Pasión de Cristo en Inglés
El sol se colaba por las cortinas de la ventana en tu departamento en la Condesa, tiñendo todo de un naranja cálido que olía a café recién molido y a las tortillas calientitas que acababas de sacar del comal. Cristo, tu carnal de toda la vida convertido en algo más ardiente, estaba recargado en el sillón de cuero, con esa playera ajustada que marcaba sus pectorales duros como piedra. Órale, qué perrón se ve el wey, pensaste mientras le servías un plato de tacos de arrachera, jugosos y sazonados con cilantro fresco.
—Gracias, mi reina —dijo él con esa voz grave que te erizaba la piel, sus ojos cafés clavados en los tuyos como si ya supiera lo que vendría después. Se acomodó el cabello negro revuelto y te jaló de la cintura para que te sentaras en sus piernas. El calor de su cuerpo te envolvió al instante, su aroma a jabón mezclado con un toque de sudor masculino que te hacía agua la boca.
Habían pasado semanas desde la última vez que se vieron, con el pinche trabajo jodiéndolos a los dos. Pero esta noche era suya. Después de cenar, Cristo sacó el control remoto y encendió la tele grande. —Quiero que veamos algo intenso, ¿neta? —te dijo, navegando por el streaming hasta encontrar Pasión de Cristo en inglés. La versión original, sin doblaje, con los gritos y el drama crudo de la película de Mel Gibson.
—¿En serio, carnal? ¿Esa película tan heavy? —reíste, pero te acurrucaste contra su pecho, sintiendo el latido acelerado de su corazón bajo tu mejilla. El primer acto empezó: las traiciones en el huerto, el sudor frío de Jesús bajo la luna. El sonido de las ramas rompiéndose, los susurros en arameo mezclado con inglés, te ponía los nervios de punta. La mano de Cristo se deslizó por tu muslo, subiendo despacio la falda de tu vestido ligero, rozando la piel sensible del interior.
¿Por qué carajos esta película me está prendiendo tanto? Su cuerpo sufriente en pantalla, todo marcado y expuesto... me recuerda al de Cristo, al mío, listos para entregarnos.
Acto uno: la escena de la flagelación. Los latigazos resonaban en los bocinas, crujiendo como truenos. Tú sentiste un escalofrío, pero no de miedo, sino de algo más profundo, una tensión que se acumulaba en tu vientre. Cristo respiraba pesado contra tu cuello, su aliento caliente humedeciendo tu piel. —Te gusta lo intenso, ¿verdad, mi vida? —murmuró, y su dedo índice trazó círculos lentos en tu panty, notando cómo ya estabas mojada.
—Sí, pendejo... me encanta cuando te pones así de salvaje —respondiste, girándote para morderle el lóbulo de la oreja. Su verga se endurecía bajo ti, presionando contra tu culo a través del pantalón. El olor a su excitación subía, almizclado y adictivo, mezclándose con el popote de maíz que aún flotaba en el aire de la cena.
El medio tiempo llegó con la corona de espinas. Cristo pausó la película y te volteó de frente, sus manos grandes amasando tus nalgas. —Imagina que soy yo allá arriba, sufriendo por ti... pero en vez de dolor, es puro fuego —dijo, y empezó a recitar líneas de la película en inglés, con acento perfecto: "Father, forgive them..." Su voz ronca te vibraba en el pecho, mientras sus labios capturaban los tuyos en un beso hambriento. Lenguas danzando, saladas por el sudor, el sabor de la salsa picante aún en su boca.
Te quitó el vestido de un tirón suave, exponiendo tus tetas al aire fresco. Sus pezones se endurecieron al instante, y él los lamió con devoción, chupando como si fueran el maná prometido. ¡Qué chingón se siente su lengua áspera! Tus uñas se clavaron en su espalda, rasguñando la tela de su playera hasta que se la arrancaste. Su torso desnudo brillaba bajo la luz tenue, músculos tensos como los del Cristo en pantalla.
La escalada era imparable. Te recostó en el sillón, bajando por tu cuerpo con besos húmedos. El sonido de la cremallera de su pantalón fue como un disparo. Su verga saltó libre, gruesa y venosa, palpitando con el pulso acelerado. La olfateaste cerca, ese olor terroso y varonil que te volvía loca. —Chúpamela, reina... como si fuera mi cruz —gruñó en inglés: "Suck it like my passion..."
Abriste la boca y la engulliste, saboreando la piel salada, la gota precorial dulce en la punta. Él gemía bajito, "Oh fuck, yes...", sus caderas empujando suave. Tus manos jugaban con sus huevos pesados, sintiendo su calor. Pero querías más. Lo empujaste al piso, alfombra suave bajo tus rodillas, y te montaste encima, frotando tu concha empapada contra su pija dura.
Esta es nuestra pasión de Cristo en inglés, wey... puro sacrificio placentero, entregándonos el uno al otro sin reservas.
Acto dos culminaba en la subida al Calvario. La película seguía de fondo, pero ya nadie la veía. Cristo te penetró de un golpe lento, llenándote hasta el fondo. ¡Ay, cabrón, qué grande estás! El estiramiento ardiente te hizo arquear la espalda, tus paredes apretándolo como un puño. Empezaron a moverse, ritmo pausado al principio, piel contra piel chapoteando húmeda. Sudor goteando entre vuestros cuerpos, el slap-slap de carne resonando más fuerte que los martillazos en pantalla.
Él te volteó a cuatro patas, agarrando tus caderas con fuerza posesiva pero tierna. —Te cojo como se mereces, mi santa pecadora —jadeaba, alternando español con inglés: "Take my passion, all of it..." Cada embestida rozaba tu clítoris hinchado, enviando chispas por tu espina. Tus tetas rebotaban, pezones rozando la alfombra áspera. Olías tu propio aroma de excitación, dulce y almizclado, mezclado con el suyo.
La tensión crecía, coiling como una serpiente en tu bajo vientre. Tus muslos temblaban, el orgasmo acechando. —¡Más duro, Cristo! ¡Dame tu pasión de Cristo en inglés! —gritaste, y él obedeció, clavándote profundo mientras recitaba: "My body for you... come for me..." El clímax te explotó, olas de placer convulsionando tu concha alrededor de su verga. Gritas ahogadas, lágrimas de éxtasis rodando por tus mejillas.
Él se corrió segundos después, caliente y espeso llenándote, gruñendo tu nombre como una oración. Colapsaron juntos, jadeando, cuerpos pegajosos de sudor y fluidos. La película terminaba en la resurrección, luz cegadora en pantalla, pero su resurrección era real: su verga aún semi-dura dentro de ti, pulsando suave.
Acto final: el afterglow. Te acurrucaste en su pecho, escuchando su corazón volver a normal. El aire olía a sexo crudo, a sábanas revueltas aunque estaban en el piso. —Eso fue épico, mi amor... mejor que cualquier película —susurró, besando tu frente. Tú sonreíste, trazando círculos en su piel marcada por tus uñas.
En esta nuestra pasión de Cristo en inglés, no hay sufrimiento, solo entrega total. Y quiero más, siempre más.
Se levantaron despacio, riendo como pendejos, rumbo a la regadera. El agua caliente lavó los restos, pero el fuego dentro ardía eterno. Mañana sería otro día, pero esta noche, habían renacido en placer puro.