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El Diario de una Pasion Desbordante

7196 palabras

El Diario de una Pasion Desbordante

Estaba sentada en mi sillón de terciopelo rojo en mi depa de Polanco, con el aire acondicionado zumbando bajito y el olor a café recién molido flotando en el aire. Afuera, las luces de la Ciudad de México parpadeaban como estrellas caídas, pero yo solo tenía ojos para las páginas amarillentas de El Diario de una Pasión, ese libro que me había prestado mi carnala Lupe. Neta, cada línea me erizaba la piel, hablando de amores que no se apagan ni con el tiempo. Y luego leí en la contraportada que su nombre en inglés era The Notebook. Qué chingón, pensé, una pasión que cruza idiomas y fronteras.

Mi nombre es Ana, tengo treinta y dos años, trabajo en una agencia de diseño en Reforma, y vivo sola desde que mi ex, ese pendejo, se largó a Cancún con su "nueva vida". Pero esa noche, mientras pasaba las páginas, sentí un calorcillo entre las piernas que no era del café. Imaginé a Noah y Allie, sus cuerpos enredados bajo la lluvia, el agua resbalando por sus pieles desnudas. ¿Por qué no tengo un amor así? me pregunté, mordiéndome el labio.

Hoy empecé este diario porque algo dentro de mí arde. Leí de "el diario de una pasion nombre en ingles The Notebook" y supe que mi propia historia merece contarse. Quiero pasión, quiero sentirme viva.

Al día siguiente, en el elevador del edificio, me topé con Diego. Wey, qué tipo. Alto, moreno, con esa barba de tres días que te hace querer pasar los dedos por ella, y ojos cafés que te clavan como si supieran todos tus secretos. Vive dos pisos arriba, es arquitecto, y siempre huele a sándalo y a algo más, como a mar. "Órale, Ana, ¿qué onda con ese libro que traes?", me dijo sonriendo, señalando mi bolsa donde asomaba la portada.

"Es El Diario de una Pasión, neta te lo recomiendo. En inglés es The Notebook, una historia de amor que te deja mojadita", respondí coqueta, sintiendo el pulso acelerarse. Él se rio, esa risa grave que vibra en el pecho. "Suena chido. ¿Quieres que lo veamos juntos? La peli, digo". Simón, pensé, esto es el destino.

Acto primero de mi propia pasión: esa noche lo invité a mi depa. Preparé tacos de arrachera con guac, bien ricos, y una botella de mezcal de Oaxaca que quema la garganta como un beso ardiente. Diego llegó con una playera ajustada que marcaba sus pectorales y unos jeans que le quedaban perfectos. Nos sentamos en el sofá, las luces bajas, el olor a carne asada mezclándose con su colonia.

Mientras veíamos la peli, sus piernas rozaban las mías. Cada escena de besos me ponía los nervios de punta. Noah remando hacia Allie, sus cuerpos chocando en el agua... sentí la mano de Diego en mi muslo, cálida, pesada. No mames, Ana, ve despacio, me dije, pero mi cuerpo ya traicionaba. El corazón me latía como tamborazo en una fiesta de pueblo.

"¿Te gusta?", susurró él, su aliento caliente en mi oreja. "Mucho", contesté, girándome. Nuestros labios se encontraron suaves al principio, como probando el terreno. Sabían a mezcal y a menta, dulces y ásperos. Su lengua exploró mi boca, y yo gemí bajito, el sonido ahogado por el rugido de la lluvia en la pantalla.

Pero paré. ¿Y si es solo un rato? La tensión crecía, como una tormenta en el horizonte de Chapultepec. "Diego, neta quiero esto, pero no quiero que sea como los demás". Él me miró serio, sus ojos brillando. "Ana, desde que te vi, supe que eras diferente. Esto es pasión de verdad, como en tu libro". Me besó el cuello, su barba raspando mi piel suave, enviando chispas directo a mi centro.

