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Imágenes de Pasión y Seducción

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Imágenes de Pasión y Seducción

Estaba en mi depa en la Condesa, con el calor de la noche mexicana pegándome en la piel como un amante impaciente. Era una de esas madrugadas en que el insomnio me carcome, y agarro el celular para distraerme. Scrolleando Insta, de repente topé con una cuenta que me dejó con la boca seca: imágenes de pasión y seducción. Fotos artísticas, pero carnales, de cuerpos entrelazados bajo luces tenues, curvas brillando con sudor, labios entreabiertos en un gemido silencioso. Neta, cada imagen era un golpe directo al pulso, acelerándome la sangre.

Me recosté en la cama, las sábanas frescas rozándome las piernas desnudas. El olor a jazmín de mi vela flotaba en el aire, mezclándose con el aroma de mi propia excitación que empezaba a humedecerme.

¿Qué chingados me pasa? Solo son fotos, pero me traen loca, como si yo fuera la de esas imágenes de pasión y seducción.
Deslicé la mano por mi blusa suelta, rozando un pezón que se endureció al instante. El sonido de mi respiración se volvía jadeante, el corazón latiéndome en el pecho como tambores de una fiesta en la calle. Pero no era suficiente. Quería carne real, piel contra piel, no solo pixels en una pantalla.

Me levanté de un salto, me puse un vestido negro ajustado que me marcaba las caderas, sin bra ni calzón pa' sentirme libre. Órale, Valeria, vas a salir a cazar, me dije en el espejo, pintándome los labios de rojo fuego. Bajé a la calle, el bullicio de la Roma Norte me envolvió: risas lejanas, cláxones juguetones, el olor a tacos al pastor de un puesto cercano. Entré al bar La Tequila, luces neón parpadeando, música cumbia rebajada sonando suave.

Allí estaba él, sentado en la barra, con una cerveza en la mano. Diego, me enteré después. Alto, moreno, con ojos que prometían travesuras y una sonrisa pícara que gritaba ven pa'cá, morra. Nuestras miradas se cruzaron como chispas en la noche. Me acerqué, pedí un mezcal con sal y limón, y él giró hacia mí. "¿Qué onda? Te vi entrar y pensé, esa chava trae fuego en la mirada."

Reí, el mezcal quemándome la garganta con su sabor ahumado. "Neta, acabo de ver unas imágenes de pasión y seducción en Insta que me prendieron. ¿Tú qué, fotógrafo o qué?" Se sorprendió, sacó su cel. "¡No mames! Esa cuenta es mía, carnal. Subo mis fotos pa' inspirar, pa' que la gente sienta lo que yo capturo." Me mostró más en privado: cuerpos mexicanos, piel morena reluciente bajo la luna de Oaxaca, besos robados en un callejón de Guadalajara. Cada swipe era una caricia invisible, mi piel erizándose, el calor subiendo entre mis muslos.

Charlamos horas, el humo de los cigarros ajenos mezclándose con su colonia amaderada, masculina. Su voz ronca me erizaba el vello de la nuca.

Este vato sabe lo que hace. Sus imágenes no son solo fotos, son promesas de placer.
La tensión crecía, nuestras rodillas rozándose bajo la barra, accidental al principio, intencional después. Su mano rozó la mía al pasarme el teléfono, y sentí el pulso latiéndole en la muñeca. "¿Quieres ver las que no subo? Las reales, las que guardo pa' mí."

"Llévame a donde sea, pero muéstramelas." Salimos del bar, el aire fresco de la medianoche calmando un poco el ardor. Caminamos hasta su depa en la Roma, a unas cuadras, tomados de la mano. El roce de sus dedos callosos contra los míos era eléctrico, prometiendo más. Entramos, la puerta cerrándose con un clic que sonó como el inicio de algo inevitable.

En su sala, luces bajas, sacó su laptop. Más imágenes de pasión y seducción, pero ahora en alta resolución: una mujer arqueando la espalda, el brillo del sudor en su abdomen, un hombre mordiendo su cuello con ternura feroz. Me senté en su regazo sin pensarlo, su erección presionando contra mis nalgas a través del pantalón. "Estas imágenes me tienen mojada desde hace rato," le susurré al oído, mordiéndole el lóbulo. Él gruñó, manos subiendo por mis muslos, el vestido arremangándose.

¡Qué rico su toque! Firme pero suave, como si conociera cada curva de mi cuerpo de memoria.
Nuestros labios se encontraron, beso salado de mezcal y deseo puro. Su lengua explorando mi boca, saboreando, mientras sus dedos encontraban mi humedad. Gemí contra su boca, el sonido ahogado por el suyo. Lo empujé al sofá, desabotonándole la camisa, oliendo su piel: sudor limpio, hombre de verdad. Lamí su pecho, salado y cálido, bajando hasta su abdomen marcado.

Él me quitó el vestido de un tirón, exponiéndome al aire. "Estás de lujo, morra. Rica pa' chupar." Me recostó, besos bajando por mi cuello, pechos, vientre. Su aliento caliente en mi monte de Venus me hizo arquearme. Lengua experta lamiendo mis labios hinchados, saboreando mi néctar dulce y salado. "¡Ay, cabrón, no pares!" Mis manos enredadas en su pelo, caderas moviéndose al ritmo de su boca. El placer subía en olas, mis uñas clavándose en sus hombros.

Pero quería más, lo necesitaba dentro. Lo volteé, jeans al suelo, su verga dura saltando libre, venosa y palpitante. La tomé en la mano, piel aterciopelada sobre acero, probándola con la lengua: salada, con un toque almendrado. Él jadeaba, "¡Qué chido chupas, Valeria! Me vas a hacer venir." Lo monté despacio, centímetro a centímetro, el estiramiento delicioso quemándome por dentro. Nuestros gemidos llenaron la habitación, mezclados con el slap slap de piel contra piel.

Cabalgaba fuerte, pechos rebotando, sus manos amasándolos, pellizcando pezones. Sudor goteando entre nosotros, olor a sexo crudo, animal.

Esto es mejor que cualquier imagen. Real, caliente, nuestro.
Cambiamos posiciones, él atrás, embistiéndome profundo, mano en mi clítoris frotando en círculos. El orgasmo me golpeó como un rayo, cuerpo convulsionando, gritando su nombre. Él siguió, gruñendo, hasta derramarse dentro, calor inundándome.

Caímos exhaustos, piel pegajosa, respiraciones entrecortadas. Su brazo alrededor de mi cintura, besos suaves en la sien. El silencio roto solo por el zumbido lejano de la ciudad. "Esas imágenes palidecen al lado de lo que acabamos de hacer," murmuró. Reí bajito, trazando círculos en su pecho.

Neta, esto fue pasión pura, seducción hecha carne. Y quiero más mañanas así.

Nos quedamos así hasta el amanecer, luz rosada filtrándose por las cortinas, prometiendo nuevas imágenes de pasión y seducción en nuestra propia historia.

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