Pasión Lleva Acento
Entras al bar de la Condesa con el calor de la noche pegado a la piel como una promesa húmeda. El lugar bulle de vida luces tenues que bailan sobre cuerpos sudorosos y un olor a tequila reposado mezclado con perfume caro. Te sientas en la barra pides un margarita con sal y observas la gente moviéndose al ritmo del reggaetón que retumba en los parlantes. Neta necesito soltarme esta noche piensas mientras el hielo cruje en tu vaso.
Entonces lo oyes. Una voz grave con ese acento norteño que arrastra las palabras como un ronroneo sexy arrastrando las erres con fuerza juguetona. Volteas y ahí está él alto moreno con camisa ajustada que marca sus hombros anchos y una sonrisa pícara que ilumina sus ojos cafés. Habla con el barman enregando una cerveza Corona y cada sílaba te eriza la piel. Chingado qué voz sientes un cosquilleo en el estómago como si te hubieran dado un trago de mezcal puro.
Se da cuenta de tu mirada y se acerca con paso chulo como si el mundo le perteneciera. ¿Qué onda morra? dice extendiendo la mano su palma cálida y áspera rozando la tuya. Soy Alex vengo de Monterrey por unos días de curro. ¿Y tú qué pedo aquí sola? Su acento te envuelve como humo de barbacoa en una noche de asado regio dulce picante irresistible. Le contestas que te llamas Laura que vives por aquí y que la noche te picó el ojo. Charlan de la ciudad de los tacos al pastor contra las machacas norteñas de la vida loca en el DF versus la tranquilidad del norte. Cada palabra suya te hace inclinarte más cerca inhalando su colonia amaderada con un toque de sudor fresco que te hace salivar.
La música sube de volumen y él te invita a bailar. Ven échame un clavado dice tomándote de la mano. En la pista sus caderas se pegan a las tuyas el calor de su cuerpo traspasando la tela ligera de tu vestido negro. Sientes sus manos en tu cintura firmes pero suaves guiándote en un perreo lento que acelera tu pulso. Su aliento caliente en tu oreja susurra Me traes loco con ese meneo y tú respondes apretándote más contra él notando la dureza creciente en sus jeans. El roce de su barba incipiente en tu cuello te hace jadear el sonido de la pista ahogando tu gemido suave.
La pasión lleva acento piensas mientras su voz te recorre la espina dorsal como una caricia prohibida.
El deseo crece como una ola en el Golfo que él conoce tan bien. Te lleva de vuelta a la barra pero ahora sus dedos trazan círculos en tu muslo bajo la barra el roce eléctrico enviando chispas a tu centro. ¿Vamos a otro lado? pregunta sus ojos oscuros devorándote. Asientes sin palabras el corazón latiéndote en la garganta. Salen al aire nocturno de la Condesa las luces de los autos pasando como estrellas fugaces caminan unas cuadras hasta su hotel boutique en la Roma olorcito a jazmín en el lobby mezclado con el aroma de su piel.
En el elevador no aguantan más. Sus labios capturan los tuyos en un beso hambriento lengua explorando tu boca con sabor a cerveza y menta salvaje. Tus manos enredan en su cabello corto tirando suave mientras él te aprieta contra la pared el ding del elevador anunciando la llegada como un suspiro ahogado. Entran a la habitación la cama king size invitando con sábanas blancas crujientes y una botella de vino tinto en la mesa.
Se quita la camisa despacio revelando un torso tatuado con un águila regia en el pecho músculos definidos por horas en el gym. Tú deslizas el vestido por tus hombros quedando en lencería roja que él devora con la mirada. Eres una chulada murmura cayendo de rodillas besando tu ombligo bajando lento por tu vientre. Sus manos suben por tus muslos separándolos suave el calor de su aliento sobre tu piel húmeda. Lamida a lamida explora tu intimidad lengua danzando en círculos que te hacen arquear la espalda gimiendo su nombre. Alex ay no pares suplicas el sabor salado de tu excitación en su boca mientras tus dedos clavan en sus hombros.
Pero él quiere más te levanta y te tumba en la cama su cuerpo cubriendo el tuyo piel contra piel el peso delicioso oprimiendo tus senos. Besos en el cuello mordiscos juguetones que dejan marcas rosas sus manos amasando tus nalgas. Sientes su erección dura palpitante rozando tu entrada y pides Ya métemela carnal. Entra lento centímetro a centímetro estirándote llenándote el gemido compartido resonando en la habitación. Empieza un ritmo pausado profundo cada embestida rozando ese punto que te hace ver estrellas el slap de piel contra piel mezclándose con sus gruñidos enregios ¡Qué chingona estás tan rica!
La tensión sube giran posiciones tú encima cabalgándolo sintiendo cada vena de su miembro el control en tus caderas girando moliendo hasta que él gime fuerte. Sudor perlando sus abdominales el olor almizclado de sexo llenando el aire. Cambian a cuatro patas él detrás jalando tu cabello suave embistiendo con fuerza animal pero siempre atento a tus jadeos. Tus paredes se aprietan anunciando el clímax y explotas en oleadas de placer gritando su nombre piernas temblando él sigue unos segundos más hasta derramarse dentro con un rugido ronco caliente y abundante.
Colapsan juntos respiraciones entrecortadas el afterglow envolviéndolos como niebla matutina en las montañas de Monterrey. Sus brazos te rodean fuerte besos perezosos en la frente. Esto fue de la chingada dice riendo suave su acento ahora un arrullo. Tú asientes acurrucada en su pecho escuchando su corazón galopante calmándose. Piensas en cómo una voz un acento transformó una noche cualquiera en algo eterno el eco de su pasión resonando en tu cuerpo satisfecho.
Se quedan así hasta el amanecer luz filtrándose por las cortinas besos lentos promesas de más noches. Sales del hotel con las piernas flojas sonrisa boba recordando cada roce cada sabor. La pasión lleva acento murmuras para ti misma caminando por las calles empedradas de la Roma el sol besando tu piel como él lo hizo horas antes. Sabes que lo verás de nuevo porque algunas chispas norteñas prenden fuego sureño eterno.