Relatos Prohibidos
Inicio Infidelidad Pasión Dibujo (1) Pasión Dibujo (1)

Pasión Dibujo (1)

6072 palabras

Pasión Dibujo

En el corazón de Coyoacán, donde las calles empedradas susurran historias de artistas bohemios, mi taller era mi santuario. Yo, Alejandro, un pintor de treinta y tantos con las manos siempre manchadas de carboncillo, había pasado años capturando la esencia de cuerpos en movimiento. Pero nada me preparó para Sofía. Llegó una tarde de esas nubladas que huelen a lluvia y jazmín del jardín vecino, con su falda vaporosa ondeando como una bandera de deseo. “Quiero que me dibujes”, dijo con esa voz ronca que me erizó la piel. “Con toda tu pasión dibujo”. Neta, sus ojos cafés me clavaron como un lápiz afilado.

La invité a pasar, el aire cargado del olor a óleo fresco y madera vieja. El taller era chido: lienzos apilados, un colchón viejo cubierto de telas en una esquina para las sesiones largas, y mi caballete frente a la ventana que dejaba entrar la luz dorada del atardecer. Sofía se paró ahí, quitándose la blusa con una lentitud que me aceleró el pulso. Su piel morena brillaba, pechos firmes con pezones oscuros que se endurecían al roce del aire. “¿Así?”, preguntó, sonriendo pícara. Órale, qué chula. Asentí, tragando saliva, mientras preparaba el papel y el carboncillo. Mi verga ya se movía en los jeans, traicionera.

Piensa, cabrón, es solo un dibujo. Pero su curva de cadera, esa forma en que su vientre se hunde suave... va a ser la neta de mi pasión dibujo.

Empecé a trazar líneas suaves, el rasguño del carboncillo rompiendo el silencio. Ella posaba de lado, una mano en la nuca, la otra rozando su muslo. El sonido de su respiración profunda llenaba el cuarto, mezclándose con el zumbido lejano de la ciudad. Podía oler su perfume, algo dulce como vainilla con un toque salado de sudor fresco. Cada línea que dibujaba era un roce invisible: la gota de sudor que bajaba por su espinazo, el leve temblor de sus labios entreabiertos. Mi mano volaba, pero mi mente... ay, mi mente la desnudaba más allá de la piel.

Pasaron minutos que parecieron horas. “¿Te gusta lo que ves?”, murmuró ella, girando un poco la cabeza. Su voz era miel caliente. Dejé el lápiz y me acerqué, fingiendo ajustar la luz. Mi aliento rozó su cuello, y ella suspiró, arqueando la espalda. “Mucho”, respondí, mi voz grave como un trueno lejano. Nuestras miradas se engancharon, y ahí empezó el verdadero fuego. Le toqué la cintura, piel cálida y suave como terciopelo bajo mis dedos callosos. Ella no se apartó; al contrario, presionó contra mí, su culo redondo contra mi entrepierna dura.

Acto dos: la escalada. Nos besamos como hambrientos, lenguas enredadas con sabor a menta y deseo puro. La llevé al colchón, tirando telas al suelo con prisa. Sus manos expertas desabrocharon mis jeans, liberando mi verga tiesa que saltó ansiosa. “Qué rica”, dijo ella, lamiendo los labios mientras la acariciaba con la yema del pulgar. Me arrodillé entre sus piernas abiertas, inhalando su aroma almizclado, esa esencia femenina que me volvía loco. Mi lengua exploró su concha húmeda, saboreando el néctar salado-dulce, chupando su clítoris hinchado hasta que gimió fuerte, “¡Ay, wey, no pares!”.

El cuarto se llenó de sonidos: el chapoteo húmedo de mi boca en ella, sus jadeos entrecortados como música ranchera apasionada, el crujir del colchón bajo nuestros cuerpos. La volteé, dibujando con mis dedos su espalda mientras la penetraba de rodillas. Entré despacio, centímetro a centímetro, sintiendo sus paredes calientes apretándome como un guante de terciopelo. “¡Más profundo, cabrón!”, rogó, empujando hacia atrás. Aceleré, el slap-slap de piel contra piel resonando, sudor goteando de mi frente a su nalga. Mis manos amasaban sus tetas, pellizcando pezones que la hacían arquearse como un gato en celo.

Esto es más que sexo, es mi pasión dibujo hecha carne. Cada embestida traza una línea en su alma, como si la pintara por dentro.

La puse boca arriba, piernas en mis hombros, mirándola a los ojos mientras la follaba con ritmo feroz. Sus uñas se clavaron en mi espalda, dejando surcos rojos que ardían delicioso. “Te sientes chingón adentro”, jadeó, mordiendo mi hombro. El olor a sexo nos envolvía, mezcla de fluidos y piel caliente. Sentí su coño contrayéndose, ordeñándome, y ella gritó su orgasmo, cuerpo temblando como hoja en tormenta. Eso me llevó al borde; con un rugido gutural, me vine dentro, chorros calientes llenándola mientras colapsábamos juntos, pulsos latiendo al unísono.

Pero no paramos ahí. La tensión había sido tal que queríamos más. Después de unos minutos de besos suaves, recuperación con caricias perezosas –su mano trazando círculos en mi pecho, oliendo a nosotros–, la puse a cabalgarme. Sus caderas ondulaban como olas del Pacífico, tetas rebotando hipnóticas. Agarré sus nalgas, guiándola, mientras ella gemía “¡Sí, así, mi artista!”. El vista era poesía: su pelo negro cayendo en cascada, sudor brillando en su piel cobriza. Lamí el sudor de su cuello, salado y adictivo, mientras ella apretaba más, llevándome a otro clímax explosivo. Vino conmigo, gritando mi nombre, colapsando sobre mí en un enredo de extremidades satisfechas.

En el afterglow, yacíamos envueltos en una sábana ligera, el aire fresco de la noche colándose por la ventana. Su cabeza en mi pecho, escuchando mi corazón que aún galopaba. “Tu pasión dibujo me contagió”, susurró, trazando con el dedo el contorno de mi verga floja. Reí bajito, besando su frente. “Y tú eres mi musa eterna, Sofía. Esto no fue solo un dibujo; fue vida en cada trazo”.

Nos quedamos así hasta el amanecer, hablando de sueños y arte, cuerpos entrelazados. La ciudad despertaba con cláxones lejanos y vendedores ambulantes, pero en mi taller, el mundo era solo nosotros. Esa noche, mi pasión por el dibujo se transformó en pasión por ella, un lienzo vivo que no necesitaba carboncillo para ser eterna. Y supe que vendrían más sesiones, más trazos, más éxtasis.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a RelatosEroticos.mx.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.