Pasion Desenfrenada en la Costa Maya
La noche en Playa del Carmen estaba caliente como el infierno el aire cargado de sal marina y el ritmo de la cumbia retumbando desde los antros de la Quinta Avenida. Yo Ana una morra de veintiocho años con curvas que volvían locos a los weyes acababa de llegar de un día de sol en la playa mi piel bronceada brillando bajo las luces neón. Llevaba un vestido rojo ajustado que se pegaba a mis chichis y nalgas como segunda piel y unos tacones que me hacían caminar con ese meneo que sabe que atrae miradas.
Estaba en la barra del Coco Bongo pidiendo un tequila reposado con limón y sal cuando lo vi. Se llamaba Marco un carnal alto moreno con ojos negros que prometían travesuras y una sonrisa pícara que me hizo mojarme al instante. Órale qué chulo pensé mientras él se acercaba con una cerveza en la mano.
—
¿Qué onda morra? ¿Sola en esta locura?me dijo con esa voz grave que vibraba en mi pecho.
Le sonreí coqueta y respondí:
—Neta que sí wey pero ya no. ¿Y tú?
Charlamos un rato entre risas y shots de tequila. Él era de Mérida un ingeniero que andaba de vacaciones como yo. La química era eléctrica cada roce de su brazo contra el mío mandaba chispas directo a mi entrepierna. Olía a colonia fresca mezclada con sudor masculino ese aroma que me pone cardíaca. Sentía el calor de su cuerpo cerca el sonido de las olas rompiendo a lo lejos y el pulso acelerado en mis venas. Esta noche va a ser épica me dije mientras su mano rozaba mi cintura.
La tensión crecía como una tormenta. Bailamos pegaditos sus caderas contra las mías sintiendo su verga endureciéndose contra mi panocha. Puta madre qué rico pensé el roce me hacía gemir bajito. Me susurró al oído:
—Me traes loco Ana quiero comerte entera.
Salimos del antro tomados de la mano caminando por la playa desierta. La arena tibia bajo mis pies descalzos el viento salado revolviendo mi pelo. Nos detuvimos bajo las palmeras la luna iluminando su torso musculoso cuando se quitó la camisa. Toqué su pecho firme los músculos tensos bajo mis dedos el vello suave raspando mi palma. Él me besó con hambre sus labios carnosos devorando los míos lengua explorando mi boca con sabor a tequila y deseo.
Esto es pasion desenfrenada pura y neta rugía en mi mente mientras sus manos bajaban mi vestido exponiendo mis tetas al aire fresco de la noche. Mis pezones se endurecieron al instante él los lamió chupó mordisqueó suave haciendo que arqueara la espalda. Gemí fuerte el sonido perdido en el rumor del mar. Bajó más lejos deslicé su pantalón su verga saltó libre gruesa venosa palpitando. La tomé en mi mano sintiendo el calor el pulso latiendo como tambor el olor almizclado de su excitación invadiendo mis fosas nasales.
Me arrodillé en la arena suave lamiendo la punta salada de precum su sabor salado y varonil me enloqueció. La tragué profunda garganta relajada él gruñó agarrando mi pelo:
—¡Ay cabrona qué chido!Chupé mamé lamiendo las bolas pesadas hasta que me levantó impaciente.
Me recostó sobre una sábana que sacó de quién sabe dónde su cuerpo cubriendo el mío piel contra piel sudor mezclándose. Sus dedos encontraron mi clítoris hinchado lo frotaron en círculos mientras metía dos dedos en mi coño empapado. ¡Joder qué mojada estoy! El sonido chapoteante de mis jugos el olor a sexo inconfundible. Gemí su nombre arqueándome mientras el orgasmo se acercaba como ola gigante.
Pero él se detuvo juguetón:
—Aún no mi reina quiero sentirte apretándome.Me volteó a cuatro patas sus manos en mis caderas la arena fresca contra mis rodillas. Sentí la cabeza de su verga presionando mi entrada resbaladiza empujó lento centímetro a centímetro llenándome hasta el fondo. ¡Puta qué grande qué rica! Grité de placer el estiramiento perfecto rozando mi punto G.
Empezó a bombear lento al principio sus pelotas golpeando mi clítoris cada embestida mandando ondas de placer. Aceleró el ritmo salvaje piel chocando sudor volando gruñidos animales míos y suyos mezclándose con las olas. Agarré la sábana mis uñas clavándose el olor a mar y sexo envolviéndonos.
—Más duro Marco fóllame como animalle supliqué y él obedeció taloneándome profundo rápido sin piedad.
La pasion desenfrenada nos consumía éramos bestias en celo su mano bajando a mi clítoris frotando furioso. El clímax me golpeó como tsunami mi coño contrayéndose ordeñando su verga chorros de placer empapando sus bolas. Él rugió corriéndose dentro caliente espeso llenándome hasta rebosar el calor inundándome.
Colapsamos jadeantes cuerpos entrelazados el sudor enfriándose bajo la brisa marina. Su beso post-orgasmo tierno labios hinchados rozando los míos. Neta que fue lo máximo pensé mientras su mano acariciaba mi espalda el corazón latiendo al unísono.
Nos quedamos así un rato hablando bajito de la vida de sueños. Él me dijo que nunca había sentido algo tan intenso yo confesé que él despertó algo salvaje en mí. La luna testigo de nuestra conexión más allá del sexo. Al amanecer nos despedimos con promesas de volvernos a ver pero sabiendo que esta noche de pasion desenfrenada quedaría grabada en la piel en el alma.
Regresé a mi hotel caminando descalza la arena pegada a mis piernas el cuerpo dolorido pero satisfecho. El sol saliendo tiñendo el cielo de rosa el sabor de él aún en mi boca. Qué chingón fue todo sonreí para mí misma lista para lo que la vida trajera después de esta noche inolvidable.