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La Pasion Turca Online Enciende Mi Piel

6032 palabras

La Pasion Turca Online Enciende Mi Piel

Estaba tirada en mi depa de la Condesa, con el ventilador zumbando como loco contra el bochorno de la tarde, cuando de pura neta me topé con La Pasion Turca Online. Scrolleaba en mi cel sin rumbo fijo, harta de las series gringas que ya me sabían a na', y de repente saltó ese link en un foro de lecturas picantes. "Lee gratis la novela que te va a poner la piel de gallina", decía el post. Wey, qué chido, pensé, y le di clic sin pensarlo dos veces.

Me acomodé en el sillón de piel sintética que cruje con cada movimiento, el olor a café de la mañana todavía flotando en el aire. Abrí el archivo PDF y empecé a leer. Era la historia de esa española que cae rendida ante un turco apasionado, puro fuego turco mezclándose con sangre latina. Las palabras me jalaban como imán: descripciones de besos que queman, cuerpos sudados chocando en la noche de Estambul. Sentí un cosquilleo en el estómago, bajando despacito hasta mis muslos.

¿Y si yo también probara esa pasión salvaje?
me dije, mientras mis dedos rozaban sin querer el borde de mi shortcito de algodón.

Ana, esa soy yo, 28 pirulos, morra independiente que trabaja en marketing digital desde casa, pero con la vida sexual más aburrida que un rebozo viejo. Mi último date fue un fiasco con un wey que ni sabía dónde estaba el clítoris. Pero esa lectura me prendió. Leí hasta que el sol se coló naranja por la ventana, el sudor pegándome la blusa al pecho. Apagué la luz, me metí a la cama con el cel en la mano y seguí devorando capítulos. El aroma de mi propia excitación empezó a llenar la recámara, dulce y salado, mientras imaginaba esas manos morenas explorando mi piel canela.

Al día siguiente, no pude más. Busqué foros sobre La Pasion Turca Online y di con un chat grupal. Ahí estaba Diego, un carnal de Guadalajara que escribía como poeta cachondo: "Esa novela es puro afrodisíaco digital, ¿quién más se moja leyéndola?". Le mandé MP: "Neta, me tiene loca. ¿Tú cómo la vives?". Respondió al tiro, voz de locutor en los audios que me mandaba. Charlamos horas, compartiendo quotes calientes, fantaseando con recrear esas escenas. Su voz grave me erizaba los vellos, imaginando su aliento caliente en mi oreja.

La tensión crecía como tormenta en el DF. "Ven a la CDMX, wey, recreemos esa pasión turca pero con sabor mexicano", le propuse una noche, con el corazón latiéndome en la garganta. Aceptó. Llegó en camión el viernes, alto, moreno, con ojos que prometían travesuras. Lo recogí en el Norte, el tráfico infernal oliendo a tacos y escape. En el Uber rumbo a mi depa, su mano rozó mi rodilla, enviando chispas por mi espina. No aguanto más, pensé, mordiéndome el labio.

Entramos al elevador, solos por fin. El espejo reflejaba nuestras siluetas pegadas, su colonia amaderada mezclándose con mi perfume de vainilla. No pude resistir: lo besé con hambre, su lengua invadiendo mi boca como en el libro, saboreando a menta y deseo. Gemí bajito cuando sus manos apretaron mis nalgas, el ding del elevador como pisto de salida.

En mi recámara, la luz tenue del foco pintaba sombras en las paredes blancas. Nos desvestimos despacio, él quitándome la blusa con dientes, rozando mis pezones que se pusieron duros como piedras.

Esto es mejor que cualquier página de La Pasion Turca Online
, crucé por la mente mientras él lamía mi cuello, su barba raspando delicioso. Caí de rodillas, desabrochando su jeans, liberando su verga gruesa, venosa, palpitando. La tomé en la boca, saboreando el precum salado, chupando con ganas mientras él gruñía "¡Qué rica mamacita!". El sonido de su placer, ronco y animal, me mojó hasta los tobillos.

Me levantó como pluma, tirándome en la cama que crujió bajo nuestro peso. Sus dedos exploraron mi concha empapada, separando labios hinchados, frotando el clítoris en círculos que me hacían arquear la espalda. "Estás chorreando, Ana", murmuró, metiendo dos dedos, curvándolos justo ahí, el squelch húmedo llenando el cuarto. Olía a sexo puro, almizcle y sudor fresco. Le supliqué "Métemela ya, pendejo, no me hagas sufrir".

Se colocó encima, su cuerpo pesado y cálido cubriéndome. La punta rozó mi entrada, deslizándose adentro centímetro a centímetro, estirándome delicioso. Gemí fuerte cuando bottomed out, su pubis chocando mi clítoris. Empezó a bombear lento, profundo, cada embestida enviando ondas de placer desde mi centro hasta las yemas. El slap de piel contra piel, sus bolas golpeando mi culo, sus jadeos en mi oído: "Te voy a follar como en esa novela, pero más duro". Aceleró, mis uñas clavándose en su espalda tatuada, el olor de su sudor goteando en mis tetas.

Cambié de posición, montándolo como reina. Sus manos en mis caderas guiándome, yo rebotando, mis chichis saltando, pellizcándomelas él mismo. Sentía su verga hinchándose dentro, rozando mi G-spot, el orgasmo construyéndose como volcán. "¡Ya Diego, me vengo!", grité, el mundo explotando en blanco, mi concha contrayéndose alrededor de él, chorros calientes empapando las sábanas. Él rugió, llenándome de leche espesa, pulsos calientes que me prolongaron el clímax.

Colapsamos jadeando, cuerpos enredados, piel pegajosa brillando bajo la luz. Su corazón tronaba contra mi pecho, el aroma de nuestro sexo envolviéndonos como niebla. Me besó la frente, suave ahora.

Esto fue real, no solo palabras en una pantalla
, pensé, mientras trazaba círculos en su pecho velludo.

Desayunamos al día siguiente con chilaquiles del mercado, riendo de lo rápido que pasó todo. Diego se quedó el fin, follamos más: en la ducha con agua caliente resbalando, en la cocina contra la mesa oliendo a cilantro. Pero al partir, supe que La Pasion Turca Online había sido el catalizador perfecto. Ahora, cada vez que abro el cel, recuerdo su sabor, su tacto, esa pasión que despertó en mí una morra nueva, lista para más aventuras calientes.

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