Relatos Prohibidos
Inicio Infidelidad Honor y Pasión Julie Garwood PDF Ardiente Honor y Pasión Julie Garwood PDF Ardiente

Honor y Pasión Julie Garwood PDF Ardiente

7326 palabras

Honor y Pasión Julie Garwood PDF Ardiente

Ana se recostó en la amplia cama king size de su departamento en Polanco, con la luz tenue del atardecer filtrándose por las cortinas de seda. El aroma a jazmín del difusor flotaba en el aire, mezclándose con el leve olor a café recién hecho de la cocina. Tenía el laptop sobre las piernas, navegando distraídamente cuando dio con un enlace intrigante: honor y pasión julie garwood pdf. "Órale, qué chido", murmuró para sí, descargándolo de inmediato. Era una novela romántica que había oído mencionar, llena de caballeros honorables y pasiones desbordadas. Abrió el archivo y comenzó a leer, las palabras envolviéndola como un abrazo cálido.

En las páginas, una heroína luchaba entre el deber familiar y un deseo abrasador. Ana sintió un cosquilleo en la piel, el calor subiendo por su pecho.

"¿Y si yo también tengo ese fuego dentro? Mi familia siempre hablando de honor, de no manchar el apellido, pero neta, ¿dónde queda la pasión?"
Cerró los ojos un momento, imaginando al protagonista tomándola con fuerza respetuosa. Su mano bajó instintivamente, rozando el encaje de su tanga de hilo. El sonido de la ciudad bullía afuera: cláxones lejanos, risas de transeúntes, pero dentro todo era silencio expectante.

De pronto, la puerta principal se abrió con un clic metálico. Era Diego, su esposo de tres años, alto y moreno, con esa sonrisa pícara que la derretía. Vestía camisa ajustada que marcaba sus pectorales, pantalón de vestir y un perfume amaderado que siempre la ponía nerviosa. "¡Mi amor, ya llegué!" gritó desde el pasillo. Ana cerró el laptop de golpe, el corazón latiéndole como tambor ranchero. Se miró en el espejo del clóset: cabello negro suelto, blusa escotada que dejaba ver el nacimiento de sus senos bronceados, shorts cortos que abrazaban sus caderas curvilíneas.

"Pásale, güey", respondió ella con voz juguetona, acomodándose para que él la viera deseable. Diego entró al cuarto, dejó su maletín y se acercó, oliendo a sudor limpio del día y a esa colonia que era puro sexo. "¿Qué traes ahí? ¿Lecturita erótica?" bromeó, señalando el laptop. Ana rio, un sonido gutural y sensual. "Honor y pasión julie garwood pdf, carnal. Me dejó toda encendida. Lee un rato y verás". Él arqueó la ceja, intrigado, y se sentó a su lado, abriendo el archivo. Mientras leía en voz alta un pasaje candente, su mano grande se posó en el muslo de ella, trazando círculos lentos. La piel de Ana se erizó, el tacto áspero de sus dedos contrastando con la suavidad de su piel depilada.

El deseo creció como una tormenta veraniega. Diego dejó el laptop y la miró con ojos oscuros, pupilas dilatadas. "¿Quieres que te muestre honor de verdad, pero con toda la pasión?" susurró, su aliento cálido contra su oreja. Ana asintió, mordiéndose el labio inferior, el sabor salado en la lengua. Lo jaló hacia ella, sus bocas chocando en un beso hambriento. Lenguas danzando, húmedas y urgentes, el chasquido de saliva llenando el cuarto. Sus manos exploraron: las de él subiendo por su espalda, desabrochando el sostén con destreza; las de ella hurgando en su cinturón, liberando la erección que palpitaba caliente contra su palma.

