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Cuadro Comparativo de Emociones Sentimientos y Pasiones Desnudas

6804 palabras

Cuadro Comparativo de Emociones Sentimientos y Pasiones Desnudas

Entré a mi depa en la Condesa con el corazón latiéndome como tamborazo en una fiesta de pueblo. El sol de la tarde se colaba por las cortinas de lino, pintando rayas doradas en el piso de madera. Ahí estaba él, mi carnal Luis, recargado en la barra de la cocina, con una chela fría en la mano y esa sonrisa pícara que me deshace las rodillas. Llevábamos meses en esta danza de cuerpos y almas, pero hoy traía algo especial en la bolsa de mi chamarra: un cuadro comparativo de emociones sentimientos y pasiones que armé en la chamba, pensando en nosotros.

"Órale, güey", le dije mientras colgaba mi bolso y me acercaba contoneándome. "Hoy te voy a poner a sudar con algo que saqué del pinche salón de clases". Él arqueó la ceja, ese gesto que siempre me prende como cerillo en gasolina. Me jaló por la cintura, su mano grande y callosa rozando mi piel bajo la blusa. Olía a jabón fresco mezclado con el sudor ligero de un día en la obra, un aroma que me hacía agua la boca.

Nos besamos despacio al principio, labios suaves como mango maduro, lenguas explorando con esa hambre que nunca se sacia. Lo empujé suave hacia el sillón de piel, y saqué mi libreta. "Neto, mira esto", le enseñé la página. Ahí estaba mi cuadro comparativo de emociones sentimientos y pasiones: columnas para emociones frías como la indiferencia, sentimientos tibios como el cariño cotidiano, y pasiones calientes como el deseo puro. "Vamos a compararnos, pendejo", le susurré al oído, mordisqueando su lóbulo. Su risa ronca vibró contra mi pecho, y sentí su verga endureciéndose contra mi muslo.

Empezamos con el vino tinto que él ya había sacado, copas chocando con un cling cristalino. Yo me senté a horcajadas sobre sus piernas, mi falda subiéndose por los muslos. "Emociones", leí en voz alta, trazando con el dedo su pecho ancho bajo la playera. "Las mías son como tormenta en el desierto: secas por fuera, pero adentro truenos y relámpagos cuando te veo". Él me miró con ojos oscuros, profundos como pozos de pozole en boda. "Las tuyas, mami, son el sol que me quema la piel, pero me da vida", contestó, sus manos subiendo por mis nalgas, apretando carne suave.

El aire se cargó de ese olor a excitación, almizcle dulce saliendo de entre mis piernas. Le quité la playera de un jalón, besando su cuello salado, lamiendo el sudor que perlaba su clavícula. Sus dedos se colaron bajo mi blusa, pellizcando pezones que se pararon como botones de chile piquín. "Sentimientos", murmuré contra su boca, jadeando ya. "Comparados con pasiones, los míos por ti son raíces profundas en tierra fértil, pero hoy quiero que ardan". Él gruñó, volteándome sobre el sillón con facilidad, su peso encima mío como manta caliente en invierno.

Acto seguido, el calor subió de tono. Me desvistió despacio, saboreando cada centímetro: la blusa volando, el brasier cayendo con un snap elástico, mi falda hecha bola en el piso. Desnuda ante él, piel erizada por el roce del aire acondicionado y sus miradas hambrientas. "Pasiones", dijo él, voz grave como mariachi a media noche. "Las tuyas me vuelven loco, carnalita, como tequila reposado que quema la garganta pero pide más". Bajó la cabeza, chupando un pezón con lengua experta, succionando hasta que gemí alto, arqueándome. El sonido de mi propia voz rebotó en las paredes, mezcla de placer y sorpresa.

Yo no me quedé atrás. Le bajé el pantalón, liberando su verga tiesa, venosa, palpitante como corazón de venado. La tomé en la mano, piel aterciopelada sobre acero, oliendo a hombre puro. La lamí desde la base, saboreando la sal de su piel, hasta la punta donde una gota precursora brillaba como rocío. Él jadeó, "¡Chingao, qué rico!", enterrando dedos en mi pelo. Pero paramos ahí, porque el juego del cuadro pedía más comparación.

En mi cabeza, el cuadro comparativo de emociones sentimientos y pasiones se volvía vivo: emociones eran chispas, sentimientos brasas, pasiones incendio forestal. ¿Y las suyas? Las sentía en cada roce, en el pulso acelerado contra mi palma.

Lo monté entonces, guiando su verga a mi entrada húmeda, resbalosa como aceite de oliva. Entró despacio, centímetro a centímetro, estirándome con ese ardor delicioso que duele y goza. "Siente esto", le dije, moviéndome arriba, caderas girando en círculos lentos. El sonido de piel contra piel, plaf plaf, llenaba el cuarto, mezclado con nuestros gemidos. Sudor corría por su torso, goteando en mis tetas, salado al lamerlo. Sus manos en mis caderas, guiándome más rápido, más hondo.

La tensión crecía como olla exprés a punto de explotar. Cambiamos posiciones: él de rodillas, yo de espaldas, penetrándome desde atrás con embestidas firmes. Cada choque enviaba ondas de placer desde mi clítoris hasta la nuca. Olía nuestro sexo mezclado con el perfume de jazmín del balcón. "Emociones versus pasiones", jadeé entre thrusts. "Las pasiones ganan, cabrón". Él rio ronco, una mano bajando a frotar mi botón hinchado, círculos precisos que me hicieron ver estrellas.

Inner struggle: parte de mí quería que durara eterno, comparando cada sensación como en mi cuadro, pero el cuerpo pedía liberación. Él lo sentía, susurrando "Vente conmigo, amor", voz quebrada. Aceleramos, cuerpos chocando en frenesí, piel roja por el roce, respiraciones entrecortadas como motor viejo. El clímax llegó como avalancha: yo primero, contrayéndome alrededor de él en espasmos, gritando su nombre con voz ronca. Él siguió, llenándome con chorros calientes, gruñendo como fiera.

Colapsamos en el sillón, enredados, piel pegajosa de sudor y fluidos. El afterglow era paz profunda, pulsos calmándose al unísono. Besos suaves ahora, lenguas perezosas. Tomé la libreta de nuevo, riendo bajito. "Actualizo el cuadro", dije. "Emociones: satisfechas. Sentimientos: profundos. Pasiones: eternas".

Él me abrazó fuerte, su aliento cálido en mi cuello. "Eres mi pinche maestra, güera". Afuera, la ciudad bullía con cláxones y risas, pero adentro solo existíamos nosotros, en esa burbuja de placer compartido. El cuadro comparativo de emociones sentimientos y pasiones yacía olvidado en el piso, pero grabado en cada poro de nuestra piel.

Nos quedamos así hasta que el hambre nos sacó del trance, pidiendo tacos de la esquina. Pero esa noche, y muchas más, el cuadro volvió a la mesa, guía para explorar rincones nuevos de nuestros cuerpos y almas. Porque en el amor mexicano, las pasiones siempre ganan, neta.

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