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Leyendas de Pasion Brad Pitt Pelicula Completa en Carne Viva

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Leyendas de Pasion Brad Pitt Pelicula Completa en Carne Viva

Valeria se recostó en el sofá de su departamento en la Condesa, con el aire cargado del olor a lluvia fresca que entraba por la ventana entreabierta. La noche de México City estaba gris y húmeda, perfecta para una maratón de cine. Diego, su novio de dos años, traía las chelas frías y el laptop listo. Órale, carnala, le dijo con esa sonrisa pícara que siempre le erizaba la piel, ¿lista para ver Leyendas de Pasion Brad Pitt pelicula completa? Ella asintió, sintiendo un cosquilleo en el estómago. Valeria había buscado esa película toda la tarde, recordando cómo de morrita la vio y fantaseó con ese gringo guapo, alto, con ojos que prometían tormentas.

La pantalla se iluminó con las montañas nevadas de Montana, el viento silbando como un lamento lejano. Brad Pitt aparecía cabalgando, su camisa abierta dejando ver ese pecho firme, sudoroso bajo el sol implacable. Valeria se mordió el labio, el corazón latiéndole más rápido. Pinche Brad, qué hombre, pensó, mientras Diego se acercaba, su brazo rozando el de ella. El calor de su piel contra la suya era eléctrico, como un roce accidental que no lo era. Olía a su colonia barata mezclada con el jabón de lavanda del baño, un aroma que siempre la ponía en calentura.

En la película, Tristan, el personaje de Brad, besaba a su amada con una pasión salvaje, sus manos grandes explorando curvas bajo la luna. Valeria sintió un calor subirle por el vientre.

¿Por qué no soy yo esa Susan?
se dijo en voz baja, cruzando las piernas para apretar el pulso que crecía entre sus muslos. Diego la miró de reojo, notando el rubor en sus mejillas morenas. Neta, Val, te prende este wey, murmuró juguetón, su mano cayendo casualmente sobre su rodilla. Ella no la quitó. Al contrario, la dejó ahí, sintiendo los dedos callosos de él, de tanto trabajar en la construcción, masajeando despacio la piel suave por encima de la falda corta.

La tensión crecía como la música épica de la banda sonora, un tambor que latía en sincronía con sus respiraciones. La película avanzaba: batallas, traiciones, amores imposibles. Brad Pitt sangraba, pero su mirada era fuego puro. Valeria jadeó cuando Diego subió la mano por su muslo interno, el roce áspero enviando chispas directo a su centro. Ya párale, pendejo, le dijo riendo, pero su voz salió ronca, traicionera. Él se inclinó, su aliento caliente en su oreja: ¿Quieres que pare o que siga como Tristan? Ella giró la cabeza, sus labios rozando los de él en un beso tentativo, salado por la cerveza.

El beso se profundizó, lenguas danzando como en una escena prohibida de la película que aún sonaba de fondo. Diego la jaló sobre su regazo, las manos fuertes levantando su blusa, exponiendo sus senos redondos al aire fresco. Valeria gimió contra su boca, el sonido ahogado por el trueno que retumbó afuera. Sus pezones se endurecieron al instante con el toque de sus pulgares, círculos lentos que la hacían arquear la espalda. Olía a su excitación, ese musk dulce y salado que se mezclaba con el aroma de la lluvia y el popote de las chelas derramado en la mesita.

Te quiero como en Leyendas de Pasion, susurró ella, desabrochando su playera con dedos temblorosos. El pecho de Diego era ancho, cubierto de vello negro que contrastaba con su piel canela. Lo besó ahí, lamiendo el sudor salado, bajando hasta el ombligo mientras él gruñía, Chíngame, Val, qué rica estás. La falda subió sola, sus bragas de encaje mojadas presionando contra la erección dura que palpitaba bajo los jeans. Ella se frotó contra él, el roce áspero del denim contra su clítoris hinchado enviando ondas de placer que le nublaban la vista.

La película llegó al clímax emocional, Brad Pitt gritando de dolor y pasión, pero ellos ya estaban en su propia leyenda. Diego la volteó boca abajo en el sofá, quitándole las bragas con un tirón juguetón. Mira cómo te chorreaste, mi reina, dijo admirando su sexo depilado, brillante de jugos. Valeria se sonrojó pero abrió las piernas, invitándolo. Su lengua llegó primero, plana y caliente lamiendo desde el ano hasta el clítoris, saboreando su esencia agria y dulce. Ella gritó, clavando las uñas en el cuero del sofá, el sonido de su lamida obscena mezclándose con la lluvia torrencial afuera.

¡Ay, Diego, no pares, cabrón!
suplicó, las caderas moviéndose solas contra su boca experta.

Él se incorporó, desabrochándose los jeans con prisa. Su verga saltó libre, gruesa y venosa, la punta ya perlada de precum. Valeria la tomó en mano, sintiendo el pulso furioso bajo la piel aterciopelada, tan caliente como una brasa. Qué chingona está tu verga, murmuró, masturbándolo despacio mientras él gemía. Se puso de rodillas en el piso, el suelo frío contra sus rodillas, y lo engulló entero, la boca llena, garganta relajada por práctica. El sabor salado la enloqueció, chupando con hambre, las bolas pesadas lamiéndolas hasta que Diego la jaló de regreso al sofá.

La penetró de un solo empujón, ambos gimiendo al unísono. Estaba tan mojada que entró suave, pero apretada como un guante. ¡Sí, así, fóllame duro! exigió ella, las piernas envolviéndolo. Diego embestía con ritmo salvaje, como las galopadas de la película, piel contra piel chapoteando, sudor goteando entre sus cuerpos. Ella sentía cada vena rozando sus paredes internas, el glande golpeando su punto G con precisión brutal. Los senos rebotaban, él los chupaba, mordiendo pezones hasta el dolor placentero. El olor a sexo impregnaba el aire, espeso, animal.

La tensión subió como una ola, sus respiraciones entrecortadas, gemidos convirtiéndose en gritos. Me vengo, Val, ¡me vengo! rugió él, pero esperó, frotando su clítoris con el pulgar. Eso la lanzó al abismo: un orgasmo que la sacudió entera, contrayéndose alrededor de él, chorros calientes empapando sus bolas. Diego se corrió segundos después, llenándola de semen caliente, pulsos tras pulsos que sentía adentro. Colapsaron juntos, jadeantes, la película terminando con créditos rodando ignorados.

En el afterglow, Valeria yacía sobre su pecho, escuchando el latido calmo de su corazón, el olor a semen y sudor envolviéndolos como una manta. La lluvia amainaba, dejando un fresco bendito. Fue mejor que Leyendas de Pasion Brad Pitt pelicula completa, bromeó ella, besando su cuello salado. Diego rio, acariciando su cabello revuelto. Somos nuestra propia leyenda, mi amor. Se durmieron así, entrelazados, con la promesa de más noches apasionadas en su rincón de la ciudad eterna.

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