"Qué verga tan dura, pendejo. Siempre me sorprendes"
, pensó Ana, mientras lo acariciaba despacio, sintiendo las venas hinchadas, el prepucio suave deslizándose. Diego gruñó, un sonido grave que vibró en el pecho de ella. La tumbó boca arriba, quitándole la blusa con rudeza gentil. Sus senos saltaron libres, pezones erectos como cerezas maduras. Él los lamió, succionando con avidez, el roce húmedo enviando descargas eléctricas directo a su entrepierna. Ana arqueó la espalda, gimiendo "¡Ay, Diego, qué rico! No pares, cabrón". El olor a su excitación se esparcía, almizclado y dulce, como miel caliente.

La tensión escalaba. Diego bajó besando su vientre, mordisqueando la piel sensible del ombligo. Llegó a los shorts, los deslizó con los dientes, exponiendo la tanga empapada. "Mira nada más cómo traes la concha chorreando, mamacita", dijo con voz ronca, inhalando profundo su aroma íntimo. Ana temblaba, las piernas abiertas, el aire fresco rozando su humedad. Él apartó la tela, su lengua plana lamiendo desde el perineo hasta el clítoris hinchado. El sabor salado-musgoso la invadió a ella misma cuando él la besó después, compartiendo. Sabía a mar y a deseo puro.

Ella lo empujó hacia atrás, queriendo devolverle el favor. Se arrodilló entre sus piernas, admirando la verga erguida, gruesa y venosa, coronada de un glande brillante por el precum. "Te voy a chupar hasta que ruegues, mi rey", prometió, lamiendo la base con lengua juguetona. Lo tomó en la boca, succionando rítmicamente, el sonido obsceno de succión y saliva resonando. Diego enredó los dedos en su cabello, guiándola sin forzar, jadeando "¡Neta, Ana, eres la chingona de las mamadas!". El pulso de él acelerado contra su lengua, el sabor salobre inundándola, la hacía mojar más.

Pero querían más. Ana se montó a horcajadas, frotando su entrada húmeda contra la punta de él.

"Honor es querernos así, sin cadenas. Pasión es esto, puro fuego mexicano"
. Se hundió despacio, centímetro a centímetro, gimiendo al sentirlo estirándola, llenándola hasta el fondo. El roce interno era exquisito, paredes vaginales contrayéndose alrededor de su grosor. Comenzaron a moverse, ella cabalgando con brío, senos rebotando, sudor perlando sus cuerpos. Diego embestía desde abajo, manos en sus nalgas, azotando suave "¡Muévete, pinche diosa!". El slap de piel contra piel, gemidos entremezclados, el colchón crujiendo como testigo.

La intensidad subió. Cambiaron posiciones: él encima, misionero profundo, piernas de ella en sus hombros. Cada embestida rozaba su punto G, chispas de placer estallando. "¡Chíngame más duro, amor! ¡Hazme tuya!" rogaba Ana, uñas clavándose en su espalda musculosa. El olor a sexo impregnaba todo, sudor salado goteando de su frente a sus labios. Diego aceleró, gruñendo animalesco, su verga hinchándose más. Ana sintió el orgasmo acercándose, como ola gigante: vientre contrayéndose, clítoris palpitante contra su pubis.

"¡Me vengo, Diego! ¡Ay, Dios!" gritó, el clímax explotando en contracciones violentas, jugos calientes empapando sus uniones. Él la siguió segundos después, eyaculando profundo con rugido gutural, chorros calientes llenándola. Colapsaron juntos, cuerpos pegajosos, respiraciones agitadas sincronizándose. Besos suaves post-orgasmo, lenguas perezosas saboreando el aftertaste salado.

Minutos después, recostados enredados en sábanas revueltas, Ana trazaba círculos en su pecho. "Gracias por esa honor y pasión, como en el PDF de Julie Garwood", susurró risueña. Diego rio, apretándola. "Siempre, mi vida. Tú eres mi heroína real". El sol se ponía, tiñendo la habitación de naranja, y ellos flotaban en esa paz sensual, sabiendo que el honor verdadero era honrar su pasión mutua. Afuera, la ciudad seguía su ritmo, pero adentro, todo era perfecto equilibrio.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a RelatosEroticos.mx.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.