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El Diario de una Pasión Ver Película Online Gratis

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El Diario de una Pasión Ver Película Online Gratis

Querido diario, hoy es una de esas noches en que la lluvia cae como bendición sobre Polanco, el agua golpeando las ventanas de mi depa con un ritmo que me pone la piel de gallina. Estoy sola, con una copa de vino tinto en la mano, el aroma afrutado subiendo por mi nariz mientras miro la pantalla de mi laptop. Quería distraerme, neta, así que busqué el diario de una pasión ver película online gratis. El link prometía esa historia de amor loco, de cuerpos que se buscan como locos, pero el internet iba más lento que tortuga en lodo. Me frustré, wey, y ahí fue cuando recordé a Carlos, mi vecino del piso de arriba. Ese moreno alto, con ojos que te desnudan sin decir ni madres.

Le mandé un whatsapp: "Oye carnal, ¿tienes Netflix? Mi net anda culero". Respondió en segundos: "Ven pa cá, traigo chelas y pelis pa cuando quieras". Sentí un cosquilleo en el estómago, de esos que bajan directo al sur. Me puse un vestido negro ajustado, sin bra, solo tanguita, el roce de la tela contra mis pezones ya me tenía media encendida. Subí las escaleras oliendo a jazmín de mi perfume, el corazón latiéndome como tamborazo en fiesta.

¿Por qué Carlos me pone así? Es un pendejo simpático, siempre con su sonrisa de cholito bien puesto, pero neta, desde que lo vi cargando cajas hace meses, supe que quería probar esa fuerza en mis caderas.

Llegué a su puerta, él abrió en pants y playera, el olor a hombre fresco saliendo como imán. "Pasa, reina", dijo con esa voz grave que vibra en el pecho. Su depa era chido, luces tenues, sofá de piel suave. Ponemos la peli, la misma que buscaba, El diario de una pasión, pero en lugar de verla completos, empezamos a platicar. Sus piernas rozaban las mías, el calor de su muslo subiendo por mi piel como corriente eléctrica. "Esa peli es pura pasión, ¿no?", murmuró, su aliento con toques de cerveza fría rozándome el cuello.

Acto primero de mi propia pasión: el flirteo. Le conté de mi búsqueda fallida online, él se rió, "Mejor vive la tuya, Ana". Sus dedos jugaban con el borde de mi vestido, subiendo despacito por mi muslo. Sentí mi concha humedecerse, el calor líquido entre mis piernas. Lo miré, ojos fijos, y le dije: "Muéstrame cómo". Me jaló a su regazo, sus manos grandes amasando mis nalgas, el roce áspero de su barba en mi clavícula enviando chispas por mi espina.

Nos besamos como hambrientos, su lengua invadiendo mi boca con sabor a menta y deseo. Gemí bajito, sintiendo su verga endurecerse contra mi panocha a través de la tela delgada. "Estás mojada, mamacita", susurró, su dedo colándose bajo mi tanga, rozando mi clítoris hinchado. El placer fue un rayo, arqueé la espalda, oliendo su sudor mezclado con mi aroma dulce de excitación. Pausamos la peli, la pantalla congelada en un beso eterno, mientras él me quitaba el vestido, exponiendo mis tetas firmes al aire fresco.

¡Qué chingón se siente ser deseada así! Su boca en mis pezones, chupando duro, mordisqueando suave, el dolorcito placentero haciendo que mi cuca palpite.

Lo empujé al sofá, quité su playera revelando pecho musculoso, pectorales duros bajo mis uñas. Bajé su pants, su verga saltó libre, gruesa y venosa, la cabeza brillante de precum. La tomé en mi mano, piel caliente y suave como terciopelo sobre hierro. "Qué pinga tan rica, wey", le dije juguetona, lamiendo la punta, sabor salado y masculino inundando mi lengua. Él gruñó, manos en mi pelo, guiándome mientras la chupaba profunda, garganta apretándola, saliva escurriendo por mi barbilla.

La tensión crecía, mi cuerpo ardía, pezones duros como piedras, concha chorreando. Me paré, me quité la tanga, el aire frío en mi sexo mojado me hizo jadear. "Fóllame, Carlos, no aguanto". Me tendió en el sofá, piel contra piel, su peso delicioso oprimiéndome. Rozó su verga contra mis labios vaginales, lubricándolos, el glande abriendo mi entrada despacio. Entró centímetro a centímetro, estirándome, llenándome hasta el fondo. "¡Ay cabrón, qué rico!", grité, uñas clavadas en su espalda.

Empezó a bombear, lento al principio, cada embestida un choque de caderas, el sonido húmedo de carne contra carne, nuestros jadeos mezclados con la lluvia afuera. Aceleró, sudor perlando su frente, goteando en mis tetas, yo lamiéndolo ansiosa. Sentía cada vena de su verga frotando mis paredes internas, mi clítoris rozando su pubis peludo. "Más duro, pendejo, rómpeme", le rogaba, piernas enredadas en su cintura. Él obedecía, follándome como animal, el sofá crujiendo bajo nosotros.

Internamente, luchaba con el placer abrumador: ¿me dejo ir ya o lo alargo? Quería que durara, saborear cada pulso, cada olor a sexo que llenaba la habitación.

Cambié de posición, cabalgándolo, mis caderas girando sobre su polla, tetas rebotando, él amasándolas. El control era mío, bajaba duro, sintiendo su punta golpear mi cervix, olas de éxtasis subiendo por mi vientre. "Me vengo, Ana, no pares", rugió. Yo aceleré, mi orgasmo explotando primero, cuca contrayéndose en espasmos, chorros de jugo empapando sus bolas. Él se tensó, verga hinchándose, y eyaculó dentro, chorros calientes bañando mis entrañas, el calor propagándose como fuego líquido.

Colapsamos, cuerpos pegajosos de sudor, respiraciones agitadas calmándose. Su semen escurriendo de mi concha, mezclado con mis mieles, olor almizclado envolviéndonos. Me besó suave, "Eres una diosa", murmuró. Nos quedamos así, pieles entrelazadas, la peli olvidada en pausa.

Acto final: el amanecer nos pilló despiertos, café humeante en la cocina, su mano en mi nalga desnuda. "Esto no fue solo una noche, ¿verdad?". Negué con la cabeza, sabiendo que mi diario ahora guarda esta pasión real, mejor que cualquier película online gratis. Caminé de regreso a mi depa con las piernas flojas, el eco de su verga aún en mí, un sonrisa pícara en los labios.

Hoy escribo esto con el cuerpo satisfecho, pero ya anhelo la próxima. El diario de una pasión no se ve online, se vive en carne propia, con un hombre que te hace gritar hasta perder la voz.

Fin de la entrada, pero no de la historia. Mañana lo invito a mi cama. Neta, esta pasión apenas empieza.

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