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El Color de Cabello Rojo Pasión

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El Color de Cabello Rojo Pasión

Tú caminas por las calles empedradas de la colonia Roma en la Ciudad de México, el sol del atardecer tiñendo todo de un naranja ardiente que se refleja en los ventanales de los cafés y bares. El aire huele a tacos al pastor asándose en la esquina y a jazmín de algún balcón cercano. Llevas una camisa guayabera ligera porque el calor sigue pegando aunque baje el sol, y de repente, al entrar a ese rooftop bar que te recomendó un carnal, la ves. Ahí está ella, recargada en la barandilla, con el viento juguetón revolviéndole ese color de cabello rojo pasión que brilla como fuego líquido bajo las luces tenues de las guirnaldas.

Su melena cae en ondas salvajes hasta la mitad de su espalda, un rojo intenso que no parece natural, pero que grita vida, deseo, pasión pura. Lleva un vestido negro ajustado que marca sus curvas generosas, pechos firmes que suben y bajan con cada risa que suelta hacia sus amigas. Tú sientes un cosquilleo en el estómago, como si el mezcal que acabas de pedirte ya te hubiera pegado.

Órale, wey, ¿de dónde salió esta diosa? Ese cabello... neta, me prende cañón
, piensas mientras te acercas al bar, pidiendo un tequila reposado para hacerte el desinteresado.

La música ranchera fusionada con beats electrónicos llena el lugar, y el bullicio de la gente charlando, brindando, hace que el ambiente vibre. Te voltea a ver, sus ojos verdes como aguacates maduros te clavan, y sonríe con labios carnosos pintados de rojo oscuro. Va a ser una noche chida, te dices. Te lanzas: "Qué onda, ¿te puedo invitar un trago? Ese cabello tuyo está prendiendo fuego a todo el rooftop". Ella ríe, una carcajada ronca y sexy que te eriza la piel. "¡Claro, guapo! Soy Renata, y este color es mi sello, rojo pasión total. ¿Y tú?". "Alejandro, pero llámame Alex. Neta, ese color de cabello rojo pasión te queda perfecto, como si nacieras con él".

Charlan de todo: de la vida loca en la CDMX, de cómo ella es diseñadora gráfica freelance y tiñó su cabello hace un mes para "sentir el fuego adentro", de tus aventuras como fotógrafo en bodas y eventos. El tequila fluye, los cuerpos se acercan en la pista improvisada. Bailan pegaditos, salsa con toques de cumbia, sus caderas rozando las tuyas, el calor de su piel traspasando la tela delgada. Sientes su aliento mentolado con un toque de canela en tu cuello cuando se inclina para susurrarte: "Me caes bien chido, Alex. ¿Quieres ir a mi depa? Vivo aquí cerquita". Tu pulso se acelera, el deseo subiendo como lava. "¡Simón, Renata! Vamos".

La noche ya es noche negra cuando salen tomados de la mano, el aire fresco oliendo a lluvia lejana. Caminan unas cuadras, riendo de tonterías, hasta su departamento en un edificio viejo pero chulo, con murales callejeros en la fachada. Suben las escaleras, ella adelante, y tú no puedes evitar mirar cómo ese vestido se tensa en su culo redondo. Abre la puerta, luces bajas, velas aromáticas a vainilla y sándalo encendidas ya, como si supiera que pasaría esto. "Siéntete en tu casa", dice, y te jala para un beso que sabe a tequila y promesas.

Sus labios son suaves, húmedos, la lengua juguetona explorando tu boca con hambre contenida. Tus manos recorren su espalda, bajan a sus nalgas, apretando esa carne firme. Ella gime bajito, un sonido que vibra en tu pecho.

Chingado, qué rica está esta morra. Ese fuego en su cabello se siente en todo su cuerpo
. Se separan jadeando, ella te quita la camisa con urgencia, sus uñas rojas arañando levemente tu pecho, enviando chispas por tu espina. Tú desabrochas su vestido, que cae como cascada revelando lencería negra de encaje, pezones rosados endurecidos asomando.

La llevas a la cama king size, sábanas de algodón egipcio frescas contra la piel caliente. Besas su cuello, inhalando su perfume floral mezclado con el sudor sutil de la excitación. Bajas a sus tetas, chupando un pezón mientras pellizcas el otro, ella arquea la espalda, "¡Ay, wey, qué rico! No pares", su voz ronca mexicana pura. Tus manos bajan, quitándole el tanga, revelando su coño depilado, húmedo, brillando bajo la luz ámbar. Ella te empuja, desabrocha tu pantalón, saca tu verga dura como piedra, palpitante. "Mmm, qué chula, Alex. Te la voy a mamar hasta que ruegues".

Y lo hace. Su boca caliente envuelve tu glande, lengua girando, succionando con maestría. Sientes el calor húmedo, el roce de sus dientes suaves, saliva chorreando. Gimes fuerte, agarrando mechones de ese color de cabello rojo pasión, guiándola sin forzar, solo disfrutando. "¡Renata, neta, eres una diosa!". Ella acelera, una mano masajeando tus huevos, la otra en tu culo. El placer sube, tensión en tu vientre, pero te aguantas, la jalas arriba para besarla, saboreando tu propio sabor salado en su lengua.

Ahora ella encima, montándote como amazona. Su coño aprieta tu verga al entrar, caliente, resbaloso, paredes vaginales masajeando cada centímetro. Cabalga lento al principio, caderas girando, tetas rebotando, cabello rojo volando como llamas. Tú agarras sus muslos suaves, sudor perlando su piel olivácea, oliendo a sexo puro.

Esto es el paraíso, carnal. Su pasión me quema vivo
. Acelera, gemidos mezclándose con el slap-slap de carne contra carne, la cama crujiendo. "¡Cógeme más duro, Alex! ¡Dame todo!". Cambian, tú arriba en misionero, embistiéndola profundo, sus piernas enredadas en tu cintura, uñas clavándose en tu espalda.

El clímax se acerca, su coño convulsionando, ella grita "¡Me vengo, chingado, me vengo!", jugos calientes inundando. Tú no aguantas, explotas dentro, chorros calientes llenándola, cuerpos temblando en éxtasis compartido. Colapsan, jadeos pesados, piel pegajosa de sudor, el cuarto oliendo a semen, pussy y velas. Te quedas encima, besos suaves, su cabello rojo pasión desparramado en la almohada como halo infernal.

Después, en la afterglow, fuman un cigarro en la ventana abierta, la ciudad brillando abajo con neones y cláxones lejanos. Ella recarga su cabeza en tu hombro, mechones rojos cosquilleando tu piel. "Qué noche tan chida, Alex. Ese fuego que traes tú también prende". Tú sonríes, acariciando su melena.

Neta, este color de cabello rojo pasión no miente. Es pura pasión encarnada
. Se duermen entrelazados, el amanecer tiñendo el cielo de rosa, prometiendo más fuegos por venir. Mañana será otro día en la gran chingada CDMX, pero esta noche, todo fue perfecto, consensual, ardiente, inolvidable.

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