Relatos Prohibidos
Inicio Infidelidad Las Horas de la Pasion Luisa Piccarreta Audio Las Horas de la Pasion Luisa Piccarreta Audio

Las Horas de la Pasion Luisa Piccarreta Audio

6162 palabras

Las Horas de la Pasion Luisa Piccarreta Audio

Estaba sola en mi depa de la Condesa, con el calor de la noche de verano pegándome en la piel como una promesa sucia. El ventilador zumbaba pendejo, moviendo el aire caliente sin refrescar nada. Yo, Ana, de treinta y tantos, con el cuerpo pidiéndome guerra después de un día de puro estrés en la oficina. Neta, necesito algo que me calme, pensé, mientras me tiraba en la cama con el teléfono en la mano. Busqué meditaciones espirituales, algo chido para desconectar, y de repente saltó ese título: las horas de la pasion luisa piccarreta audio. Sonaba místico, como unas horas de reflexión profunda. Le di play sin pensarlo dos veces.

La voz de una mujer grave empezó a narrar, suave como terciopelo mojado. "La primera hora de la pasión... Jesús en el huerto, sudando sangre por amor..."

¿Amor? ¿Sudor? ¿Sangre?
Mi mente se fue por otro lado, wey. Imaginé no a un Cristo sufriendo, sino a un hombre fuerte, con el pecho ardiendo, gotas resbalando por su piel morena, el olor a tierra húmeda y deseo crudo. Sentí un cosquilleo entre las piernas, el calor subiendo como si el audio me estuviera hablando directo al clítoris. "La pasión que lo consume todo..." La voz se hacía más intensa, y yo me mordí el labio, la mano bajando sola por mi panza hasta el borde de las panties. Órale, Ana, ¿qué te pasa? Esto es religioso, no porno. Pero el pulso me latía en las sienes, el sonido envolviéndome como brazos calientes.

No aguanté. Marqué a Carlos, mi amigo con derechos, ese moreno alto que siempre llega con esa sonrisa de pendejo sabedor. "Ven, wey. Necesito que me ayudes con algo... espiritual." Colgué antes de que preguntara, el corazón retumbándome. Me quité la blusa, quedé en brasier y shorts, el espejo reflejando mis tetas firmes, pezones duros como piedras. El audio seguía: "Segunda hora... el beso de Judas, traición ardiente." Traición ardiente. Me recargué en la cabecera, dedos rozando mi monte de Venus, húmeda ya, oliendo a mí misma, ese aroma dulce y salado que me enciende.

La puerta sonó quince minutos después. Carlos entró oliendo a colonia barata y sudor fresco del gym. "Qué onda, reina. ¿Espiritual? Suenas caliente." Lo jalé adentro, cerré la puerta de un golpe. El audio pausado en el teléfono sobre la mesita. "Escucha esto", le dije, play otra vez. Nos sentamos en la cama, sus muslos duros contra los míos. La voz narraba la flagelación, latigazos que sonaban en mi cabeza como palmadas en carne viva. Carlos me miró, ojos oscuros brillando. "Puta madre, Ana. Esto... me está parando la verga."

Su mano grande cubrió mi muslo, subiendo lento, el roce áspero de sus callos mandándome chispas. Yo gemí bajito, el audio de fondo: "Tercera hora... dolor que se transforma en éxtasis." Nuestros labios chocaron, besos hambrientos, su lengua invadiendo mi boca con gusto a cerveza y menta. Olía a hombre puro, ese olor que me hace babear. Me trepó encima, su peso delicioso aplastándome, verga dura contra mi panza. "Estás mojada, neta", murmuró contra mi cuello, mordisqueando la piel sensible. Deslicé la mano en sus calzones, agarrando esa verga gruesa, venosa, latiendo en mi palma. Qué chingona se siente.

El audio seguía rodando, cuarta hora, coronación de espinas que yo traducía a dedos hurgando mi pelo, jalones suaves que me erizaban. Carlos me quitó el brasier de un tirón, chupando un pezón con hambre, dientes rozando justo para doler rico. Gemí fuerte, el sonido mezclándose con la narración mística. "Quinta hora... Jesús cargando la cruz, peso abrumador." Él me volteó boca abajo, shorts y panties volando. Su boca en mi culo, lengua lamiendo desde el ano hasta el clítoris, sabor de mi excitación en su aliento cuando subía a besarme. "Sabes a gloria, Ana. Como pecado."

Me abrí de piernas, invitándolo. Pero él se arrodilló, verga en mano, frotándola contra mis labios hinchados. "Chúpamela primero, como buena devota." Reí ronca, tomándola en la boca, el sabor salado de su prepucio, venas pulsando contra mi lengua. Lo mamé profundo, garganta relajada, sus manos en mi cabeza guiando sin forzar. El audio gritaba ahora sobre clavos y sangre, pero yo solo oía sus jadeos, "¡Qué rica boca, carajo!" Me mojaba más, jugos chorreando por muslos.

Sexta hora... crucifixión. Lo empujé a la cama, me subí encima. Su verga entró de un jalón, llenándome hasta el fondo, estirándome delicioso. "¡Ay, wey! Qué grande estás." Cabalgaba lento al principio, sintiendo cada vena rozando mis paredes, clítoris moliéndose en su pubis peludo. Sudor nos unía, piel resbalosa, olor a sexo crudo invadiendo la habitación. Él agarraba mis nalgas, dedos hundiéndose, guiando el ritmo más rápido. El audio narraba abandono, pero nosotros éramos unión total, gemidos sincronizados con la voz etérea.

Aceleramos, mis tetas botando, su pelvis chocando contra mí con palmadas húmedas. "Vente conmigo", gruñó, ojos fijos en los míos. El clímax me pegó como rayo, paredes apretando su verga, chorro caliente saliendo de mí, mojándolo todo. Él rugió, llenándome de leche espesa, pulsos interminables. Colapsamos, el audio llegando a la septima hora, muerte redentora. Pero nosotros vivos, respirando agitados, piel pegajosa.

Apagué el teléfono por fin, el silencio roto solo por nuestros jadeos. Carlos me abrazó por atrás, verga semi-dura aún dentro. "Nunca pensé que las horas de la pasion luisa piccarreta audio nos pondría así de locos." Reí suave, besando su brazo. "Fue como si la pasión verdadera saliera del altavoz directo a nosotros. Neta, un milagro pendejo." Nos quedamos así, cuerpos entrelazados, el ventilador secando el sudor lento. Mañana sería otro día, pero esta noche, esas horas nos marcaron, un fuego que no se apaga fácil.

Desperté con su mano aún en mi panza, el sol filtrándose por las cortinas. Él se movió, besándome la nuca. "Otra ronda antes de irme?" Sonreí, encendiendo el teléfono de nuevo. "Claro, wey. Novena hora." La pasión no acababa; solo empezaba otra vez.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a RelatosEroticos.mx.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.