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Diario de una Pasion Pelicula Completa Cuevana Ardiente

6308 palabras

Diario de una Pasion Pelicula Completa Cuevana Ardiente

Neta que hoy fue uno de esos días en que el calor de la ciudad me tenía sudando en mi depa de la Condesa. Estaba sola, con el ventilador zumbando como loco y el sol colándose por las cortinas. ¿Qué chingados hago? pensé, mientras me recargaba en el sofá con mi laptop. Recordé esa peli romántica que tanto ruido armó, diario de una pasion pelicula completa cuevana, y la busqué rapidito en la página de siempre. ¡Chido! Ahí estaba, lista para darle play sin broncas.

Me serví un mezcalito con limón y sal, el olor fresco del agave llenando el aire, y me acomodé con las piernas cruzadas. La pantalla se iluminó con esas escenas de amor eterno, besos bajo la lluvia que me pusieron la piel chinita. El protagonista, con su mirada de fuego, abrazando a la chava como si el mundo se acabara. Sentí un calorcito bajito en el estómago, de esos que te hacen apretar las piernas. Pinche peli, me está prendiendo cañón, me dije, mientras mi mano se colaba distraída por debajo de la blusa, rozando mis chichis que ya estaban duras como piedras.

Querido diario, hoy diario de una pasion pelicula completa cuevana me abrió las ganas como nunca. Esa pasión cruda, sin frenos, me tiene mojadita pensando en Alejandro, el wey del depa de al lado. Siempre me saluda con esa sonrisa pícara, oliendo a jabón y colonia barata que me marea. ¿Y si lo invito? Neta que sí.

Apagué la peli a la mitad, el corazón latiéndome a mil. Saqué el celular y le mandé un mensajito: "Wey, ¿vienes por un mezcal? Tengo una peli chida pa' ver". No pasaron ni cinco minutos cuando tocaron la puerta. Ahí estaba él, con su playera ajustada marcando los músculos del gym, jeans gastados y esa barba de tres días que me dan ganas de lamer. "¡Hola, mamacita! ¿Qué onda?" dijo con voz ronca, entrando como si fuera su casa.

Lo senté en el sofá, le serví su trago y le conté de la peli. "Es diario de una pasion pelicula completa cuevana, carnal, pura pasión que te deja con el alma en la mano", le dije, rozando su pierna con la mía "sin querer". Él se rio, sus ojos clavados en mis labios. "Suena chingón, pero neta lo que me prende es verte así, con esa falda tan corta". El aire se cargó de electricidad, el zumbido del ventilador como fondo a nuestra respiración que ya se aceleraba.

Acto seguido, su mano grande y callosa se posó en mi muslo, subiendo despacito, el calor de su palma quemándome la piel. "¿Quieres que la veamos juntos?" pregunté, pero mi voz salió temblorosa, traicionándome. Él negó con la cabeza, acercando su boca a mi oreja. "Prefiero mi propia versión, contigo de protagonista". Su aliento caliente me erizó el vello de la nuca, oliendo a mezcal y hombre. Me volteé y lo besé, duro, nuestras lenguas enredándose como en la peli, pero mil veces más real, más sucio.

Sus manos me quitaron la blusa con urgencia, exponiendo mis tetas al aire fresco. "Estás rica, pinche diosa", murmuró, mamando un pezón con hambre, el chasquido húmedo resonando en la habitación. Gemí bajito, arqueando la espalda, el sabor salado de su sudor en mi piel mientras le clavaba las uñas en los hombros. Bajé la mano a su entrepierna, sintiendo su verga dura como fierro bajo los jeans, palpitando contra mi palma. "Ya quiero probarte, wey", le susurré, desabrochándole el cinto con dientes.

Lo empujé al sofá y me arrodillé entre sus piernas, el piso fresco contra mis rodillas. Saqué su pito grueso, venoso, oliendo a macho puro. Lo lamí de abajo arriba, saboreando la gotita salada en la punta, mientras él gruñía "¡Así, chava, mámamela toda!". Lo tragué hasta el fondo, mi garganta ajustándose, saliva chorreando por mi barbilla. Sus caderas se movían, follando mi boca con ritmo, el sonido chapoteante mezclándose con nuestros jadeos. Me miró con ojos en llamas, acariciándome el pelo. "Eres la mejor, neta".

Diario, su verga en mi boca sabe a victoria, a esa pasión que vi en la peli pero vivida en carne propia. Me tiene empapada, la panocha latiéndome como tambor.

No aguanté más. Me paré, me quité la tanga empapada y me senté a horcajadas sobre él, frotando mi clítoris hinchado contra su punta. "Métemela ya, papi", le rogué, y él obedeció, embistiéndome de un jalón. ¡Ay, cabrón! Llenándome hasta el tope, estirándome delicioso. Empecé a cabalgarlo, mis caderas girando, el slap-slap de piel contra piel llenando el depa. Sudábamos como locos, el olor a sexo crudo invadiendo todo, sus manos amasándome el culo.

Me volteó, poniéndome en cuatro sobre el sofá, y me dio duro por atrás. Cada estocada me hacía gritar, el placer subiendo como ola, mis paredes apretándolo. "¡Más fuerte, Alejandro, rómpeme!" le pedí, y él aceleró, una mano en mi clítoris frotando círculos rápidos. Sentí el orgasmo venir, un nudo apretado en el vientre explotando en temblores. Me vine como nunca, chorros calientes mojando sus bolas, el mundo volviéndose blanco.

Él no paró, gruñendo como animal, hasta que se tensó y me llenó con su leche espesa, caliente, goteando por mis muslos. Nos derrumbamos juntos, jadeando, su pecho contra mi espalda, besos suaves en mi cuello. El ventilador nos secaba el sudor, el mezcal olvidado en la mesa.

Después, recostados enredados en las sábanas de mi cama –porque migramos allá sin darnos cuenta–, me miró con ternura. "Eres mi pasión, como en esa peli tuya", dijo, trazando círculos en mi ombligo. Yo sonreí, oliendo su piel mezclada con la mía, el afterglow envolviéndonos como niebla dulce.

Querido diario, diario de una pasion pelicula completa cuevana fue el detonante perfecto. Alejandro y yo, puro fuego consensual, empoderándonos en cada roce. Mañana repetimos, neta que esta pasión apenas empieza. Siento su semen secándose en mí, marca de lo nuestro. ¡Chido!

La noche cayó suave sobre la ciudad, luces de autos lejanas como estrellas. Me quedé dormida en sus brazos, el corazón en paz, sabiendo que esta historia nuestra es mejor que cualquier peli. Mañana, más.

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