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Pasión por el Triunfo Netflix

6057 palabras

Pasión por el Triunfo Netflix

Daniela se recostó en el sillón de su depa en la Condesa, con las luces bajas y el olor a palomitas recién hechas flotando en el aire. Afuera, la lluvia de la noche chubascaba contra las ventanas, un tap tap tap constante que hacía el ambiente más íntimo. Frente a ella, la pantalla del tele brillaba con el logo de Netflix, y el cursor parpadeaba sobre Pasión por el Triunfo, esa serie nueva que todos en el trabajo no paraban de mencionar. "Es pura adrenalina, carnal, boxeadores sudando la gota gorda por el triunfo", le había dicho Luis esa tarde por WhatsApp.

Luis llegó puntual, con una chela en la mano y esa sonrisa pícara que siempre le aceleraba el pulso a Daniela. Era su compa de la uni, alto, moreno, con brazos marcados de tanto ir al gym. "Órale, Dani, ¿lista pa'l desmadre?", dijo mientras se dejaba caer a su lado, tan cerca que sintió el calor de su muslo contra el suyo. Ella asintió, neta nerviosa porque últimamente lo veía distinto, como si esa química que siempre había entre ellos estuviera a punto de explotar.

Empezó el primer episodio. Los golpes en el ring resonaban pum pum, sudor volando, cuerpos chocando con fuerza bruta. El protagonista, un morro de barrio peleando por su sueño, gritaba con los ojos llenos de fuego. Daniela sintió un cosquilleo en la piel, el aire se cargaba de tensión.

¿Por qué carajos me excita tanto esto? Es solo una serie, pero esos cuerpos... ay, wey.
Luis se movió inquieto, su respiración un poquito más pesada. "Neta, Pasión por el Triunfo te pone la adrenalina al mil. Mira cómo sudan, como si cada golpe fuera vida o muerte."

Pasaron los minutos, y sus cuerpos se fueron acercando sin querer, o queriendo. La mano de él rozó su rodilla al tomar las palomitas, y ella no la quitó. El olor de su colonia mezclada con el de la lluvia entraba por sus fosas nasales, embriagador. En pantalla, una escena de entrenamiento: el boxeador y su entrenadora, miradas intensas, toques que prometían más. Daniela tragó saliva, notando cómo sus pezones se endurecían bajo la blusa delgada.

"¿Sientes eso?", murmuró Luis, su voz ronca, girando la cara hacia ella. Sus ojos oscuros la devoraban, y ella solo pudo asentir, el corazón latiéndole en la garganta. Pasión por el Triunfo Netflix había encendido algo primal. Él se inclinó, lento, dándole tiempo para decir que no, pero ella quería todo. Sus labios se encontraron suaves al principio, saboreando a chela y sal de palomitas, luego fieros, lenguas enredándose como en una pelea del ring.

Las manos de Luis subieron por sus muslos, fuertes pero tiernas, y Daniela jadeó contra su boca. "Luis... neta, me estás volviendo loca", susurró ella, mientras él la jalaba a su regazo. Sintió su verga dura presionando contra su entrepierna, un pulso caliente que la hizo mojarse al instante. El sonido de la lluvia se mezclaba con sus respiraciones agitadas, y en la tele, un knockout que ellos ignoraron por completo.

Se quitaron la ropa con urgencia, piel contra piel. El pecho de él, ancho y salado de sudor fresco, olía a hombre puro, a deseo acumulado. Daniela recorrió sus abdominales con las uñas, sintiendo los músculos contraerse bajo su toque.

Es como el boxeador de la serie, puro triunfo en cada caricia. Quiero que me derrote, que me haga suya.
Él la besó el cuello, mordisqueando suave, bajando hasta sus tetas. Chupó un pezón con hambre, la lengua girando, y ella arqueó la espalda, gimiendo bajito: "¡Ay, cabrón, sí así!".

Luis la recostó en el sillón, abriendo sus piernas con reverencia. El aire fresco rozó su panocha húmeda, expuesta, palpitante. Él miró, embobado. "Estás chingona, Dani, tan mojada por mí". Bajó la cabeza, y su lengua la encontró, lamiendo despacio desde el clítoris hasta la entrada, saboreándola como si fuera el premio mayor. Daniela agarró su pelo, empujándolo más adentro, el placer subiendo en oleadas. Slurp slurp, sonidos húmedos que la volvían loca, mezclados con sus gemidos: "¡No pares, wey, me vengo ya!". El orgasmo la sacudió, piernas temblando, un grito ahogado que tapó con la mano.

Pero no pararon. Ella lo quería dentro, lo jaló arriba. "Chíngame, Luis, dame tu triunfo". Él se colocó, la verga gruesa rozando su entrada, y empujó lento, centímetro a centímetro, llenándola hasta el fondo. Ambos jadearon al unísono, el estiramiento perfecto, piel sudada pegándose. Empezó a moverse, embestidas profundas, el sillón crujiendo bajo ellos. Daniela clavó las uñas en su espalda, oliendo su sudor mezclado con el de ella, un aroma almizclado de sexo puro.

El ritmo subió, como los rounds de Pasión por el Triunfo que aún sonaba de fondo. Él la volteó a cuatro patas, agarrando sus caderas, chocando con fuerza. Plap plap plap, carne contra carne, sus bolas golpeando su clítoris. "¡Más duro, pendejo, hazme tuya!", gritó ella, perdida en el éxtasis. Luis gruñó, acelerando, una mano bajando a frotar su botón rosado. El segundo orgasmo la partió en dos, paredes apretándolo, ordeñándolo.

Él se vino segundos después, un rugido gutural, llenándola con chorros calientes que sintió deslizarse dentro. Colapsaron juntos, jadeantes, cuerpos entrelazados en un charco de sudor y fluidos. La lluvia seguía cayendo, suave ahora, como un arrullo.

Minutos después, envueltos en una cobija, con la serie pausada en un momento de victoria, Daniela apoyó la cabeza en su pecho. El latido de su corazón era firme, tranquilizador. "Neta, Luis, esa Pasión por el Triunfo Netflix nos prendió la mecha, ¿verdad?". Él rio bajito, besándole la frente. "Sí, pero lo chido fue nuestro triunfo, carnal. Esto apenas empieza".

Se quedaron así, piel tibia contra piel, el sabor de sus besos aún en los labios, sabiendo que la noche había cambiado todo. Afuera, la ciudad dormía bajo la lluvia, pero en ese depa, la pasión ardía con promesas de más rounds por venir.

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