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Abismo de Pasion Cap 99

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Abismo de Pasion Cap 99

Ana sintió el pulso acelerado mientras el sol del atardecer teñía de naranja las cortinas de su departamento en Polanco. Hacía meses que no veía a Marco, ese pendejo guapo que la volvía loca con solo una mirada. Él era su carnal, su todo, pero la vida los había separado por trabajos en ciudades distintas. Hoy, neta, volvía para quedarse. El aire olía a jazmín del balcón y a la carne asada que preparaba en la cocina, un olor que le recordaba las noches locas en la playa de Cancún.

La puerta sonó con tres golpes firmes. Ana se arregló el vestido rojo ceñido que marcaba sus curvas, sintiendo cómo la tela rozaba su piel erizada. Abrió y ahí estaba él, alto, moreno, con esa sonrisa chueca que la desarmaba. Órale, morra, ¿me extrañaste? dijo Marco, su voz grave como un ronroneo, mientras entraba y la abrazaba fuerte. Sus manos grandes en su cintura enviaron chispas por su espina dorsal. Olía a colonia fresca mezclada con el sudor ligero del tráfico de la Ciudad de México.

Este wey me trae al borde del abismo de pasión, cap 99 de nuestra historia loca. No aguanto más

Se sentaron a cenar tacos de arrachera que ella había hecho con amor, regados con tequila reposado. Cada trago quemaba la garganta y avivaba el fuego en sus vientres. Marco la miraba fijo, sus ojos cafés oscuros prometiendo travesuras. Te ves chingona, Ana. Ese vestido me está matando, murmuró, rozando su rodilla con la suya bajo la mesa. Ella rio bajito, sintiendo el calor subirle por las piernas. Simón, carnal. Tú tampoco estás tan mal, pero ¿qué traes debajo de esa camisa?

La tensión crecía como una tormenta en el Golfo. Terminaron de comer y Marco la jaló hacia el sofá, sus labios encontrándose en un beso hambriento. Sabían a tequila y a sal de la carne, lenguas danzando con urgencia. Ana jadeó cuando él mordió suave su labio inferior, sus manos explorando la curva de sus senos por encima del vestido. El sonido de su respiración agitada llenaba la sala, mezclado con el tráfico lejano y una cumbia suave de fondo en la bocina.

En el medio del beso, Ana se apartó un segundo, mirándolo con ojos brillantes. ¿Y si esto es el principio del fin? No, wey, esto es cap 99 del abismo de pasión que nos consume, pensó, mientras sus dedos desabotonaban la camisa de él, revelando el pecho moreno y musculoso, marcado por horas en el gym. Marco gruñó de placer, Avéntate, mi reina. Te quiero toda la noche. La levantó en brazos como si no pesara nada, llevándola al cuarto donde la cama king size los esperaba con sábanas de algodón egipcio frescas.

La recostó con cuidado, pero el deseo era feroz. Se quitó el vestido lento, dejando que él devorara con la vista sus pechos llenos, el ombligo piercing brillando, las caderas anchas listas para él. Marco se desnudó rápido, su verga dura saltando libre, gruesa y venosa, haciendo que Ana se mordiera el labio. Mira nomás qué pedazo de hombre, susurró ella, extendiendo la mano para acariciar la piel caliente, sintiendo el pulso latiendo bajo sus dedos. Él gimió, Estás mojada ya, ¿verdad, preciosa?

Marco bajó la cabeza entre sus muslos, besando el interior suave, oliendo su aroma almizclado de excitación. Su lengua lamió despacio el clítoris hinchado, saboreando el néctar salado-dulce que brotaba de ella. Ana arqueó la espalda, gimiendo alto, ¡Ay, cabrón, qué rico! Las luces tenues de la ciudad entraban por la ventana, iluminando sus cuerpos sudorosos. Él chupaba y succionaba con maestría, dedos curvándose dentro de su coño apretado, rozando ese punto que la hacía temblar. Esto es el abismo, puro fuego, cap 99 donde me pierdo en ti, pensó Ana, clavando uñas en su cabello negro.

Pero quería más. Lo empujó hacia arriba, montándolo como una amazona. Su verga entró de un jalón, llenándola hasta el fondo, estirándola delicioso. ¡Sí, así, muévete, morra! rugió Marco, manos en sus nalgas amasando la carne firme. Ana cabalgaba ritmada, senos rebotando, el slap-slap de piel contra piel resonando como tambores. Sudor perlaba sus frentes, el olor a sexo crudo impregnaba el aire. Él pellizcaba sus pezones duros, enviando descargas eléctricas directo a su centro.

La intensidad subía. Cambiaron posiciones: él encima, embistiendo profundo, lento al principio, luego feroz. Ana envolvía sus piernas alrededor de su cintura, Más duro, pendejo, rómpeme, suplicaba, voz ronca. Marco obedecía, gruñendo como animal, bolas golpeando su culo. Sentía cada vena de su polla frotando sus paredes internas, el placer acumulándose como ola gigante.

En este abismo de pasión, cap 99, somos uno solo, eternos
Sus pensamientos volaban mientras el orgasmo se acercaba, vientre contrayéndose.

Marco la volteó a cuatro patas, admirando su culo redondo perfecto. Entró de nuevo, manos en sus caderas, follando con pasión salvaje. Ana gritaba placer, ¡Me vengo, wey, no pares! El clímax la sacudió como terremoto, coño apretando su verga en espasmos, jugos chorreando por sus muslos. Él no aguantó más, ¡Te lleno, mi amor!, eyaculando chorros calientes dentro de ella, cuerpo temblando, gemidos guturales.

Colapsaron juntos, enredados en sábanas húmedas, respiraciones entrecortadas calmándose poco a poco. Marco besaba su cuello sudoroso, Eres mi todo, Ana. Esto no acaba aquí. Ella sonrió, girando para mirarlo, dedos trazando su mandíbula. Cap 99 del abismo de pasión, pero vendrán más. Neta, este wey es mi vicio. El aroma de sus cuerpos unidos flotaba, mezclado con el jazmín lejano. Afuera, la noche mexicana los envolvía en su manto estrellado, prometiendo infinitas entregas.

Se quedaron así, piel con piel, pulsos sincronizados, hasta que el sueño los venció en brazos del otro. Mañana sería otro día, pero esta noche, en el abismo de pasión cap 99, habían tocado el cielo.

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