diario de una Pasión

8325 palabras

Fondos de Pantalla Diario de una Pasión

Every mañana, lo primero que hacía era encender mi celular y cambiar el fondo de pantalla. No era cualquier imagen chafa, no. Eran mis fondos de pantalla diario de una pasión, una especie de ritual que me ponía la piel chinita desde el primer rayo de sol que se colaba por la ventana de mi depa en la Roma Norte. Yo, Ana, una morra de veintiocho pirulos que trabajaba en una agencia de diseño gráfico, había descubierto ese vicio hace unos meses. Todo empezó con una foto inocente: un atardecer en la playa de Cancún, con el mar lamiendo la arena como lengua ansiosa. Pero pronto, mis elecciones se volvieron más... intensas.

El olor a café recién molido llenaba el aire mientras yo, recargada en la barra de la cocina, deslizaba el dedo por la galería. Neta, ¿por qué me excita tanto esto? me preguntaba en silencio. Cada imagen era un pedacito de deseo: cuerpos entrelazados en sombras suaves, labios rozándose con gotas de sudor brillando bajo luces tenues, curvas que invitaban a tocar. Los sonidos de la ciudad despertando —cláxones lejanos, el zumbido de la licuadora de la vecina— se mezclaban con mi respiración acelerada. Tocaba la pantalla fría, imaginando piel caliente, y sentía un cosquilleo entre las piernas que me obligaba a apretar los muslos.

Aquella mañana, el fondo era una pareja besándose bajo la lluvia, el agua resbalando por sus cuerpos desnudos.

¡Órale, Ana! ¿Vas a llegar tarde al curro por andar fantaseando?
me regañé, pero sonreí pícara. Me vestí con una blusa escotada que dejaba ver justo lo suficiente, jeans ajustados que marcaban mis cachas, y salí a la calle oliendo a vainilla y deseo contenido.

En el café de la esquina, el que tiene mesas de madera olorosa a cedro, lo vi. Se llamaba Diego, un wey alto, moreno, con ojos café que te desnudaban con una mirada. Pidió un americano, y cuando nuestras manos se rozaron al pagar, sentí una corriente eléctrica que me erizó los vellos de la nuca. Chingón, pensé. Charlamos de tonterías: el tráfico de Insurgentes, el pinche calor que no daba tregua. Pero sus ojos se clavaban en mis labios, y yo noté cómo su pecho subía y bajaba más rápido.

—¿Me das tu número? —me soltó de repente, con esa voz grave que vibraba en mi pecho.

—Claro, carnal. Pero con una condición: cada día te mando un fondo de pantalla de mi diario de una pasión. ¿Te animas?

Él rio, mostrando dientes perfectos. —¿Qué no? Nel, me late.

Acto uno cerrado: ese día, le envié la foto de la pareja bajo la lluvia. Su respuesta llegó en segundos: "Me pusiste a sudar, nena. Mañana te toca verte." Mi corazón latía como tambor en fiesta de pueblo.

Los días siguientes fueron una escalada de fuego lento. Segundo acto: la tensión crecía como olla exprés. Cada fondo de pantalla diario de una pasión era más explícito, tejido con mis fantasías sobre él. Día dos: una mano masculina acariciando un seno, pezón endurecido bajo la yema del dedo. Lo mandé desde la oficina, escondida en el baño, oliendo mi propio aroma almizclado de excitación. Diego respondió con una foto suya: camisa abierta, abdominales marcados, sudor perlando su piel morena. "Tócate pensando en mí", escribió. Y lo hice, dedos resbalosos, jadeos ahogados contra la palma de la mano, el sonido del agua goteando en el lavabo como eco de mi placer.

Nos vimos en su depa en Polanco, un lugar con vistas al skyline, aroma a sándalo y cuero nuevo. Cenamos tacos de suadero de un puesto callejero —el picor de la salsa en la lengua, la grasa chorreando—, pero la comida era pretexto. Nos sentamos en el sofá, piernas rozándose, calor irradiando.

¿Y si lo beso ya? No, déjalo hervir, Ana. Que duela rico.

—Muéstrame tu fondo de hoy —dijo, voz ronca, mano en mi muslo.

Era una imagen mía, posando en lencería roja que compré pensando en él: encaje mordiendo mi piel, labios entreabiertos, mirada de puta en celo. Su aliento caliente en mi cuello mientras veía la pantalla. —Eres una chingona, Ana. Me tienes bien puesto.

