Relatos Prohibidos
Inicio Infidelidad Etimología de Pasión Etimología de Pasión

Etimología de Pasión

6174 palabras

Etimología de Pasión

En el bullicio de la Roma Norte, donde el aroma a café recién molido se mezcla con el humo de los taquitos al pastor, me senté en esa mesita de la cafetería con mi libreta abierta. Yo, Ana, lingüista de veintiocho años, obsesionada con las raíces de las palabras. Ese día investigaba la etimología de pasión. Pasión viene del latín pati, sufrir, padecer. Qué ironía, pensé, mientras el sol filtraba por las ventanas empañadas, calentándome la piel del cuello.

Ahí entró él. Diego, con su camisa de lino arremangada, jeans ajustados que marcaban sus muslos firmes, y una sonrisa que parecía prometer secretos. Pidió un americano y se sentó en la mesa de al lado, sacando un libro viejo. No pude evitar mirarlo. Sus manos, grandes y callosas, pasaban las páginas con delicadeza. ¿Qué hace un tipo así leyendo etimologías? me pregunté, y antes de pensarlo dos veces, me acerqué.

—¿Qué lees? —le dije, con voz casual, aunque mi pulso ya latía más rápido.

—Etimologías olvidadas. ¿Y tú? —Me miró directo a los ojos, oscuros como el mole poblano.

Le conté de mi investigación. Hablamos de cómo pasión no era solo fuego, sino un sufrimiento dulce, un ardor que te quema por dentro. Él asintió, inclinándose hacia mí. Su colonia, un toque cítrico con madera, me envolvió. Olía a deseo fresco, a noches de tequila y sudor.

La charla fluyó como el agua del Churubusco en lluvia. Reímos de palabras mexicanas, como calentura, que en el norte significa fiebre pero aquí abajo es puro antojo carnal. "Güey, la pasión es como el chile: te hace sufrir pero no puedes vivir sin ella", dijo él, y su risa grave vibró en mi pecho.

Al caer la tarde, el cielo se tiñó de rosa y naranja sobre los edificios. "¿Quieres seguir platicando en mi depa? Vivo cerquita", propuso. Mi cuerpo ya respondía antes que mi mente. Sí, carnal, vamos, pensé. Caminamos por las calles empedradas, rozándonos los brazos. Cada roce era electricidad, chispas en la piel.

En su departamento, minimalista con plantas colgantes y una vista al skyline, pusimos música de Natalia Lafourcade bajito. Sacó una botella de mezcal artesanal de Oaxaca, ahumado como su mirada. Brindamos por las palabras que encienden almas. "Cuéntame más de la etimología de pasión", murmuró, acercándose en el sofá. Su aliento cálido rozó mi oreja.

Le expliqué cómo en griego era pathos, sufrimiento intenso, pero en México se transforma en algo vivo, como el pulque fermentando. Sus dedos trazaron mi brazo, lentos, explorando. Sentí el calor subir por mi espinazo. "¿Y tú qué sientes cuando investigas eso?", preguntó, su voz ronca.

Te siento a ti, pensé, mientras mi mano subía por su pecho. Los botones de su camisa cedieron uno a uno. Su piel morena, suave bajo mis yemas, olía a sal y hombre. Lo besé primero, suave, probando sus labios carnosos. Sabían a mezcal dulce y a promesa. Él respondió con hambre, su lengua danzando con la mía, explorando rincones húmedos.

Nos quitamos la ropa despacio, como si cada prenda fuera una capa de historia. Mi blusa cayó, revelando mis senos libres bajo el brassiere de encaje. Él jadeó. "Chingón, Ana". Sus manos cubrieron mis pechos, masajeando, pulgares en los pezones que se endurecieron al instante. Un gemido escapó de mi garganta, sonido gutural, como el rugido de un volcán despertando.

Lo empujé al sofá, montándome a horcajadas. Su verga ya dura presionaba contra mis labios vaginales a través de la tela. La froté contra él, sintiendo su longitud pulsar. "Ponte condón, carnal", susurré, y él obedeció rápido, rasgando el paquete con dientes. El látex brilló bajo la luz tenue.

Me hundí en él despacio. Su grosor me llenó, estirándome deliciosamente. Cada centímetro era agonía placentera, como el sufrimiento etimológico de la pasión. Gemí alto, mis uñas clavándose en sus hombros. Él gruñó, manos en mis caderas guiándome. El ritmo empezó lento, piel contra piel chapoteando suave. Sudor nos unía, salado en mi lengua cuando lamí su cuello.

La habitación se llenó de nuestros sonidos: respiraciones entrecortadas, camas crujiendo —no, el sofá rechinando—, mi coño chorreando jugos que lubricaban cada embestida. Olía a sexo crudo, almizcle mezclado con su colonia. Mis tetas rebotaban, él las chupaba, mordisqueando pezones hasta que vi estrellas.

Inner monologue:

Esto es la pasión verdadera, no palabras muertas en libros. Es sufrir el éxtasis, padecer el placer hasta rompernos.

Aceleramos. Yo cabalgaba fiera, caderas girando, clítoris rozando su pubis. Él me volteó, poniéndome a cuatro. Entró de nuevo, profundo, golpeando mi culo con palmadas suaves que ardían. "¡Más, pendejo, dame más!", grité, y él obedeció, follándome con furia contenida. Sus bolas chocaban contra mí, ritmo hipnótico.

El clímax se acercó como tormenta en el desierto sonorense. Mi vientre se contrajo, olas de placer subiendo. "Me vengo, Diego... ¡ahhh!". Explosé, coño apretándolo en espasmos, jugos salpicando. Él rugió, hundiéndose una última vez, llenando el condón con su leche caliente. Colapsamos, jadeantes, piel pegajosa.

En el afterglow, envueltos en sábanas frescas, fumamos un cigarro compartido —prohibido pero chido—. El humo danzaba en el aire, aroma terroso. "Ahora entiendo la etimología de pasión", dijo él, trazando círculos en mi ombligo. "Es esto: sufrir el paraíso juntos".

Yo sonreí, besándolo suave. Afuera, la ciudad palpitaba: cláxones, risas de borrachos, vida mexicana en ebullición. Dentro, habíamos reescrito las palabras. La pasión no era solo etimología; era carne, sudor, gemidos compartidos. Un fuego que nace del sufrimiento dulce y quema eterno.

Nos dormimos entrelazados, su corazón latiendo contra mi espalda. Mañana investigaría más, pero esta noche, la palabra cobraba vida en mi piel. Pasión: padecer el amor más grande.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a RelatosEroticos.mx.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.