Diario de una Pasion Personajes
15 de mayo
¡Neta, hoy empezó todo! Me llamo Ana, tengo 28 años y vivo en esta colonia chida de Guadalajara, con mi depa todo luminoso y vistas al Cerro del Cuatro. Fui a esa fiesta en casa de mi carnala Lupe, y ahí lo vi: Javier, el wey más guapo que he cruzado en mi vida. Alto, moreno, con esa sonrisa pícara que te hace sentir que ya te está desnudando con la mirada. Olía a colonia fresca, como a limón y madera, que me llegó hasta el alma. Cuando me saludó, su mano grande y cálida rozó la mía, y sentí un chispazo, ¿sabes? Como si mi piel se despertara de golpe. Hablamos toda la noche de música, de tacos al pastor y de lo pinche aburrida que está la rutina. Me dijo que soy "la chava más interesante que ha conocido en meses". Ay, wey, me late tanto. Este diario de una pasión personajes como Javier y yo apenas arranca, pero ya siento que va a ser una locura.
Me fui a la cama pensando en él, tocándome suave bajo las sábanas, imaginando sus labios en mi cuello. El calor de mi cuerpo subiendo, el olor a mi propia excitación llenando la habitación. No pude dormir, neta.
¿Qué pasará si lo vuelvo a ver? Me muero por saber cómo se siente su boca en la mía.
20 de mayo
Javier me mandó mensaje ayer. "Ey, reina, ¿vienes a tomar un mezcal en el centro?". No lo pensé dos veces. Nos encontramos en una cantina con luces tenues, mariachi de fondo tocando "Cielito Lindo" bajito. Pidió un mezcal ahumado que olía a humo y tierra, y me sirvió, rozando sus dedos en los míos otra vez. Esa noche platicamos de todo: de cómo él es diseñador gráfico, de mis clases de yoga, de lo que nos prende en la cama sin pena. "Me gustan las chavas que saben lo que quieren", me soltó con esa voz grave que me eriza la piel.
Caminamos por las calles empedradas, el aire fresco de la noche con olor a jazmín de los portales. De repente, me jaló contra una pared, y nos besamos. ¡Dios! Sus labios carnosos, su lengua explorando la mía con hambre, saboreando el mezcal en su boca. Sus manos en mi cintura, bajando a mis nalgas, apretando con fuerza. Sentí su verga dura contra mi vientre, gruesa y palpitante. Mi panocha se mojó al instante, un calor líquido que me bajaba por los muslos. "Ven a mi casa", me susurró al oído, su aliento caliente como fuego.
En su depa, todo minimalista con arte tapatío en las paredes, nos quitamos la ropa como animales. Su piel morena brillando bajo la luz ámbar, músculos tensos. Me recostó en su cama king size, oliendo a sábanas limpias y su sudor fresco. Besó mi cuello, chupando suave, dejando marcas rojas que ardían rico. Bajó a mis chichis, lamiendo los pezones duros como piedras, mordisqueando hasta que gemí bajito, "¡Ay, Javier, qué rico!". Sus dedos encontraron mi clítoris, frotando en círculos lentos, metiéndose en mi humedad resbalosa. "Estás empapada, mi amor", dijo, y yo solo pude arquear la espalda, oliendo su pelo mientras él lamía mi ombligo.
Esta pasión es adictiva. Quiero más, mucho más.
25 de mayo
Estos días han sido un torbellino. Nos vemos a escondidas, porque los dos trabajamos en la misma agencia de publicidad, y no queremos chisme. Pero neta, cada mirada en la oficina es como una caricia. Hoy en la hora de la comida, nos escapamos a un hotelito boutique en Providencia, con alberca infinita y vistas al skyline. La habitación olía a lavanda y sexo anticipado.