Nos besamos entonces, lento al principio, lenguas explorando como dedos ciegos. Sabía a tequila y menta, su barba raspando mi barbilla suave. Manos por todas partes: las suyas amasando mis tetas, pulgares en los pezones que dolían de tanto quererlo. Yo bajé la suya al bulto en sus pantalones, duro como fierro, latiendo bajo la tela. ¡Qué chingón está! gemí en mi mente. El aire se llenó de nuestros jadeos, olor a sexo inminente, piel sudada pegándose.

Pero no paramos ahí. La intensidad subía. Día tras día, los fondos eran diarios vivos: él enviándome su verga erecta contra un espejo empañado, yo respondiendo con mis labios hinchados alrededor de un plátano, jugo resbalando. Internamente luchaba:

¿Y si es solo polvo? Nel, esto es pasión de la buena, la que te cambia el chip.
Pequeñas resoluciones: una mamada en su coche estacionado en Reforma, noche estrellada testigo, bocinas lejanas ahogando mis slurps húmedos. Él lamiéndome el coño en un parque discreto, lengua girando en mi clítoris hinchado, mis uñas clavándose en su cuero cabelludo, grititos escapando como ¡ay, wey!

La psicología se enredaba: miedos de apego, pero el deseo los aplastaba. Susurraba en mi oído cosas mexicanas sucias: —Te voy a romper el culo de tanto cogerte, mi reina. Yo reía, empoderada, montándolo en la regadera, agua caliente azotando nuestras espaldas, mis cachas rebotando contra sus caderas, ¡más fuerte, pendejo!

El clímax del medio acto fue en su cama king size, sábanas de algodón egipcio oliendo a nosotros. Entró en mí despacio, centímetro a centímetro, mi coño apretándolo como guante mojado. Gemidos sincronizados: el slap slap de carne contra carne, sudor goteando en mi boca salada. Orgasmo parcial, temblores, pero sabíamos que lo mejor venía.

Tercer acto: la liberación total. Una noche de viernes, después de un fondo épico —nosotros dos posando desnudos, capturado en su espejo, luces de neón pintando nuestras pieles—, llegamos a su penthouse. Ya no había contención. Me tiró en la cama, aroma a jazmín de su colonia envolviéndome. Besos feroces, mordidas en el cuello que dejaban marcas rojas. Su gusto en mi piel, salado y dulce.

—Muñeca, hoy te hago mía de verdad —gruñó, dedos abriéndome como pétalos húmedos.

Yo, arqueada, tetas temblando: —Cógeme duro, Diego. Que sienta tu pasión en las tripas.

Se hundió en mí de un embestida, llenándome hasta el fondo, mi clítoris rozando su pubis. Ritmo salvaje: cama crujiendo, cabezas golpeando la cabecera, sonidos guturales como animales en celo. Olía a sexo puro, almizcle y fluidos mezclados. Mis uñas arañando su espalda, dejando surcos rojos; él chupando mis tetas, dientes tirando pezones.

¡Esto es el cielo, neta! Cada vena de su verga pulsando dentro, mi coño contrayéndose, olas de placer subiendo.

Cambié de posición: yo encima, cabalgándolo como jinete en rodeo, cachas aplastando sus bolas, jugos chorreando por sus muslos. Él desde abajo, manos en mis caderas guiando, ojos fijos en mis tetas saltando. —¡Sí, así, mi amor! ¡Vente conmigo!

El orgasmo nos volteó: yo gritando ¡chinga!, cuerpo convulsionando, chorros calientes mojando las sábanas; él rugiendo, llenándome con chorros espesos, calientes, pulsando. Colapsamos, pieles pegajosas, respiraciones entrecortadas sincronizándose. El afterglow fue puro: caricias perezosas, besos suaves, risas compartidas. Olor a nosotros impregnado en todo, pulgares trazando círculos en piel sensible.

Desde entonces, nuestros fondos de pantalla diario de una pasión siguen, pero ahora con fotos reales nuestras. Reflexiono en la quietud post-sexo:

Esto no es solo deseo carnal, es conexión de almas mexicanas, ardientes y libres.
Diego duerme a mi lado, pecho subiendo y bajando, y yo sonrío, sabiendo que mañana habrá más.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a RelatosEroticos.mx.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.