Relatos Prohibidos
Inicio Infidelidad Liderar con Pasión Liderar con Pasión

Liderar con Pasión

6486 palabras

Liderar con Pasión

En el bullicio de la Ciudad de México, donde las luces de Reforma parpadean como promesas nocturnas, trabajaba en la agencia de publicidad más chida del momento. Yo, Ana, acababa de entrar como creativa junior, con las pilas a tope y un nudo en el estómago cada vez que veía a Alejandro, mi jefe. Ese macho alto, de piel morena y ojos que te clavaban como tequila puro. Siempre vestía impecable, camisa ajustada que marcaba sus hombros anchos, y un aroma a sándalo que me hacía suspirar disimuladamente.

La primera vez que lo oí decirlo fue en una junta matutina. "Hay que liderar con pasión", soltó mientras repartía las tareas del día, su voz grave resonando en la sala de juntas con vista al skyline. Todos aplaudimos, pero yo sentí un cosquilleo entre las piernas. ¿Pasión? Ay, güey, si supiera la que yo traía guardada.

Los días pasaban volando entre deadlines y cafés cargados. Alejandro me asignaba proyectos especiales, siempre con esa sonrisa ladeada que me derretía. "Ana, tú puedes con esto, lidera con pasión", me decía, rozando mi mano al pasarme los folders. Su toque era eléctrico, piel cálida contra la mía fría por los nervios. Olía a hombre de verdad, a loción cara mezclada con el sudor leve de la emoción del trabajo.

Una noche de viernes, quedamos solos en la oficina. El equipo se había largado a un antro en Polanco, pero yo me ofrecí a terminar el pitch para el cliente grande. Él se quedó conmigo. "No te dejo sola, carnal", dijo guiñándome un ojo. Encendió la máquina de café, y el aroma tostado llenó el aire mientras las luces de la ciudad se colaban por las ventanas polarizadas.

¿Qué chingados estoy haciendo? Piensa, Ana, es tu jefe. Pero sus ojos... esa forma en que me mira, como si ya supiera lo mojada que me pone.

Nos sentamos en el sofá de la sala de juntas, revisando el diseño en su laptop. Sus muslos rozaban los míos, y el calor subía como volcán. "Mira esto", murmuró acercándose, su aliento cálido en mi cuello. Giré la cabeza y nuestras narices casi chocan. Sus labios, carnosos y húmedos, a centímetros. El corazón me latía en la garganta, un tamborazo que seguro él oía.

"Alejandro...", susurré, pero él ya había decidido. Me tomó la barbilla con dedos firmes pero tiernos, y me besó. Fue un beso de esos que te quitan el aire, lengua explorando mi boca con sabor a espresso y deseo puro. Gemí bajito, mis manos subiendo por su pecho duro bajo la camisa. Desabotoné uno, dos botones, sintiendo los vellos ásperos contra mis palmas.

Se apartó un segundo, ojos negros brillando. "Liderar con pasión, Ana. Así es como vivo. ¿Tú estás lista para seguirme?". Asentí, la voz atrapada en la garganta. Me levantó en brazos como si no pesara nada, llevándome a su oficina privada. La puerta se cerró con clic suave, y el mundo se redujo a nosotros.

Me sentó en el escritorio, papeles volando al suelo con susurros. Sus manos expertas subieron por mis muslos, arrugando la falda pencil que traía. "Qué chula estás, nena", gruñó mientras besaba mi clavícula, dientes rozando suave. Olía a su excitación, ese musk masculino que me hacía apretar las piernas. Deslicé mis dedos por su pelo negro ondulado, tirando leve para guiarlo más abajo.

Me quitó la blusa con urgencia controlada, encaje negro de mi brasier contrastando con su piel tostada. Chupó mis pezones endurecidos, lengua girando en círculos que me arquearon la espalda. "¡Ay, Dios!", jadeé, el sonido ecoando en la habitación. Sus manos masajeaban mis nalgas, dedos hundiéndose en carne suave, prometiendo más.

No puedo creerlo. Su boca... tan caliente, tan hambrienta. Quiero que me coma entera.

Lo empujé hacia atrás, queriendo tomar algo de control. Desabroché su cinturón, el cuero crujiendo, y bajé el zipper. Su verga saltó libre, gruesa y venosa, palpitando con venas marcadas. La tomé en mano, piel aterciopelada sobre acero, y él siseó placer. "Así, mija, lidera con pasión". Me arrodillé, el piso alfombrado suave bajo mis rodillas, y la lamí desde la base hasta la punta, sabor salado explotando en mi lengua. Él gimió ronco, manos en mi cabeza guiando sin forzar.

Me levantó de nuevo, volteándome contra el escritorio. Bajó mis panties con lentitud tortuosa, besando cada centímetro de piel expuesta. El aire fresco rozó mi panocha húmeda, chorreando ya. "Estás empapada, Ana. Para mí", murmuró, dedos abriendo mis labios, rozando el clítoris hinchado. Gemí alto, caderas moviéndose solas.

Entró en mí de un empujón suave pero profundo, llenándome hasta el fondo. "¡Sí, carajo!", grité, paredes apretándolo como guante. Empezó a moverse, ritmo constante, piel chocando con palmadas húmedas. Sudor perló su frente, goteando en mi espalda, salado al lamerlo. Sus manos en mis caderas, guiándome, liderando el vaivén.

Aceleró, gruñendo palabras sucias al oído: "Te chingo rico, ¿verdad, pendeja caliente?". Reí entre gemidos, "¡Más, Alejandro, no pares!". El escritorio crujía, ciudad allá afuera ajena a nuestro fuego. Sentí el orgasmo construyéndose, espiral de placer en el vientre, pulsos acelerados sincronizándose.

Cambié posiciones, montándolo en su sillón de cuero negro. Sus manos en mis tetas, pellizcando pezones mientras yo rebotaba, verga golpeando mi punto G perfecto. Sudor nos unía, resbaloso y caliente. "¡Me vengo!", anuncié, y exploté en olas, contrayéndome alrededor de él, jugos chorreando por sus bolas.

Él rugió, embistiendo una última vez, llenándome con chorros calientes. Colapsamos juntos, respiraciones jadeantes llenando el silencio. Su corazón tronaba bajo mi oreja, aroma a sexo y sándalo envolviéndonos.

Minutos después, me acurruqué en sus brazos, piel pegajosa y satisfecha. "Eso fue... increíble", susurré, besando su pecho. Él rio bajito, acariciando mi pelo. "Liderar con pasión no es solo en el trabajo, Ana. Es en todo".

¿Y ahora qué? ¿Fue solo una noche? No importa. Por primera vez, me siento liderada... y poderosa.

Nos vestimos entre risas y besos robados, prometiendo discreción pero no fin. Salimos a la noche mexicana, Reforma vibrante con taxis y antojitos callejeros. El sabor de él aún en mi boca, el fantasma de su pasión en mi cuerpo. Sabía que esto apenas empezaba.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a RelatosEroticos.mx.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.