Empezamos lento, duchándonos juntos. El agua caliente cayendo sobre nosotros, jabón resbalando por su pecho velludo, por mi piel suave. Le enjaboné la verga, dura y venosa, masturbándolo despacio mientras él gemía "¡Qué chingón, Ana!". Chupé sus huevos, salados y calientes, luego lo tragué entero, sintiendo cómo latía en mi garganta. Él me levantó contra la pared de azulejos fríos, lamiendo mi panocha depiladita, su lengua danzando en mi clítoris hinchado. "Sabes a miel, pinche deliciosa", gruñó, metiendo dos dedos gruesos que me hacían jadear.
En la cama, me monté encima. Su verga entrando en mí centímetro a centímetro, estirándome delicioso, llenándome hasta el fondo. Cabalgué fuerte, mis chichis rebotando, sudor perlando nuestras pieles. El sonido de piel contra piel, chapoteo húmedo, mis gemidos altos "¡Más duro, pendejo, dame todo!". Él me volteó a perrito, agarrándome las caderas, embistiéndome como loco, sus bolas golpeando mi clítoris. Olía a sexo puro, a sudor mezclado con perfume. Sentí el orgasmo venir como ola, mi coño apretándolo, chorros de placer saliendo mientras gritaba su nombre.
Él se corrió después, caliente dentro de mí, rugiendo como bestia. Nos quedamos abrazados, pulsos latiendo juntos, el aire pesado con nuestro aroma.
Los personajes de esta pasión somos perfectos. ¿Cuánto durará? No quiero pensar.
1 de junio
La tensión crece. Hoy en la oficina, durante una junta, su pie rozó mi pierna bajo la mesa. Me vine en el baño pensando en él, frotándome rápido contra el lavabo frío. Por la noche, lo invité a mi depa. Cociné enchiladas suizas, con ese olor picante a chile y queso derretido. Comimos en el balcón, mariachi lejano de la calle, tequila reposado quemando la garganta.
La cosa escaló en el sofá. Me arrodillé, chupando su verga como nunca, garganta profunda, saliva goteando, sus manos en mi pelo guiándome. "¡Eres una diosa, Ana!", jadeó. Luego, jugamos con aceite de coco, untándonos mutuo, piel resbalosa brillando. Me penetró lento de misionero, ojos en ojos, besos profundos. Sus caderas girando, rozando mi punto G perfecto. Sudor goteando de su frente a mi boca, salado y adictivo.
Cambié a vaquera inversa, él azotándome las nalgas suave, "¡Qué nalgas más ricas!". El placer subía, mis paredes contrayéndose, un segundo orgasmo explotando en estrellas, piernas temblando. Él me siguió, llenándome de nuevo, su semen caliente mezclándose con mis jugos.
Después, acostados, piel pegajosa, corazón latiendo calmado. Hablamos de sueños, de viajes a la playa en Puerto Vallarta. Siento que esto es más que sexo; hay conexión, neta.
Este diario guarda nuestra pasión. Javier, eres mi todo.
10 de junio
Clímax total anoche. Fuimos a un antro en la Zona Expo, bailando reggaetón pegados, su verga dura contra mi culo toda la noche. Volvimos a su casa, desesperados. Nos desnudamos en la entrada, ropa volando. En el piso de madera fría, 69 perfecto: yo chupando su verga palpitante, él devorando mi panocha, lengua en mi ano juguetona. Gemidos ahogados, olores intensos a sexo crudo.
Me cargó a la cama, me abrió de piernas, lamió mis pies, subiendo lento por piernas, muslos. Entró en mí de lado, cucharita, mano en mi clítoris frotando furioso. "¡Córrete para mí, mi reina!", mandó. El orgasmo fue brutal, cuerpo convulsionando, grito ronco, chorro mojando las sábanas. Él embistió más, corriéndose profundo, espasmos interminables.
Ahora, en la afterglow, su brazo alrededor mío, piel tibia, respiración sincronizada. Huele a nosotros, a pasión consumada. Reflexiono: esta historia de diario de una pasión personajes nos ha cambiado. Seguiremos escribiéndola, juntos, en secreto pero intensos. Qué chido es sentirte vivo así.
Fin... ¿o apenas principio?