Relatos Prohibidos
Inicio Infidelidad Pasión de Cristo Película Completa Original en Carne Viva Pasión de Cristo Película Completa Original en Carne Viva

Pasión de Cristo Película Completa Original en Carne Viva

7114 palabras

Pasión de Cristo Película Completa Original en Carne Viva

María se recostó en el sillón de su departamento en la Condesa, con el aire acondicionado zumbando bajito y el olor a café recién hecho flotando en el aire. Era una noche de viernes cualquiera en la Ciudad de México, de esas donde el tráfico de afuera se oía como un murmullo lejano y el skyline brillaba por la ventana. Tenía veintiocho años, curvas que volvían locos a los weyes y un trabajo chido en una agencia de publicidad que le pagaba lo suficiente para vivir sin preocupaciones. Pero esa noche, estaba caliente, con ese vacío en el vientre que pedía acción.

Abrió su laptop, pensando en ver algo que la prendiera. Tecleó en el buscador: pasión de cristo película completa original. No sabía por qué, tal vez porque recordaba lo intenso que era ese cacho de película, toda esa entrega total, ese sufrimiento que parecía pasión pura. Pero en lugar de darle play, su cel sonó. Era Cristo, su carnal de dos años, el morro musculoso que parecía sacado de un mural de Diego Rivera, con tatuajes en los brazos y una sonrisa que derretía calzones.

¿Qué pedo, mi amor? ¿Ya andas sola y caliente?
le dijo él por teléfono, con esa voz ronca que le erizaba la piel.

—Órale, ven pa'cá, pendejo. Estaba a punto de ver la pasión de cristo película completa original pa' distraerme —respondió ella, riendo, mientras se pasaba la mano por el escote de su blusa suelta.

Media hora después, Cristo entró como huracán, oliendo a colonia barata y sudor fresco del gym. La abrazó por la cintura, sus manos grandes apretándole las nalgas con ganas. Chin, cómo me prende este wey, pensó María, sintiendo su verga ya dura contra su muslo.

—Ponla, nena. Vamos a ver esa película juntos —dijo él, quitándose la playera y quedando en torso desnudo, los músculos brillando bajo la luz tenue.

Se acomodaron en el sillón, ella recargada en su pecho, su piel cálida y salada al tacto. Dio play a la película. Las imágenes empezaron: el desierto árido, los latigazos sonando como chasquidos secos, la sangre cayendo en gotas rojas. Pero en vez de espantarlos, esa crudeza los fue calentando. María sentía el corazón de Cristo latiéndole fuerte contra su espalda, su respiración acelerada en su oreja.

—Mira cómo se entrega todo... como nosotros cuando cogemos —susurró él, besándole el cuello, su barba raspando delicioso.

El primer acto de su noche apenas empezaba. La tensión crecía con cada escena de la película. María deslizó la mano por el abdomen de Cristo, sintiendo los abdominales duros como piedra, bajando hasta el bulto en sus jeans. Él gimió bajito, un sonido gutural que vibró en su pecho.

La pantalla mostraba el peso de la cruz, el esfuerzo brutal. María volteó el rostro, sus labios encontrando los de él en un beso hambriento. Lenguas enredándose, sabor a menta y tequila de la botellita que él traía. Sus manos exploraban: ella desabrochándole el cinturón, él metiendo la mano bajo su falda, rozando el encaje de sus calzones húmedos.

No aguanto más, pensó ella, mientras la película seguía de fondo, ahora ignorada. El calor entre sus piernas era insoportable, un pulso ardiente que pedía ser llenado.

Acto dos: la escalada. Cristo la volteó boca arriba en el sillón, quitándole la blusa con urgencia. Sus tetas saltaron libres, pezones duros como balas. Él las lamió con devoción, succionando uno mientras pellizcaba el otro. María arqueó la espalda, gimiendo alto, el sonido mezclándose con los gritos de la película.

¡Ay, papi! Así, chúpame rico... —jadeó ella, enredando los dedos en su pelo negro y revuelto.

El olor a sexo empezaba a llenar la habitación: su excitación almizclada, el sudor perlando sus cuerpos. Él bajó por su vientre, besando cada centímetro, hasta llegar a su concha. Le arrancó los calzones de un jalón, exponiéndola al aire fresco. Su lengua atacó directo al clítoris, lamiendo en círculos lentos, luego rápidos. María sintió explosiones de placer, sus caderas moviéndose solas, empujando contra su boca.

Es como la pasión esa de la película, pero en vez de dolor, puro gozo. Este wey me come viva
, se dijo, mordiéndose el labio para no gritar demasiado.

Cristo metió dos dedos dentro de ella, curvándolos justo en ese punto que la volvía loca. El sonido húmedo de sus jugos era obsceno, delicioso. Ella corrió la primera vez ahí, un orgasmo que la dejó temblando, las piernas flojas, el corazón retumbando como tambores aztecas.

Pero no pararon. Él se quitó los jeans, su verga saltando libre: gruesa, venosa, la punta brillando de pre-semen. María se la agarró, masturbándolo lento, sintiendo el calor palpitante en su palma. Qué pinga tan chingona, pensó, relamiéndose.

—Siéntate en mi cara, mamacita —ordenó él, recostándose.

Ella obedeció, montándolo a la inversa. Su culo redondo sobre su rostro, mientras ella se inclinaba para mamarle la verga. Sesenta y nueve perfecto. La lengua de él en su ano ahora, lamiendo juguetón, mientras ella tragaba su pija hasta la garganta, ahogándose un poco pero gozando el control. Sabores intensos: salado de él, dulce de sus propios jugos en su boca después.

La película llegaba a la crucifixión, clavos hundiéndose con ecos metálicos. Ellos estaban en su propio calvario de placer, sudando, jadeando. Cristo la volteó de nuevo, colocándola a cuatro patas en el sillón. Entró en ella de una estocada, llenándola por completo. ¡Pinche madre, qué rico!

Embestía fuerte, sus bolas chocando contra su clítoris, manos apretándole las caderas. María empujaba hacia atrás, queriendo más, siempre más. El sofá crujía, sus cuerpos aplastándose con sonidos carnales: piel contra piel, húmeda y resbalosa.

Dame duro, Cristo, como si fuera tu cruz —suplicó ella, la voz quebrada.

Él aceleró, gruñendo como animal. Ella sintió el orgasmo construyéndose otra vez, una ola gigante en el estómago. Él la volteó boca arriba, piernas sobre sus hombros, penetrándola profundo. Ojos en ojos, sudados, conectados. El clímax los golpeó juntos: ella gritando, convulsionando alrededor de su verga; él vaciando chorros calientes dentro, marcándola.

Acto tres: el afterglow. Se derrumbaron enredados, respiraciones entrecortadas calmándose poco a poco. La película terminaba en la resurrección, luz blanca inundando la pantalla. Cristo la besó suave, acariciándole el pelo húmedo.

—Esa fue nuestra pasión de cristo película completa original, ¿no? —dijo él, riendo bajito.

María sonrió, sintiendo el semen goteando entre sus muslos, el cuerpo plácido y satisfecho.

Qué chingón es esto, puro amor y fuego. Mañana repetimos
, pensó, acurrucándose en su pecho.

La noche los envolvió en paz, con el aroma a sexo persistiendo, promesas de más pasiones en el aire mexicano cargado de vida.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a RelatosEroticos.mx.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.