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Eres El Hombre De Mi Vida Mi Pasión Prohibida

6414 palabras

Eres El Hombre De Mi Vida Mi Pasión Prohibida

La brisa salada de Puerto Vallarta me acaricia la piel mientras el sol se hunde en el Pacífico, tiñendo el cielo de naranjas y rosas que se reflejan en las olas. La fiesta familiar está en su apogeo: risas estruendosas, el ¡órale! de los tíos, el aroma picante de tacos al pastor chisporroteando en la parrilla y el sonido grave de la banda tocando cumbia rebajada. Estoy aquí con mi esposo, ese wey que ya ni me voltea a ver, pero mis ojos no pueden despegarse de ti. Javier, el carnal de mi mejor amiga Lupita. Siempre has sido prohibido, como ese tequila añejo que te quema la garganta pero te hace sentir vivo.

Tú eres el hombre de mi vida, pienso mientras te veo recargado en la palapa, con esa camisa de lino blanca abierta hasta el pecho, dejando ver el vello oscuro que me hace imaginar mis uñas rasgándolo. Tus ojos cafés me buscan entre la gente, y cuando nuestras miradas chocan, siento un cosquilleo en el vientre, como si mi cuerpo ya supiera lo que va a pasar. ¿Por qué siempre ha sido así contigo? Desde chavos, en las posadas de diciembre, cuando robábamos besos a escondidas detrás de las piñatas. Pero ahora soy casada, y tú... libre, soltero, con esa sonrisa pícara que dice ven pa'cá, mami.

Me acerco fingiendo casualidad, con mi vestido floreado pegado al cuerpo por el sudor del trópico. "¡Ey, Javier! ¿Qué onda, wey?", digo, mi voz más ronca de lo normal. Tú te enderezas, tu colonia fresca invadiendo mis sentidos, mezclada con el olor a mar y hombre. "Laura, chula, ¿ya te cansaste de bailar con el ogro ese?", respondes, guiñando un ojo. Reímos, pero el aire entre nosotros vibra, cargado de promesas mudas. Tu mano roza mi brazo al pasarme una chela fría, y el contacto es eléctrico: piel contra piel, cálida, suave, enviando chispas directo a mis entrañas.

La noche avanza. Bailamos al ritmo de La Chona, tus caderas pegadas a las mías en un vaivén que simula lo que ambos anhelamos. Siento tu dureza presionando contra mi trasero, y aprieto los dientes para no gemir ahí mismo.

"¿Qué chingados me pasa? Esto está mal... pero se siente tan chido"
, pienso, mientras tu aliento caliente me eriza la nuca. Lupita está distraída con su novio, mi esposo borracho perdido en la alberca. Nadie nota cómo nos escabullimos hacia la playa desierta, la arena tibia bajo nuestros pies descalzos, las olas rompiendo suaves como un susurro.

Nos detenemos bajo las palmeras, la luna llena iluminando tu rostro anguloso. "Laura, no aguanto más verte así", murmuras, tu voz grave como trueno lejano. Tus manos grandes me toman la cintura, atrayéndome. Huelo tu excitación, ese almizcle masculino que me moja entre las piernas. "Javier, esto es una locura... pero tú eres mi pasión prohibida", confieso, mis labios rozando los tuyos. El beso explota: lenguas enredadas, saladas de chela y deseo, tu barba raspando mi barbilla, tus dedos enredándose en mi pelo. Gimo contra tu boca, mis pechos aplastados contra tu torso duro.

Me recuestas en la arena, el vestido subiéndose por mis muslos. Tus ojos devoran mis curvas, y yo arqueo la espalda, invitándote. "Quítamelo todo, carnal", pido, mi voz temblorosa de anticipación. Desabrochas mi sostén con dedos hábiles, liberando mis tetas llenas; el aire fresco las endurece al instante. Tus labios capturan un pezón, chupando con hambre, la lengua girando en círculos que me hacen jadear. ¡Qué rico! Siento tu verga tiesa contra mi pierna, gruesa, palpitante. La acaricio por encima del pantalón, sintiendo su calor, su longitud que promete llenarme.

Te incorporas para desnudarte, y yo contemplo tu cuerpo atlético, marcado por el gym y el sol mexicano: abdominales definidos, verga erguida, venosa, con la cabeza brillante de precum. "Ven, pendejo, fóllame ya", te reto juguetona, abriendo las piernas. El olor de mi arousal flota en el aire, dulce y almizclado. Tus dedos exploran mi coño empapado, resbaladizos, frotando el clítoris hinchado. "Estás chorreando por mí, putita rica", gruñes, y metes dos dedos adentro, curvándolos contra mi punto G. Grito, las olas ahogando mi placer, mis caderas moviéndose al ritmo de tu mano.

Pero quiero más. Te empujo boca arriba, montándote como una amazona. Tu verga roza mi entrada, y bajo despacio, centímetro a centímetro, sintiendo cómo me estira, me llena hasta el fondo. ¡Ay, cabrón! El dolor placer inicial da paso a un éxtasis puro: te cabalgo, tetas rebotando, sudor perlando nuestras pieles. Tus manos aprietan mis nalgas, guiándome, el sonido de carne contra carne mezclándose con nuestros jadeos y el romper de las olas. "¡Más duro, Javier! ¡Chíngame como hombre!", exijo, mis uñas clavándose en tu pecho.

Cambiamos: me pones en cuatro, la arena raspando mis rodillas pero no importa. Entras de nuevo, profundo, tus bolas golpeando mi clítoris con cada embestida. El ritmo es frenético, animal: paf paf paf, piel sudorosa chocando, tu sudor goteando en mi espalda. Huelo el sexo crudo, el mar, el coco de mi loción. Tus manos recorren mi cuerpo, pellizcando pezones, azotando suave mi culo.

"Eres el hombre de mi vida, mi pasión prohibida... no pares, nunca pares"
, pienso en un delirio, mientras el orgasmo se acumula como tormenta.

Lo siento venir: un nudo en el estómago que explota en oleadas. "¡Me vengo, wey! ¡Sííí!", grito, mi coño contrayéndose alrededor de tu verga, chorros calientes empapándonos. Tú ruges, embistiendo una última vez, llenándome con tu leche caliente, espesa, que siento chorrear por mis muslos. Colapsamos, entrelazados, pulsos latiendo al unísono, respiraciones entrecortadas. El mar lame nuestros pies, fresco contra el fuego de nuestros cuerpos.

Después, yacemos en silencio, tu cabeza en mi pecho, mi mano acariciando tu pelo revuelto. La fiesta lejana suena como un eco. "Esto no puede ser solo una noche", susurras, besando mi piel salada. Sonrío, sabiendo que es verdad. Mi matrimonio es un cascarón vacío; contigo todo cobra sentido. Tú eres el hombre de mi vida, mi pasión que ya no será prohibida. Mañana hablaremos, planearemos, pero esta noche, en la playa de Puerto Vallarta, somos libres, completos, uno en el otro.

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