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Donde Se Grabó Abismo de Pasión

6094 palabras

Donde Se Grabó Abismo de Pasión

Llegas al pueblo de La Pesca en Tamaulipas con el sol quemando la piel y el olor a mar impregnando cada respiro. El viento salado te revuelve el cabello mientras caminas por la playa desierta, esa arena blanca que parece extenderse hasta el infinito. Has oído hablar tanto de este lugar, donde se grabó Abismo de Pasión, la telenovela que te tuvo pegada a la tele noches enteras, con sus dramas de amor prohibido y pasiones que ardían como fuego. Querías sentirlo en carne propia, ese abismo que tanto te intrigaba.

Estás en traje de baño, un bikini rojo que resalta tu piel morena, y el calor te hace sudar gotitas que resbalan por tu espalda. De repente, lo ves: un moreno alto, con músculos labrados por el mar, cargando una red de pesca. Sus ojos oscuros te barren de arriba abajo, y una sonrisa pícara se dibuja en su cara curtida. "Órale, güerita, ¿vienes a buscar tu propio abismo o qué?" te dice con voz ronca, acercándose con paso confiado.

Te ríes, sintiendo un cosquilleo en el estómago. ¿Qué pendeja, Daniela? Es un desconocido, pero qué chulo está el wey.

"Sí, vengo por eso. Dicen que aquí se grabó Abismo de Pasión, ¿no? Quiero ver el lugar donde todo explotó."
Él se llama Marco, un pescador local de treinta y tantos, con tatuajes de olas en los brazos y un olor a sal y sudor que te marea. Te invita a caminar por la playa, contándote anécdotas del rodaje: cómo las protagonistas corrían por estos acantilados, besándose con furia mientras el mar rugía abajo.

El sol se pone, tiñendo el cielo de naranjas y rosas, y el sonido de las olas chocando contra las rocas es como un tambor en tu pecho. Marco te roza el brazo accidentalmente, y sientes la electricidad subir por tu espina. Su piel áspera contra la tuya suave, qué delicia. Hablan de la novela, de cómo el amor en ella era un abismo sin fondo, y poco a poco, sus miradas se cargan de algo más. "Aquí mismo, en esta playa, se grabaron las escenas más calientes. Imagínate, cuerpos enredados bajo la luna."

La tensión crece con cada paso. Él te ofrece una cerveza fría de una hielera que trae, y el sabor amargo te refresca la garganta seca. Se sientan en la arena, las rodillas tocándose, y el aire se llena del aroma a yodo y algo más primitivo, el de la excitación. Marco te cuenta que él fue extra en unas tomas, que vio de cerca cómo la pasión se desataba. Tus ojos bajan a su pecho desnudo, perlado de sudor, y sientes tu cuerpo responder: pezones endureciéndose bajo la tela delgada, un calor húmedo entre las piernas.

No aguanto más, este wey me prende como antorcha. Lo miras fijo y dices:

"Muéstrame exactamente dónde se grabó esa escena, Marco. Quiero sentirlo."
Él se acerca, su aliento cálido en tu cuello, y sus labios rozan tu oreja. "Aquí, justo aquí, mi reina." El primer beso es suave, exploratorio, saboreando la sal en su boca, el ronroneo de su lengua contra la tuya. Tus manos suben a su nuca, enredándose en su pelo revuelto, mientras el mar susurra aprobación.

La noche cae como manto negro, salpicado de estrellas, y el viento fresco eriza tu piel. Marco te tumba en la arena tibia, aún caliente del sol del día. Sus manos grandes recorren tu cuerpo con reverencia, desatando el bikini con dedos temblorosos de deseo. Su toque es fuego, quema justo donde lo necesito. Besa tu cuello, bajando por el valle de tus senos, lamiendo el sudor que sabe a sal y a ti. Gimes bajito, el sonido perdido en el rugido de las olas.

Él se quita el short, revelando su erección dura, palpitante, y tú la acaricias con la yema de los dedos, sintiendo la vena latiendo bajo tu palma. "Estás cañón, Daniela. Me tienes loco." Te posicionas encima, cabalgándolo lento al principio, sintiendo cómo te llena centímetro a centímetro, estirándote con placer dulce. El olor a sexo se mezcla con el mar, almizcle y sal, embriagador. Tus caderas se mueven en ritmo con las olas, arriba y abajo, el roce de su pubis contra tu clítoris enviando chispas por todo tu ser.

Marco te agarra las nalgas, amasándolas fuerte, dejando marcas rojas que mañana dolerán rico. Es puro instinto, animal, pero qué consensual y qué mío este momento. Acelera el paso, sus gruñidos roncos como música, y tú arqueas la espalda, los senos rebotando con cada embestida. El clímax se acerca como tormenta: pulsos acelerados, sudor chorreando, el sabor de su piel en tu boca cuando lo besas con hambre.

Pero no es solo físico; en su mirada ves algo más, un abismo compartido.

"Eres mi pasión, güerita. Cae conmigo."
Explotas primero, un grito ahogado que el mar se traga, paredes internas contrayéndose alrededor de él en oleadas de éxtasis. Él te sigue segundos después, llenándote con calor líquido, su cuerpo temblando bajo el tuyo. Se quedan así, enredados, respiraciones jadeantes sincronizándose con el vaivén del agua.

El afterglow es puro terciopelo: arena pegada a la piel húmeda, su mano acariciando tu espalda en círculos perezosos. El cielo estrellado testigo de este secreto. Marco te besa la frente, suave. "¿Ves? Aquí donde se grabó Abismo de Pasión, ahora grabamos el nuestro." Te ríes, sintiendo una paz profunda, empoderada por haber tomado lo que querías sin remordimientos.

Despiertan al amanecer, con el sol naciente pintando el horizonte de oro. Recogen la ropa esparcida, riendo como chiquillos. Él te acompaña de vuelta al pueblo, prometiendo más noches en este paraíso. Mientras caminas, sientes el eco de la pasión en cada músculo adolorido, un recordatorio delicioso. Este viaje no fue solo por la novela; fue por mí, por mi propio abismo de placer.

La Pesca se queda grabada en ti, no solo como el lugar donde se grabó Abismo de Pasión, sino donde tu deseo se hizo real, tangible, eterno. Regresas a tu vida con una sonrisa secreta, lista para más abismos.

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