Abismo de Pasion Capitulo 91
Valeria sintió el calor de la noche mexicana envolviéndola como un amante impaciente mientras subía las escaleras de la hacienda en las afueras de Guadalajara. El aire olía a jazmín y tierra húmeda después de la lluvia vespertina, y el sonido distante de un mariachi en la finca vecina le aceleraba el pulso. Hacía semanas que no veía a Marco, su chulo imposible, el hombre que la volvía loca con solo una mirada. El abismo de pasion capitulo 91 de su historia se abría ante ella esa noche, y neta, no sabía si saldría viva de él.
Abrió la puerta de roble tallado y ahí estaba él, recargado en el marco de la sala, con una camisa blanca desabotonada que dejaba ver su pecho moreno y musculoso. Sus ojos negros la devoraban, y Valeria juraba que podía oler su colonia mezclada con ese aroma masculino que la hacía mojarse al instante. ¡Ay, wey, qué rico se ve!, pensó, mientras dejaba caer su bolso de mano al suelo con un thud suave.
—Ven acá, mi reina —murmuró Marco con esa voz ronca que le erizaba la piel—. Te extrañé tanto que duele.
Valeria se acercó, sintiendo el roce de su falda de algodón contra sus muslos. Sus labios se encontraron en un beso lento, explorador, como si quisieran saborear cada segundo perdido. El gusto salado de su boca, con un toque de tequila reposado, la invadió, y ella gimió bajito cuando las manos grandes de él se posaron en su cintura, atrayéndola más cerca. Sus pechos se aplastaron contra el torso duro de Marco, y el calor de su erección presionando su vientre bajo la hizo temblar.
¿Por qué este hombre me hace sentir así? Como si cayera en un abismo sin fondo, pero qué chingón se siente.
En el comienzo de esa noche, la tensión era palpable. Habían peleado por celos tontos la última vez —él con su ex en una foto de redes, ella con un compañero de trabajo que la miró de más—. Pero ahora, con las luces tenues de la sala iluminando sus rostros, todo eso se disipaba. Marco la levantó en brazos como si no pesara nada, y Valeria enredó sus piernas alrededor de su cadera, riendo contra su boca.
—Eres un pendejo por hacerme esperar —le dijo ella juguetona, mordisqueando su labio inferior.
—Y tú una diosa que me tiene loco —respondió él, cargándola hacia el dormitorio.
La habitación era un paraíso sensorial: sábanas de satén negro, velas de cera de abeja parpadeando con aroma a vainilla y canela, y el ventilador del techo girando perezosamente, moviendo el aire cálido. Marco la depositó en la cama con gentileza, y Valeria se incorporó sobre los codos, admirando cómo se quitaba la camisa, revelando abdominales marcados por horas en el gym. El sonido de su zipper bajando fue como música erótica, y cuando su verga saltó libre, gruesa y venosa, palpitando de deseo, ella lamió sus labios.
Pero no fue inmediato. Marco se arrodilló frente a ella, besando sus tobillos, subiendo por las pantorrillas con labios calientes y húmedos. Valeria sintió cosquillas y placer al mismo tiempo, su piel erizándose bajo cada roce. ¡Qué sabroso, cabrón! El olor de su propia excitación empezaba a perfumar el aire, dulce y almizclado, mientras él levantaba su falda y besaba el interior de sus muslos. Sus manos expertas desabrocharon su blusa, liberando sus senos llenos, y chupó un pezón con succión suave, haciendo que ella arqueara la espalda y soltara un gemido gutural.
—Marco... por favor... —suplicó, pero él sonrió pícaro.
—Paciencia, amor. Quiero saborearte toda la noche.
La escalada fue gradual, como el ascenso a un volcán. Sus dedos se colaron bajo la tanga de encaje, encontrándola empapada. Estás chorreando, mi vida, le susurró al oído, y Valeria se sonrojó, pero el orgullo se mezcló con lujuria. Él frotó su clítoris en círculos lentos, haciendo que ondas de placer la recorrieran desde el vientre hasta las yemas de los dedos. Ella lo tocó a su vez, envolviendo su verga con la mano, sintiendo la piel suave sobre la dureza de acero, el precum lubricando su palma. El sonido húmedo de sus caricias mutuas llenaba la habitación, junto con sus respiraciones agitadas y jadeos entrecortados.
Valeria lo empujó hacia atrás y se montó a horcajadas sobre él, frotando su concha contra su longitud sin penetrar aún. El roce era eléctrico, sus jugos cubriendo su verga, el calor compartido casi insoportable. Marco gruñó, agarrando sus nalgas con fuerza, amasándolas mientras ella se mecía.
No puedo más, necesito sentirlo dentro, llenándome hasta el fondo.Finalmente, se posicionó y descendió despacio, centímetro a centímetro, gimiendo ante la plenitud. Él era grande, estirándola deliciosamente, tocando ese punto que la volvía loca.
Comenzaron a moverse en ritmo sincronizado, ella cabalgando con pasión creciente, sus senos rebotando, el slap de piel contra piel resonando como tambores. Marco se incorporó, chupando su cuello, dejando marcas rojas que mañana dolerían rico. El sudor perlaba sus cuerpos, salado al gusto cuando ella lamió su hombro. El aroma de sexo impregnaba todo: almizcle, sudor, esencia floral de su perfume mezclado.
—Más fuerte, wey... ¡dame todo! —exigió Valeria, clavando uñas en su espalda.
Él la volteó sin salir, poniéndola a cuatro patas, y embistió profundo, sus caderas chocando con fuerza. Cada thrust enviaba chispas de éxtasis, su verga golpeando su G-spot, haciendo que ella gritara. Las manos de Marco en sus caderas, tirando de su cabello con permiso implícito, la dominaban pero la empoderaban. Soy suya, pero él es mío también, pensó en medio del torbellino.
La intensidad psicológica crecía: recuerdos de sus primeras veces, miedos de perderse en este abismo de pasión, pero el amor los unía. Pequeñas pausas para besos tiernos, miradas que decían te amo sin palabras, antes de retomar el frenesí. Valeria sentía su orgasmo construyéndose, una ola gigante en el horizonte, mientras Marco jadeaba que estaba cerca.
—Ven conmigo, mi reina... —gruñó él.
El clímax la golpeó como un rayo: su concha contrayéndose alrededor de su verga, chorros de placer inundándola, gritos ahogados en la almohada. Marco se corrió segundos después, llenándola con calor líquido, su cuerpo temblando contra el de ella. Colapsaron juntos, exhaustos, piel pegajosa de sudor, corazones latiendo al unísono.
En el afterglow, yacían enredados, el ventilador secando sus cuerpos lentamente. Marco trazaba círculos en su vientre con un dedo, besando su sien.
—Esto es nuestro abismo, ¿verdad? Capítulo 91 y contando —dijo él riendo bajito.
Valeria sonrió, sintiendo una paz profunda. Que siga el abismo de pasion capitulo 91 eterno. El aroma a sexo persistía, pero ahora mezclado con paz, y el sonido de sus respiraciones calmadas era la mejor nana. Mañana habría más dramas, pero esta noche, eran invencibles en su pasión compartida.