Acto segundo: la escalada. Nos paramos, él me quitó la blusa despacio, besando cada centímetro de mi clavícula. Olía a mi perfume de jazmín mezclado con sudor nervioso. Sus manos grandes cubrieron mis tetas, los pezones endureciéndose bajo sus pulgares. "Qué ricas estás, mamacita", murmuró, y yo reí, empujándolo al sofá.

Me arrodillé entre sus piernas, desabrochando su cinturón con dedos temblorosos. Su verga saltó libre, dura, venosa, oliendo a hombre puro. La lamí desde la base, saboreando la sal de su piel, el pulso latiendo contra mi lengua. Él gruñó, enredando los dedos en mi pelo. "Chíngame la boca, Ana". Lo hice, chupando profundo, el sonido húmedo llenando la habitación, mis jugos empapando mis calzones.

En mi diario: hoy Diego me tocó como si fuera suya. Su sabor en mi lengua, su olor embriagador. "El diario de una pasion nombre en ingles" palidece ante esto. Mi panocha palpita por él.

Me levantó como si no pesara, me cargó a la cama. El colchón crujió bajo nosotros. Me desnudó completo, sus ojos devorando mi cuerpo desnudo, mis curvas mexicanas, mi piel morena brillando bajo la luz de la luna que se colaba por la ventana. "Eres una diosa", dijo, y bajó la cabeza entre mis piernas.

Su lengua en mi clítoris fue fuego. Lamía lento, círculos perfectos, chupando mis labios hinchados. Olía a mi excitación, almizcle dulce, y gemí fuerte, arqueando la espalda. "¡Ay, wey, no pares!". Metió dos dedos, curvándolos justo ahí, el punto que me hace ver estrellas. El sonido de mis jugos, chapoteando, me ponía más caliente. Mi primer orgasmo llegó como ola en Acapulco, temblando, gritando su nombre.

Pero no paró. Me volteó a cuatro patas, su verga rozando mi entrada. "¿Quieres que te chingue, Ana?". "Sí, pendejo, hazme tuya", rogué. Entró despacio, centímetro a centímetro, estirándome delicioso. Lleno, grueso, tocando lo más hondo. El slap de sus caderas contra mi culo resonaba, sudor goteando, mezclándose.

Cambié de posición, cabalgándolo. Sus manos en mis caderas, yo rebotando, mis tetas saltando. Lo veía, su cara de placer, músculos tensos. "Te sientes como terciopelo caliente", jadeó. Aceleré, mis paredes apretándolo, el clímax construyéndose de nuevo. Él se incorporó, mamando mis pezones, mordisqueando suave.

La tensión psicológica rompía: Esto es mío, esta pasión es eterna. Gritamos juntos, él llenándome con su leche caliente, yo convulsionando, uñas en su espalda.

Acto tercero: el afterglow. Caímos enredados, pieles pegajosas, respiraciones entrecortadas. El olor a sexo impregnaba el aire, mezclado con nuestro sudor salado. Besos suaves ahora, caricias perezosas. "Neta, Ana, esto fue como en el libro", dijo él, trazando círculos en mi vientre.

"Mejor, porque es nuestro". Saqué mi diario de la mesita, se lo mostré. "Aquí va tu capítulo". Él sonrió, besándome la frente. Afuera, la ciudad ronroneaba, pero en mi cama, el mundo era perfecto. Esta pasión no se acaba con una lluvia o el tiempo. Es desbordante, eterna.

Fin del día: Diego duerme a mi lado, su pecho subiendo y bajando. "El diario de una pasion nombre en ingles" fue el inicio, pero mi historia apenas empieza. Mañana más.

Despertamos con el sol colándose, cuerpos entrelazados. Su mano bajó de nuevo, explorando. "Otra ronda, ¿mamacita?". Reí, abriéndome. La pasión renacía, gradual, infinita. En Polanco, entre lujos y sueños, encontré mi Notebook personal. Y qué chido se siente.

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