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La Pasion de Cristo Canal 7 Enciende Mi Deseo

7145 palabras

La Pasion de Cristo Canal 7 Enciende Mi Deseo

Era Semana Santa en la Ciudad de México y el aire olía a incienso y a esas velitas de parafina que se venden en las tienditas de la esquina. Tú y yo nos quedamos en el depa chiquito que rentamos en la Roma, lejos del bullicio de las procesiones. Órale carnal, dijiste mientras prendías el tele, hoy toca La Pasion de Cristo en Canal 7. Yo me recargué en tu pecho, sintiendo el calor de tu piel a través de la playera floja, ese olor tuyo a jabón Axe mezclado con sudor fresco que siempre me pone la piel chinita.

El cuarto estaba penumbroso, solo la luz azulada del televisor parpadeaba sobre las paredes pintadas de blanco. Afuera, se oía el zumbido de los coches en Insurgentes y algún grito lejano de vendedores de elotes. Tú pasaste el brazo por mis hombros, tus dedos rozando mi clavícula despacito, como si nada. Yo cerré los ojos un segundo, inhalando tu aroma, pensando

¿Por qué carajos este pinche película religiosa me está calentando tanto?
La pantalla mostró a Jesús cargando la cruz, el sudor resbalando por su espalda musculosa, los romanos gritando. Ese sufrimiento crudo, esa entrega total, me revolvió algo adentro.

Canal 7 transmitía la película sin comerciales, neta un lujo. Yo me acomodé mejor en el sillón viejo, mis piernas sobre las tuyas, sintiendo la dureza de tus muslos bajo mis jeans ajustados. Tus dedos bajaron un poquito más, trazando círculos en mi brazo. Neta, murmuraste, esta película siempre me pone pensativo. Yo volteé a verte, tus ojos cafés brillando con la luz del tele, esa mandíbula tensa que me dan ganas de morder. ¿Pensativo o cachondo?, te picaron los labios en una sonrisa pícara.

La escena de la flagelación empezó. El sonido de los látigos cortando el aire, el jadeo ahogado de Cristo, la sangre salpicando. Mi pulso se aceleró, un calor húmedo se instaló entre mis piernas. Tú lo notaste porque tu mano se deslizó a mi cintura, apretando suave. Chin, pensé, este wey sabe leer mi cuerpo como si fuera su Biblia personal. Afuera lloviznaba, el golpeteo en la ventana como un ritmo secreto. El olor a tierra mojada se colaba por la rendija de la puerta, mezclándose con el mío, ese almizcle femenino que sale cuando estoy excitada.

Acto seguido, la corona de espinas. Jesús sangrando, pero con esa fuerza en los ojos. Yo solté un suspiro largo, mi mano fue a tu pecho, sintiendo tu corazón latir fuerte bajo la palma. Tú giraste la cara, tu aliento cálido en mi oreja. ¿Quieres que la apague? Negué con la cabeza, mordiéndome el labio. No, déjala. Esta pasión me está gustando. Tus dedos se metieron bajo mi blusa, rozando la piel de mi panza, subiendo despacio hasta el borde del bra. El roce era eléctrico, como chispas en la piel sudada.

En la tele, María lloraba viendo a su hijo. Ese amor incondicional me pegó duro. Yo volteé y te besé, suave al principio, saboreando tus labios salados. Tú respondiste con hambre, tu lengua invadiendo mi boca, ese sabor a chicle de menta y cerveza que tomaste antes. Nuestras respiraciones se mezclaron, pesadas, mientras la película seguía de fondo. Tus manos me levantaron como pluma, poniéndome a horcajadas sobre ti. Sentí tu verga dura presionando contra mí a través de la tela, gruesa y palpitante.

Pinche Cristo y su pasión en Canal 7, nos están armando el desmadre perfecto
, pensé riendo por dentro.

Te quité la playera de un jalón, exponiendo tu torso moreno, esos músculos que se tensan cuando cargas las cajas en el changarro. Lamí tu cuello, saboreando el sudor salado, bajando por tu pecho hasta un pezón que chupé fuerte. Tú gemiste bajo, un sonido gutural que vibró en mi clítoris. ¡Morra, me vas a volver loco! Tus manos desabrocharon mis jeans, bajándolos con mis calzones de encaje negro. El aire fresco rozó mi coño mojado, enviando ondas de placer.

Nos paramos un segundo, tambaleantes, para ir al colchón en el piso cubierto con sábanas frescas de algodón egipcio que compramos en el tianguis. Caímos riendo, cuerpos enredados. Tú te pusiste encima, tus caderas pesadas entre mis muslos abiertos. Besaste mi boca, mi cuello, bajando a mis tetas. Tus labios succionaron un pezón, lengua girando, dientes rozando justo lo suficiente para que arqueara la espalda. Olía a nosotros, a sexo crudo, a piel caliente. La tele aún sonaba, los clavos en las manos de Jesús, pero ya era ruido blanco para nuestro propio martirio placentero.

Mi mano bajó a tu pantalón, liberando tu pito erecto, venoso y listo. Lo acaricié despacio, sintiendo el pulso en la palma, el calor irradiando. Tú gruñiste, ¡No mames, mételo ya! Pero yo quise jugar, lamiendo la punta, saboreando el precum salado y dulce. Tú te arqueaste, manos en mi pelo, guiándome suave. Chupé más profundo, garganta relajada, el olor almizclado llenándome la nariz. Tus gemidos subían de volumen, mezclándose con la lluvia afuera.

Acto dos del desmadre: te volteé, poniéndome yo arriba. Monté tu verga despacio, sintiendo cómo me abría, centímetro a centímetro, llenándome hasta el fondo. ¡Ay wey! grité, el estiramiento delicioso quemando rico. Empecé a moverme, caderas girando, tetas rebotando. Tú las agarraste, pellizcando pezones, ojos clavados en los míos. Sudor corría por tu frente, por mi espalda, goteando donde nos uníamos. El sonido chapoteante de mi coño empapado contra ti, olía a sexo puro, a deseo desatado.

La tensión crecía, mis uñas en tu pecho dejando marcas rojas. Pensaba en la película, en esa entrega total, y la nuestra era igual pero carnal, voluntaria. Tú empujabas desde abajo, fuerte, profundo, golpeando mi punto G.

Esta pasion de Cristo en Canal 7 nos bendijo con fuego puro
. Gemí alto, ¡Más duro, cabrón! Tú obedeciste, manos en mis nalgas abriéndome más, dedos rozando mi ano para más placer.

El clímax se acercaba como tormenta. Mi vientre se contrajo, ondas de calor subiendo. Tú sentiste, ¡Ven, mami, córrete en mi verga! Aceleré, visión borrosa, el mundo solo tu polla dentro, tus ojos fieros. Exploté primero, un grito ahogado, coño apretándote en espasmos, jugos chorreando. Tú seguiste bombeando, tres estocadas más y te viniste, caliente adentro, llenándome con chorros espesos. Colapsamos, jadeando, corazones retumbando como tambores.

La película seguía, ya en la resurrección, pero nosotros en nuestro paraíso post-sexo. Te quedaste dentro un rato, suave ahora, besando mi frente. Olía a semen, a sudor seco, a nosotros. Afuera la lluvia paró, silencio bendito. La mejor Semana Santa, murmuraste riendo. Yo asentí, trazando tu cara con dedo. Canal 7 y su La Pasion de Cristo nos regaló esto, una pasión viva, nuestra.

Nos quedamos así, enredados, piel pegajosa, hasta que el sueño nos venció. Mañana procesiones, pero esta noche fue nuestra cruz gloriosa, cargada de placer puro.

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